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EL IMPACTO SOCIAL DEL COVID: LOS MILLENNIALS

Millennials: «Tendremos una vida peor que la de nuestros padres»

Los jóvenes de entre 24 y 39 años son el grupo de edad al que la pandemia ha pasado mayor factura económica y emocional - Atrapados entre dos crisis, el 70% cree que su calidad de vida será bastante peor que la de sus padres

Dos jóvenes cruzan sus caminos en primera línea de playa, algo que se ha convertido en rutina para muchos de los que han perdido el empleo.

Dos jóvenes cruzan sus caminos en primera línea de playa, algo que se ha convertido en rutina para muchos de los que han perdido el empleo.

En apenas unas semanas se cumplirá un año desde aquel 14 de marzo en el que el mundo se paró a causa de un extraño virus, que tambaleó todos los pilares que hasta entonces habíamos construido. La tragedia sanitaria, con cientos de miles de pérdidas de vidas humanas, desembocó también en una crisis social y económica cuyos efectos vienen observándose de largo. Y si el impacto de la pandemia ha sido patente en todos los grupos de población, diversos estudios apuntan a uno en concreto, el de los conocidos como Generación Y o Millennial, al que pertenecen unos 340.820 ciudadanos de la provincia, como el colectivo al que la pandemia ha impactado más que en ningún otro. Hasta el punto de sumir a toda una generación, la que ahora tiene entre 24 y 39 años, en una sensación de frustración y desánimo cuyos efectos a la larga son todavía difíciles de cuantificar.

A nivel psicológico, los sentimientos que más repiten los jóvenes son incertidumbre, pesimismo o frustración

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Ainara, una joven alicantina de 35 años que prefiere no dar su apellido, lleva desde marzo viendo cómo se vienen abajo, uno tras otro, algunos de los proyectos que llevaba años imaginando. El más destacado, la boda con su novio de toda la vida, que debía haberse celebrado en junio de 2020 y que sigue aún pospuesta sine die. «Los dos teníamos trabajo, una situación más o menos estable que nos había llevado bastante tiempo conseguir, pero vino el coronavirus y...A saber ahora cuándo nos podremos casar». Graduada en Traducción e Interpretación, tras encadenar distintos trabajos de muy corta duración y varios años dando clases particulares por su cuenta, a mediados de 2019 había logrado un puesto para enseñar inglés en una academia de idiomas. El descenso de alumnos durante y tras el confinamiento, la mandó directamente al paro. Su pareja, que trabaja como camarero, lleva varios meses en un ERTE del que saldrá, si todo va bien, en unos días. «¿Que cómo nos ha afectado la crisis? Pues en todo», resume.

«Era feliz con mi vida. Ahora no sé cuándo volveré a trabajar, a hacer planes, ni qué será de mí»

ANDREA RIPOLL - HA RETOMADO LOS ESTUDIOS TRAS CASI 11 MESES EN UN ERTE

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Un estudio denominado «El impacto generacional del coronavirus», elaborado por la agencia demoscópica 40dB tras encuestar a mil personas de entre 16 y 75 años de todo el país para conocer los estragos que esta crisis ha dejado en sus vidas, ha puesto negro sobre blanco cuál ha sido la factura de la pandemia entre los más jóvenes. En él, el 66% «millennials» encuestados asegura que ha visto reducido su salario, frente al 51% de media en la población general. Pero es que, además, ellos son los que más han visto reducida su jornada laboral —un 48,9% frente a un 36,8% de la población general— y los más afectados por la pérdida definitiva de un empleo —un 8,5% frente al 5,1% del conjunto de la población—.

Andrea Ripoll.

El pesimismo es una de las sensaciones compartidas por las diferentes generaciones analizadas dentro de este estudio. Un 63,9% de la población general asegura sentirse más desanimada a raíz de la pandemia, una cifra que en el caso de los «millennials» crece hasta el al 66%. Y, lo que aún es peor: también son el grupo de edad que más pesimistas se muestran cuando son preguntados acerca de su futuro: el 69,5% cree que su calidad de vida será mucho o algo peor que la de sus padres, frente al pobre 15% que considera que será mucho o algo mejor.

  • 340.820

    En la provincia de Alicante hay alrededor de 340.820 jóvenes de entre 24 y 39 años, los agrupados en la Generación Y o Millennial.

Mariano González Chouciño, graduado en Sociología e investigador con un contrato predoctoral en la Universidad de Alicante (UA), confirma que el sentimiento de pesimismo entre este grupo población es muy elevado porque, además, se arrastra desde los últimos coletazos de la crisis anterior. «Podríamos decir que es una generación perdida, truncada, que ha perdido muchas oportunidades para progresar, primero por la crisis económica de 2008, cuando muchos jóvenes de esta generación tenían entre 20 y 25 años, acababan sus estudios y se disponían a buscar su sitio en el mercado laboral; y ahora por ésta, que todavía no sabemos bien cómo ni cuándo va a acabar».

«He tenido que tirar de ahorros y cruzando los dedos para que no me venga ningún gasto extra»

AITOR MENGUIANO - DIEZ MESES EN UN ERTE. SE PREPARA PARA SER ENTRENADOR PERSONAL

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Precisamente esa sensación, la de verse atrapados entre dos crisis, se agrava con otro sentimiento que es común en muchos de estos jóvenes: la incertidumbre. «Eso provoca que lo que nosotros llamamos la transición biográfica se vea afectada de lleno», agrega el sociólogo, que además afirma que el impacto se produce por partida doble: «Hay muchos jóvenes que han tenido que aplazar sus planes de emancipación porque económicamente no pueden asumir ese coste, pero también hay otros que se han tenido que independizar de forma apresurada por diferentes motivos, por ejemplo por tener unos padres u otro familiar con el que convivan de mucha edad y un trabajo donde están muy expuestos al virus», explica González Chouciño. En este caso, «el riesgo puede ser incluso mayor y hacer que acaben teniendo vivencias más complicadas y más dramáticas, porque no sabemos en qué situación se van a ver después, si van a tener que volver a sus casas sin casa, sin ahorros, sin trabajo,...».

Aitor Menguiano.

Planes truncados

Frustración es otro de los sentimientos que se repite en todos los testimonios recabados para elaborar este artículo. «Los mileniales que están en una franja de edad inferior, o incluso los que forman parte de la Generación Z, por debajo de los 25 años, gestionan mejor esta situación porque tienen por delante más tiempo para tener unas expectativas más claras sobre su futuro. Sin embargo, los que están la edad de iniciar su proceso de inserción en el mercado laboral o de emancipación, sobre todo entre los 25 y los 30, son los que van a ver más truncadas sus expectativas de progresar a corto plazo».

  • 66%

    El 66% de los millennials han visto reducidos sus ingresos por la pandemia frente al 51% de la población general.

A Aitor Menguiano la pandemia le ha dejado por primera vez en su vida sin trabajo. A punto de cumplir los 30, este joven de La Vila Joiosa llevaba más de una década puliendo y abrillantando suelos en hoteles de Benidorm y dando clases por horas en un gimnasio. A diferencia de muchos de sus amigos y conocidos, que no han parado de entrar y salir del mercado laboral, Aitor siempre ha tenido «faena de sobra. Tuve suerte porque la primera crisis me pilló cuando empezaba a trabajar, pero a mi sector no le afectó nada. Sin embargo, ahora me veo en una situación que no me habría imaginado nunca, sin trabajar y con tanta incertidumbre que agobia mucho pensar cómo vamos a salir de ésta». De los casi doce meses transcurridos desde que comenzó la pandemia, diez los ha pasado en un ERTE que ha reducido sus ingresos en un 30%, lo que le ha obligado a tirar de ahorros para poder hacer frente mensualmente al pago del alquiler y de otros gastos fijos para seguir viviendo solo. «Y cruzando los dedos para que no se rompa nada en casa o no te venga ningún gasto extra», como este verano, cuando por un reventón tuvo que cambiar dos ruedas del coche. Los tápers de su madre y su abuela le ayudan a ahorrarse parte de la compra: «Mi familia está muy pendiente de mí, de que esté bien y que no me falte nada. En ese sentido, soy muy afortunado», reconoce.

Muchos han perdido el empleo, han visto reducidos sus contratos o han tenido que aplazar su emancipación por la crisis

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Andrea Ripoll tiene 25 años y reside en Benidorm. Tras encadenar distintos empleos tanto en su ciudad natal como en el extranjero, hace algo más de un año comenzó a trabajar como camarera en un céntrico y concurrido café. Tras el estallido de la pandemia, el pasado marzo entró en un ERTE del que solo salió temporalmente durante es mes de diciembre, para regresar de nuevo en enero. «Yo tengo la suerte de vivir con mi abuela así que, aunque económicamente mi situación ha cambiado a peor, no me he visto en la necesidad de no llegar a fin de mes o de no tener a nadie a quien pedir ayuda, como algunos de mis amigos». En su caso, asegura, el impacto ha sido más psicológico y emocional, lo que le ha llevado, incluso, a recurrir a terapia. «A todos de una manera u otra se nos ha parado la vida y no sabemos cuándo la podremos recuperar. Es un golpe muy duro, frustrante. Porque yo era feliz con mi vida: iba a trabajar, hacía planes con mis amigas... De repente, no sabes cuándo volverás a trabajar, cuándo volverás a hacer planes, ni qué es lo que va a ser de ti. Es algo que hablo mucho con mi abuela. Ella me dice que ya ha vivido, ha viajado, ha hecho todo lo que tenía que hacer, así que no le supone nada que la encierren un año en casa, porque ha tenido una vida plena. Pero nosotros lo tenemos todo por hacer», lamenta.

Los jóvenes son los grandes damnificados por la crisis derivada de la pandemia Agencia ATLAS | Foto: M.A. Montesinos

  • 8,5%

    El 8,5% de este grupo ha perdido de forma definitiva su empleo durante la crisis. En la población general, la cifra cae hasta el 5,1%.

Su mensaje, sin embargo, también desprende optimismo. Y pocas ganas de conformarse. En mitad de la cuarentena decidió retomar los estudios a distancia para acabar el Bachillerato y poderse matricular el próximo curso en la universidad. «Voy a ir durante un tiempo un poco ahogada, pero he decidido que es el momento de invertir en mí; que las cosas pasan por algo; y que voy a aprovechar el momento». Frente a la frustración, esperanza.

  • 48,9%

    Entre los que continúan trabajando, casi al 50% les han reducido la jornada, frente al 36,8% de media en el conjunto de la población.

Salud Mental Casi la mitad de la juventud cree que la suya ha empeorado

Casi la mitad de los jóvenes de la Comunidad Valenciana cree que su salud mental ha empeorado desde el confinamiento. Así lo recoge otro estudio dado a conocer esta misma semana por el Consell Valencià de la Joventut sobre el impacto del covid-19 y la nueva normalidad entre la juventud. El documento, que recoge también aplastantes datos económicos —el 38,3% ha necesitado ayuda económica; el 22,2% ha dejado de ser independiente; el 12,2% ha vuelto a casa de sus padres; o el 41,1% cree que la pandemia retrasará su emancipación—, arroja aún datos más llamativos en cuanto a la afección emocional. El 43,1% de los encuestados aseguran que el confinamiento afectó a su salud mental, una cifra que en el caso de las mujeres se dispara hasta el 54,5%. Igualmente, entre los estados de ánimo, el más repetido es la preocupación por lo que iba a pasar, que en el confinamiento se situó en un 82,5% y se mantiene actualmente en el 75,1%. Enfado, tristeza, ansiedad o estrés, también se elevaron hasta niveles por encima del 60% y ahora oscilan entre el 30 y el 40%.

Efectos La pérdida de la confianza social, el más negativo a nivel global

El sociólogo Mariano González destaca que la situación por la que atraviesan muchos jóvenes puede desembocar en una «falta de motivación, de interés, de ganas de salir a pelear una vez que todo esto acabe». O, dicho de otra manera, en la pérdida de su confianza en la sociedad. «El capital social es un elemento muy importante para el desarrollo económico y social de un país; para la inserción laboral y el emprendimiento. Y si se pierde ese capital, la factura global puede ser muy negativa». Por eso, reclama a las administraciones planes y ayudas para minimizar los efectos de la pandemia y no repetir los errores de la crisis del ladrillo. El Departamento de Sociología I de la UA, trabaja actualmente en el primer Plan municipal de Juventud de Alicante, proyecto que, entre otras cosas, profundizará en las necesidades de los jóvenes de cara al futuro teniendo en cuenta los efectos y problemas generados por la pandemia y los arrastrados desde la crisis anterior, así como sus necesidades de cara al periodo postcovid.

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