Padres agolpados sin distancia de seguridad en las vallas para ver jugar a sus hijos
La vuelta a la actividad de los equipos federados de categorías inferiores deja imágenes dantescas de aglomeraciones de público cada fin de semana u Solo jugadores y miembros del cuerpo técnico pueden acceder a los recintos deportivos

Familiares y aficionados siguiendo un partido de categorías inferiores en la Ciudad Deportiva desde la valla exterior del recinto. / MANUEL R. SALA
Preguntas sin respuesta ante un protocolo incomprensible y contraproducente que, lejos de aproximarse a su objetivo de contener la pandemia del covid-19, genera un efecto perversamente contrario. La apuesta por retomar las competiciones deportivas federadas en categorías inferiores deja tras de sí imágenes dantescas cada fin de semana en las inmediaciones de los polideportivos de la provincia. Familiares agolpados sobre las vallas que delimitan los recintos, sin mantener la distancia de seguridad preceptiva, mientras las gradas están valladas, completamente vacías. El silencio y el vacío del campo se funden con la indignación creciente que se propaga por sus alrededores en un sin sentido que, con el inminente inicio de la temporada anunciado por la Federación Valenciana de Fútbol, solo puede ir a más.
Con las nuevas medidas adoptadas tanto a nivel autonómico como nacional para frenar el alarmante aumento de contagios, entre las que se encuentra la prohibición de reunirse más de seis personas no convivientes, los protocolos municipales que marcan el regreso a la competición de las categorías inferiores, en lo que se refiere al acceso a las instalaciones, asoman como un oasis para la propagación del virus. Y claro que los padres podrían renunciar a ver jugar a sus hijos, con lo que se evitarían las aglomeraciones, pero parece más sensato encontrar una fórmula para que puedan seguir los partidos manteniendo la preceptiva distancia de seguridad.
«¡Esto es una vergüenza!». La frase retumbaba ayer en la explanada que separa el Rico Pérez de la Ciudad Deportiva mientras se enfrentaban los dos equipos benjamines de Hércules y La Nucía en los campos de fútbol-8 ante la atenta mirada de una serpiente de familiares, amigos y curiosos que seguían indignados la evolución de los partidos. «A todos los campos que vas pasa lo mismo. Las gradas cerradas y la gente fuera pegada entre sí», añadía la misma voz ante el asentimiento general. «Es inexplicable», sentenciaba con la amargura de saber que, por una cuestión económica y de logística, en el Monte Tossal sí dejan entrar a ver los partidos «para no poner una persona en cada puerta a controlar el acceso». Es el único campo de Alicante y uno de los pocos de la provincia en los que perdura la «vieja» normalidad, aunque por distintos motivos.
Ejemplo de sensatez
El C.F. La Nucía sí consiente la entrada de público a los partidos de categorías inferiores «respetando los límites establecidos por las autoridades sanitarias», según marca su propio protocolo. Atendiendo a las medidas de seguridad e higiene, permite «el acceso a las instalaciones de dos acompañantes por cada jugador», siempre que accedan a identificarse, permitan que se les tome la temperatura y se laven las manos con gel hidroalcohólico. Una vez dentro, el recinto está preparado para mantener la distancia de seguridad.
«No es tan difícil, solo se trata de querer hacer las cosas bien y poner los recursos necesarios. Lo que está claro es que dentro, separados, es más seguro que fuera todos juntos», reflexionaba un padre mientras los familiares se desplazaban ya en caravana a la puerta de la Ciudad Deportiva a recoger a sus hijos, con el consecuente embotellamiento de gente innecesario.
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