Los colectivos que rechazan la ubicación de un restaurante en parte de las instalaciones del faro del Cabo de la Huerta de Alicante solicitaron ayer al consejo de administración del Puerto de Alicante que reconsidere la decisión, y la sustituya por una concesión para ubicar, en parte del edificio, un centro para la interpretación de la naturaleza, como se ha hecho en los faros de Xàbia y l’Alfàs del Pi. Los colectivos se concentraron frente a las oficinas del puerto, y entregaron cartas individuales para cada consejero, entre las que figura una para el alcalde de Alicante, Luis Barcala, que se sienta en el consejo, y ha estado enterado de los planes del puerto desde el primer momento, lo mismo que la Diputación. Ambas instituciones rechazaron en su día la oferta del puerto para hacerse con la concesión del faro, tal como recordó a los colectivos el director del puerto, Carlos Eleno. Eleno admitió, incluso, según los convocantes, que la Autoridad Portuaria también hubiera preferido un uso diferente al hostelero, pero no hubo otras ofertas.

En las misivas entregadas ayer en el puerto, los detractores del proyecto del restaurante explican su postura y piden la marcha atrás, para «salvaguardar una de las escasas zonas vírgenes que quedan en el litoral el municipio de Alicante», según se trasladó en la concentración. Además, se leyó un manifiesto en el que reclaman que el puerto, el Ayuntamiento de Alicante, la Universidad y el Consell se impliquen en la reserva del faro.

El faro del Cabo de la Huerta. PILAR CORTÉS

Los colectivos lamentan que de las 152 alegaciones presentadas -los técnicos del puerto las agruparon en trece- solo admitieron una en la que exigen al concesionario -grupo de restauración Forty- que respete la flora autóctona de la zona y no plante especies tropicales.

Recursos

Por otro lado, y a falta de la respuesta final al recurso de reposición anunciado por los colectivos contrarios al restaurante, la pelota está hora en el tejado del Ayuntamiento de Alicante y la propia Generalitat. Si hubiera informes desfavorables en el expediente de la licencia municipal no se podría dar licencia. Alguno de esos informes es autonómico, como el que tiene que emitir la Conselleria de Cultura al actuarse sobre un BIC, o como el que se debiera emitir la Conselleria de Política Territorial sobre la compatibilidad de la actuación con el Pativel. Y habría que ver, según apuntó ayer el exedil de Urbanismo, Miguel Ángel Pavón, si es necesario un procedimiento de evaluación de impacto ambiental o un estudio de integración paisajística. Además, están los informes propiamente municipales, desde la compatibilidad urbanística hasta la compatibilidad de la actuación con el catálogo de protecciones de Alicante, que tiene hasta seis fichas que afectarían a la actuación en sus tres secciones de patrimonio natural, cultural y paisajístico. «Podría no concederse la licencia en base a lo que esos informes determinen», subrayó ayer Miguel Ángel Pavón, portavoz de la asociación de Amigos de los Humedales del Sur de Alicante, que va a presentar un recurso de reposición y no descarta, junto a otros colectivos, acudir a los tribunales.

El recurso de reposición es un proceso, no judicial, que la ley contempla para recurrir actos administrativos. Si se estima, se anula el acto recurrido y si se desestima hay un plazo de dos meses para recurrir en los tribunales mediante un contencioso administrativo. Desde AHSA y otros colectivos implicados en la protección del Cabo de la Huerta y su faro no descartan interponer ese recurso judicial si el puerto desestima los recursos de reposición que se van a presentar. «Es otra vía para parar este despropósito», aseveró Pavón.

Quince años de concesión de una superficie de parcela de 1.861 m2

El plazo de la concesión es de 15 años, prorrogables por cinco más, ocupando exclusivamente una superficie de 1.861,66 m2, de los más de 52.000 m2 que componen la parcela. El faro del Cabo de las Huerta fue inaugurado el 15 de agosto de 1856. El faro y los terrenos donde está ubicado son del dominio público portuario. El concesionario no podría construir ningún edificio nuevo, sino limitarse a rehabilitar la antigua vivienda del farero, un almacén y un garaje y taller ya existentes. Además, está obligado a restaurar la torre de la linterna del faro, sin que, en ningún caso, la misma forme parte de la concesión. ES más, el faro sigue, automático, encendiéndose por la noche.