«He pasado calamidades pero nunca pensé en una pandemia»
Aurora Sirvent cumple 100 años en un geriátrico aislada de su familia como prevención ante el covid - La centenaria da gracias a Dios por su longevidad pero le pide «que arregle el asunto»

Aurora Sirvent, en la residencia de ancianos de Alicante donde vive, con los regalos de su centenario, que fueron desinfectados.
Un aniversario agridulce. La alicantina Aurora Sirvent celebró ayer su 100 cumpleaños charlando unos minutos con sus hijos y una nieta a cuatro metros de distancia en la puerta de la residencia de ancianos donde vive, y con regalos previamente desinfectados. «Se ha perdido la salud del mundo, pasar esto en la vejez es duro», afirma.
«He pasado una guerra, una dictadura, hambre, miseria, sustos, miedo y muchas calamidades. Pero el mundo es así y no se puede hacer otra cosa. Es lo que Dios manda, pero ya está bien. Ya podía echar una mano y arreglar el asunto, para que pudiéramos vivir un poco mejor y no tener que sufrir esto en la vejez. Con lo que hemos pasado y ahora tener que volver a ver eso, que la gente se muere así, a puñados, con la dichosa enfermedad. Hay que ver la gente que se está muriendo. Nunca pensé que llegaría una pandemia pero lo estamos pasando». Para la alicantina Aurora Sirvent el día de su 100 cumpleaños (nació el 10 de febrero de 1921) fue agridulce: agradecida y contenta por su longevidad pero triste por no poder compartir como quisiera una fecha tan señalada con su familia: dos hijos, tres nietos, cinco bisnietos y demás parientes cercanos. Lleva dos años viviendo en una residencia de ancianos (Ballesol, en la Vía Parque de Alicante) y, a consecuencia de la gran cantidad de víctimas y contagios que el covid está causando en los geriátricos, el centro ha extremado al máximo las medidas de precaución de sus usuarios.
Por este motivo, la centenaria solo pudo acercarse a la puerta y ver, a unos cuatro metros de distancia, a sus dos hijos, Mari Carmen y Rafael Mas Sirvent, de 74 y 67 años, y a su nieta Carolina Rey, quienes le pudieron entregar unas flores y unos regalos previo paso por la correspondiente desinfección para no poner en peligro la salud de la matriarca, que recibió ayer precisamente la segunda dosis de la vacuna contra el coronavirus. «A ver si esto se acaba ya. La salud del mundo se ha perdido, y aquí estoy yo, aguantando lo que nos manda Dios, si es verdad que existe. Pero lo pasaremos. Le doy gracias por la vida que me da, son cien años vividos», explicaba la mujer por teléfono desde su habitación, donde pasa la mayor parte del día aislada, con una lucidez impresionante a su edad de un siglo. Aurora Sirvent se crió en el barrio de Carolinas, trabajó en la fábrica de almendras y turrón, «en la limpieza y en lo que salía». Fundó su familia a los 22 años al casarse con un carpintero y tuvo a sus dos hijos. «He vivido bien. Mi vida ha sido feliz, al principio trabajaba, porque hay que trabajar para poder vivir. Mi marido ganaba bastante para que la familia sobreviviera y cuidé a mis hijos. Y ahora, a la vejez, que es cuando más se necesita la compañía pues él no está, hace ya casi 20 años que murió mi marido».
La centenaria vivió hasta hace pocos años en el domicilio familiar del barrio de San Blas valiéndose muy bien por sí misma pero varias caídas seguidas en las que se fracturó el hombro y el codo le impidieron seguir en casa. Su hija se la llevó más de un año a la suya pero al final requirió los cuidados que le podían ofrecer en la residencia.
«Aquí estoy muy bien atendida y muy contenta, son muy buenas personas, pero claro, no es mi casa. Falta la libertad esa de estar en tu casa. Y ahora no puede entrar ni salir nadie, ni la familia, por el miedo al contagio, pero qué le vamos a hacer. Es la vida, hay que aguantar y pasar lo que Dios nos ha mandado. Hay que tomarlo como viene», reflexiona Aurora Sirvent, muy querida en la residencia, y que está deseando que se termine la enfermedad pandémica para poder llegar tranquila a los 101 años. «Ya sé que no es una guerra, no sé lo que es, pero afecta al mundo entero. No sé quién tiene la culpa ni sé quién está armando lo que estamos viviendo porque no lo entiendo, en política no me meto. Pero veo que el mundo no es lo que era, y eso que he pasado guerras». Y el pavor, relata, de ver sacar a familiares de casa, «de la mía, y de otras, y matarlos fuera».
Pese a todo lo pasado y sufrido, la centenaria ha sido una mujer muy alegre, explica su hija Mari Carmen Mas. «Ella dice que no se conoce, y es cierto. Ha perdido el humor, es normal, por la situación y los años. Todo el mundo en el barrio la aprecia y siempre ha favorecido a los vecinos cuando les ha hecho falta. Es una persona especial, siempre con el chiste en la boca, llevando la alegría al súper, a la mercería y por dónde iba. Pero ha perdido la alegría, es normal están confinados en las habitaciones, no tienen relación con nadie y están tristes y cansados». Además de criar a sus hijos, Aurora cuidó de su madre, y le gustaba hacer labores, ganchillo para toda la familia, bolsas de pan, tapetes, colchas, costura...Su nieta Carolina Rey alaba la mente lúcida y habla con cariño de la alegría al cantar de su abuela centenaria, con la que espera celebrar, como mínimo, sus 101 años, gracias a la prevención en el centro de mayores donde vive.
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