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Sanguino y el PSOE, en estado de alarma en Alicante

La falta de una estrategia política definida, su actitud de «verso libre» y la falta de liderazgo se evidencian en la negligente labor de oposición del grupo socialista contra el bipartito de PP y Cs

El portavoz municipal socialista, Francesc Sanguino, en una imagen de archivo previa al estallido de la pandemia de coronavirus. | ALEX DOMÍNGUEZ

El portavoz municipal socialista, Francesc Sanguino, en una imagen de archivo previa al estallido de la pandemia de coronavirus. | ALEX DOMÍNGUEZ

En estos casi dos años de mandato, el grupo municipal del PSOE en el Ayuntamiento de Alicante nunca ha estado tan unido. Lo confirma un conocido dirigente socialista, y lo corroboran otras voces con peso en el partido. Y lo hacen con una puntualización: «Unido contra Sanguino». Y es que no corren buenos tiempos para el portavoz socialista, que ha perdido el respeto de buena parte de los miembros de un grupo municipal con nueve concejales (tantos como el PP de Luis Barcala) y cuatro asesores a sueldo.

Nada es fruto de la casualidad. Muchas son las razones. A Sanguino le reprochan su nula empatía, su incapacidad de hacer equipo, su intento del «divide y vencerás» y sobre todo su egocentrismo. «Tiene a los concejales trabajando para un intento de lucimiento personal», añaden fuentes socialistas. Y no son pocos los que han dicho «basta», extendiéndose una desmotivación que se evidencia en una especie de huelga de brazos caídos. Al principio del mandato, Sanguino llegó a rechazar invitaciones a actos porque estaba prevista la asistencia de Barcala, y eso le restaba protagonismo, según recuerdan fuentes socialistas. Su egolatría también es foco de críticas.

En lo político, se le recrimina la falta de una estrategia política para hacer frente al día a día, lo que celebra de puertas adentro un alcalde acomodado en el cargo. El PSOE es, en lo numérico, el principal partido de la oposición; en la práctica, va a rebufo constante de Compromís y Unidas Podemos, que entre ambos suman cuatro ediles. Los bandazos no ayudan. También resta la actitud de «verso libre» de Sanguino, que avanza al margen del partido que le propuso como alcalde (y al que las urnas alejaron de la vara de mando pese al viento favorable que soplaba para los socialistas). Dos son los ejemplos más recientes: intentó dinamitar (por razones que aún nadie entiende) el pacto de presupuestos suscrito entre el PSOE y Ciudadanos, que no había razón objetiva alguna para romper a días de la votación inicial en el Pleno. Un acuerdo, alentado desde el PSPV para virar la mirada hacia el centro político, que fraguó tras la necesaria mediación del exsenador Ángel Franco, a petición casi desesperada de la formación naranja, que no daba crédito a la actitud del portavoz ante el mandato expreso del propio Ximo Puig.

Esos movimientos, finalmente en falso, para romper el acuerdo se sucedieron a mediados de febrero. Dos semanas después, Sanguino llevó al grupo -ante la incredulidad a posteriori de un PSPV ajeno a la decisión- a votar en contra de condenar los actos violentos por la encarcelación del rapero Pablo Hasél. Días más tarde, los socialistas de la Diputación (incluido el también concejal alicantino Miguel Millana) respaldaron un texto de condena, también impulsado por el PP y Cs y con un carácter más partidista. Y así todo. Millana, secretario local de los socialistas, fue una de las primeras víctimas del mandato de Sanguino, lo que le llevó a «exiliarse» de facto al Palacio provincial. Luego han sido otros los damnificados, aunque ya sin segunda residencia. Broncas y desprecios que han generado una tensión irrespirable en el grupo: con miembros, según relatan fuentes próximas, que ya no cruzan palabra con Sanguino.

Él, mientras tanto, sigue difundiendo a quien le escucha la idea de repetir como alcaldable para las próximas municipales (tras ser designado a dedo hace dos años por Puig y avalado posteriormente por las bases en unas primarias en las que contó con el beneplácito, nada convincente, de Franco). Recientemente, también deslizó que valoraba optar a dirigir el partido, que sigue bajo el control del exsenador. En Pintor Gisbert no se plantean promover ahora un cambio de portavoz. No toca ruido: es tiempo de pandemia. Sí comentan, sotto voce, un escenario factible: que desde València (o Madrid) se le ofrezca un cargo fuera del Ayuntamiento. Una salida que tampoco atajaría por completo el problema. Mientras tanto, el mandato avanza y el PSOE sigue desaparecido.

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