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El 40% de las ayudas de Cáritas son para empleados en ERTE o en la economía sumergida

La entidad cuadriplica sus atenciones en un año y distribuye un millón de euros entre 40.000 familias en situación de vulnerabilidad en la provincia

Personas esperando asistencia en Cáritas en el centro de Alicante, a principios de este mes.

Personas esperando asistencia en Cáritas en el centro de Alicante, a principios de este mes. RAFA ARJONES

La emergencia social por el coronavirus es de tal envergadura que las solicitudes de ayuda a Cáritas en este año de pandemia se han cuadruplicado en la provincia. La entidad ha distribuido entre 40.000 familias un millón de euros en ayudas directas, cuatro veces más que las cantidades habituales antes de la crisis del covid, el 40% de ellas para empleados en ERTE que tardaban mucho en cobrar y para trabajadores en la economía sumergida sin cobertura. Ésta es una de las conclusiones principales de la «Memoria 1 año de covid», que recoge el trabajo de «urgencia inmediata» desde los primeros meses del estado de alarma, y los nuevos perfiles de exclusión que ha creado esta crisis, sobre todo en los grandes núcleos de población como Alicante y Elche, y en los que viven del turismo, ciudades como Benidorm y Calp, «donde se ha notado mucho».

Además, el 53% de las personas que piden ayuda a Cáritas están en situación de desempleo, y del resto, un 40% tienen ocupaciones estacionales o precarias, «y trabajan menos de siete días al mes». Otro dato a destacar: el 70% de las familias atendidas cuidan de hijos menores. En la presentación de la memoria participaron el director de Cáritas Diocesana, Víctor Mellado; el secretario general de la entidad, Francisco Javier Ruvira; y el obispo de la Diócesis Orihuela-Alicante, Jesús Murgui, quienes coincidieron en que «desafortunadamente esto no ha acabado. Ahora viene la urgencia del empleo, por ello tenemos que potenciar el área de formación e inserción», dijo Mellado. El representante de la ONG destacó el impacto inicial muy fuerte en áreas donde muchas familias viven de la economía informal, como la Zona Norte de Alicante, sin derecho a paro ni ERTE, que vivían de sus ingresos diarios, abocándoles a una pobreza cronificada, tras lo cual llegaron muchos meses de intentar mitigar la incertidumbre en que quedaron sumidas familias de otros perfiles que nunca habían pedido ayuda y a las que ha sido posible atender gracias a más de 350.000 euros aportados por cerca de 200 donantes. Asimismo, se mostró partidario de los bonos de ayuda alimentaria frente a los repartos a través de entidades intermediarias que realizan los bancos de alimentos.

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Rubira destacó que muchas de las aportaciones son para pago de alquiler y suministros. En este sentido, destacó el problema habitacional que existe, basándose en un estudio que cifra en un 45% las personas que tienen dificultades para asumir el recibo del alquiler o de la hipoteca, y que un 16% incluso ha tenido que cambiar de vivienda. «Son números muy altos que invitan a la reflexión, hay una emergencia habitacional, y sin una vivienda el resto del proyecto vital de una persona o de una familia se viene abajo». El representante de Cáritas criticó la baja incidencia que hasta el momento están teniendo las rentas oficiales, tanto la valenciana como el ingreso mínimo vital, «no están siendo el instrumento de integración que deberían ser. Existe una gran dificultad de acceso, empezando por la gestión telemática, pues se produce una brecha digital que es un factor importante».

El 53% de las personas que acuden a la ONG están en paro y, del resto, un 40% trabajan menos de 7 días al mes

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En este sentido, la «Memoria 1 año de covid» incide en que la desigualdad tecnológica se está convirtiendo en una causa de exclusión social como demuestra el que el 52% de las familias auxiliadas por Cáritas están una situación de «apagón tecnológico al no contar con conexión, dispositivo o competencias para manejarse en internet». Otro ejemplo es que en el 60% de los hogares con menores de edad que tuvieron problemas para terminar el curso no hay plena conectividad.

En cambio, el secretario general de Cáritas puso en valor el trabajo de las administraciones con otro de los colectivos más afectados por la pandemia, los sintecho, «ya que pudieron facilitarles un recurso, tener un techo, aunque fuera porque la ley les impedía estar en la calle», dijo refiriéndose a los meses de confinamiento en el año 2020.

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Otro problema que la pandemia ha agudizado es el de la soledad entre las personas mayores por el aislamiento físico al que obligó el covid. Cáritas también ha prestado atención a inmigrantes que llegaron al principio de la pandemia a España para iniciar su proyecto de vida, que no pudieron buscar trabajo y que tuvieron que tirar de unos ahorros que pronto se agotaron. También han visto empeorada su vulnerabilidad, expusieron, las personas en contexto de prostitución, trata, violencia machista o desigualdad.

El obispo dijo que «nuestra labor no es solo dar, sino que en una situación tan difícil como la pandemia, que a la persona se le acoja y se le escuche. Es una meta permanente de una institución de la Iglesia como es Cáritas», afirmó el prelado, quien lamentó el profundo dolor por las pérdidas humanas que sigue causando el coronavirus.

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