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Drogas: tenemos otro problema

Policías y guardias alertan de un cóctel peligroso al volante: no ha habido controles en un año y hay euforia tras el fin de las restricciones

Imagen de arichivo de un control antidrogas nocturno realizado antes de la pandemia.|

Imagen de arichivo de un control antidrogas nocturno realizado antes de la pandemia.|

Evitar la presencia de conductores drogadictos nunca ha sido fácil y el último año, entre confinamientos, cierres perimetrales y toques de queda, la mayoría de plantillas de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad ha tenido que ir destinando efectivos a cumplir aquellas nuevas directrices que se les demandaba: quién llevaba mascarilla, cuántos iban en un coche sin ser familia, quién abandonaba de forma irregular su comunidad o su municipio... tareas que han desviado la atención sobre un problema cada vez más anclado en nuestra sociedad y silencioso: las drogas al volante, porque, a diferencia del alcohol, pasa mucho más desapercibido. Esta circunstancia ha permitido un crecimiento silencioso pero exponencial de consumidores de cannabis, cocaína o marihuana que son conductores; de hecho, porcentualmente y en relación a los controles específicos que se realizan, son más los que dan positivos por consumo de drogas (un 34,7%) que los de alcohol (1,4%). Y también son más peligrosos porque mientras el perfil del bebedor al volante se identifica más con el consumo de fin de semana, el del drogadicto lo acompaña los siete días de la semana; además, la presencia de estupefaciente en su organismo es mucho más prolongado.

Policías y guardias civiles consultados por el diario consideran que hay un problema latente del que aún no tienen datos (y es probable que no los puedan tener con normalidad hasta que finalice la actual situación) porque sus esfuerzos siguen centrados en la pandemia. Sostienen que con la llegada del mes de marzo se han cruzado en la misma dirección una serie de factores que juegan de nuevo en contra de la seguridad vial: 1. El consumo de drogas se dispara cuando aumenta el calor, en especial, cuando se acerca el segundo trimestre del año y de forma cíclica (a mayo se le conoce de hecho como «el mes de la maría», en referencia a esta droga); 2. Se ha producido un efecto euforizante por la reducción de las medidas de confinamiento acordadas: han vuelto a abrir los bares y restaurantes), se han acabado los cierres perimetrales, el porcentaje de vacunas se incrementa y los políticos comienzan a vislumbrar el fin de la pandemia y ponen fechas para la vuelta a la normalidad. Muchos piensan que es el momento de comenzar a celebrarlo; y 3. La reducción de controles durante este último año ha dado mayor rienda suelta a la drogadicción al volante. El número de conductores consideran responsables policiales, ha aumentado. De hecho, si se les ha parado el interés no se centraba tanto en saber en qué condiciones se encontraba, sino a dónde y con quién por si podía propagar el virus.

Control de movilidad ante la situación de covid-19. ÁXEL ÁLVAREZ

Las mismas fuentes temen estar en un punto de difícil retorno, «si no se vuelve a realizar controles desde ya vamos a tener que dar por perdido buena parte del trabajo de muchos años, será un retroceso porque no hay más formas de evitar este problema», explica un agente que admite que sus responsables no quieren por ahora oír hablar de ello.

Los controles de drogas son mucho más complejos de realizar y exigen un protocolo que garantice los derechos del conductor por lo que son más severos. De hecho, los agentes deben tener una formación específica con este objetivo, lo que ha terminado por generar plantillas con policías y guardias civiles especializados en este cometido y tiene todo el sentido del mundo. Un 21% de los conductores involucrados en accidentes de tráfico a los que se realizó el control de drogas dieron positivo.

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