Cerca de 300 personas han fallecido en centros de mayores de la provincia durante la pandemia y la tercera ola afecta ya a unos 40 geriátricos, de ahí que se intente acelerar la vacunación para salvaguardar al colectivo más castigado por la enfermedad.

Amanda Iborra es una superviviente. Cumplió 84 años enferma de covid-19 y logró el alta tras un mes de lucha contra la enfermedad en la residencia de mayores Doña Rosa de Alicante, donde fue atendida sin descanso hasta que consiguió vencer al virus, el pasado mes de abril. Ella puede contarlo pero muchos otros ancianos han sucumbido a una enfermedad que se ha cebado especialmente con las personas de la tercera edad y con los geriátricos, donde vivía uno de cada cuatro fallecidos por el nuevo coronavirus.

«Me apena mucho la mala suerte de tantas personas mayores»

Cerca de 300 personas han muerto desde marzo en residencias de ancianos de la provincia, que cuenta con más de un centenar de geriátricos y 7.500 usuarios, según datos facilitados por Sanidad y la patronal del sector. La tercera ola afecta ya a más de 40 centros. Los mayores se están llevando la peor parte de este virus. No solo los que viven en residencias, también desde sus casas, sometidos a un obligado aislamiento de sus familias. La enfermedad agrava la soledad que sufren más de 83.000 personas por encima de los 65 años en la provincia. Su vulnerabilidad es la razón de que sean los primeros en recibir la vacuna.

Pese a toda esta situación hay razones para la esperanza, porque del covid se puede salir incluso a edades avanzadas. Y ahí está Amanda para contarlo. «Estuve malita en abril», recuerda la mujer nueve meses después. «No hay derecho a todo esto, me apena mucho la mala suerte de tantas personas mayores que han cogido el virus», añade tras explicar que evita poner la tele de su habitación porque «no me gusta ver tantas desgracias». La residencia donde vive, como muchas otras, que han sufrido enormemente y se han volcado para que la situación no se les fuera de las manos, se puso las pilas 15 días antes de que estallara el estado de alarma para reducir al máximo los contagios. Limitaron las visitas y extremaron las medidas de higiene aislando a los ancianos en cuanto percibían el menor síntoma, por leve que fuera. Esta previsión incluyó la compra de equipos de protección con el nivel más elevado para mantener el centro libre de contagios antes de que se disparase la demanda y llegara la escasez de estos elementos de seguridad, de ahí que la gerencia y la dirección no se explicasen cómo ni cuándo se coló en las instalaciones el SARS-CoV-2.

Una mujer de 84 años supera el coronavirus en Alicante PILAR CORTÉS

Al gerente, Claudio Lloret, que vivió en primera persona aquella etapa, le acompaña ahora una nueva directora, Lis Martínez, al frente de un centro con 59 residentes en nivel de vigilancia activa como colectivo vulnerable pero libre de casos en este momento. Esto supone que los mayores no pueden recibir visitas, de acuerdo a las normas de Salud Pública. «Ellos añoran las visitas y poder salir a la calle», admite la directora.

Por ello, los geriátricos han recurrido a la tecnología, al móvil y a las tabletas, para que puedan ver y hablar con los suyos. La anciana, que pide a nietos y jóvenes que cuiden a las personas mayores para que no se contagien, recuerda de aquellos días que se encontraba siempre mal, con malestar y que se abrigaba mucho. Ya completamente recuperada tantos meses después apunta desde su residencia que «brotes ha habido como en todos los sitios. Espero que el virus se vaya pronto, no estará toda la vida, aunque otra vez hay muchos casos». INFORMACIÓN quiere homenajear a todos los mayores que están sufriendo los estragos de la pandemia a través de la persona de Amanda Iborra, para quien curarse de esta tremenda enfermedad a los 84 años ha sido, como apunta ella misma, «volver a vivir».