La romería de la Santa Faz cumple este año 532 años de historia desde que tuvo lugar el «Milagro de la Lágrima» durante la procesión de rogativas en la que una comitiva decidió sacar el lienzo de la Santa Faz para pedir agua y afrontar la terrible sequía que vivía la zona. En este medio milenio, la ciudad de Alicante ha pasado por diferentes vicisitudes y en muchas de ellas, algunas marcadas por epidemias, la Santa Reliquia ha dejado su impronta aumentando la devoción de los alicantinos por la Santa Faz.

Para conocer estos episodios es necesario adentrarse en los orígenes de la Santa Faz de Alicante. En cómo esta tradición llegó a la ciudad y logró consolidarse como una de las efemérides locales más importante, entrañable y conmovedora. La Santa Faz es el rostro de Jesucristo estampado en una gasa de lino. Llegó a Alicante gracias a mosén Pedro Mena, quien acompañó a un Cardenal cuyo nombre no se ha conservado a Roma. Este le regaló el sagrado lienzo que custodiaba en su oratorio al ser nombrado Cura de San Juan.

Tal y como explicó el sacerdote Federico Sala Seva en su libro «La verdad sobre la Santa Faz» (1985), mosén Pedro Mena la depositó en el fondo de un arca donde guardaba objetos de valor del Templo. Tiempo después, al abrir el arca, encontró el lienzo desplegado y colocado en la parte superior sobre la ropa que lo cubría. Al repetirse este hecho, colocó el lienzo sobre una tabla quedando expuesta a la veneración pública.

Claustro del monasterio en 1940.

Claustro del monasterio en 1940.

Al poco tiempo de estar en Alicante la Santa Reliquia se produjo una larga y espantosa sequía. Los devotos de la Santa Faz organizaron una procesión rogativa con la reliquia para pedir al Señor remedio de esta calamidad. En la comitiva (17 de Marzo de 1489) que llevaba el lienzo de la Santa Faz desde el pueblo de San Juan hasta el santuario de Nuestra Señora de los Ángeles ocurrió un suceso que marcaría la historia de la imagen en la ciudad.

«Después de haber caminado como un cuarto de legua, al pasar el pequeño barranco de Lloixa, el sacerdote que llevaba la Santa Faz en sus manos (Francisco Villafranca) sintió tal peso en sus brazos que no pudo mantenerlos en alto, al mismo tiempo que perdía el movimiento de sus pies, teniendo que ser auxiliado por otros sacerdotes, que le llevaron hasta una pequeña altura más allá del barranco. Una vez allí todos los presentes pudieron ver como del ojo derecho de la Santa Faz salía una lágrima que se paró en la mejilla, creciendo de tal manera que aún los que estaban más apartados pudieron verla. Impresionados regresaron a San Juan, acordando repetir la procesión de rogativa el viernes siguiente», recoge el libro «La verdad sobre la Santa Faz».

Federico Sala Seva recopiló en «La verdad sobre la Santa Faz» la historia y milagro de la Santa Faz en Alicante.

Federico Sala Seva recopiló en «La verdad sobre la Santa Faz» la historia y milagro de la Santa Faz en Alicante.

Tras este milagroso suceso celebraron una rogativa y, aunque plantearon empezar con una misa en la iglesia Los Ángeles oficiada por Villafranca, la gran multitud de gente que asistió al lugar tuvieron que realizar fuera del templo teniendo lugar un nuevo milagro según la tradición: comenzó al fin a llover.

Desde entonces, la devoción a la Santa Faz no ha dejado de crecer inmensamente en toda la comarca. De hecho, el papa Clemente VII, el día 30 de enero de 1525, autorizó un oficio especial de la Santa Faz en el que se consignan los prodigios obrados por la venerada Reliquia.

Ayuda y milagros de la Santa Faz

La tradición e historia recopila otras actuaciones y hecho de la Santa Faz en episodios de la ciudad de Alicante. Durante la epidemia de peste que en 1648 llegó a Alicante, tuvo lugar la Procesión del 5 de Agosto en una rogativa donde junto a la imagen de la Patrona Virgen del Remedio iba también la Santa Faz y según iban pasando por las calles iba desapareciendo la epidemia.

En 2020 hubo una misa a puerta cerrada y una bendición en la plaza vacía del monasterio.

Según recogió el ya fallecido Manuel Marco (monseñor, capellán pontificio, vicario episcopal y deán del Cabildo de San Nicolás) en uno de sus numerosos artículos publicados en el periódico INFORMACIÓN, en el mes de septiembre de 1804, cuando apareció en Alicante la fiebre amarilla que provocó que un gran número de familias huyeran a poblaciones lejanas abandonando Alicante, la inmensa población devota de la Santa Faz pidió que trajeran la Santa Reliquia a la ciudad. «Así se hizo y se cortó la epidemia. La devoción creció todavía más», recogía el autor.

En esta línea, Manuel Marco también recuerda otro episodio de agosto de 1854 en que «Alicante se vio invadida por el cólera morbo». En esta ocasión, «el pueblo pidió el traslado de la Santa Faz a Alicante. La peste se mitigó y desapareció, y el pueblo agradeció el favor divino participando en una fervorosa misa».

La tradición recuerda las ayudas milagrosas que la Santa Faz ha tenido con la ciudad de Alicante a lo largo de los últimos siglos

La tradición recuerda las ayudas milagrosas que la Santa Faz ha tenido con la ciudad de Alicante a lo largo de los últimos siglos. Una dedicación por la que la devoción a la Santa Reliquia sigue creciendo y se manifiesta en las continuas y numerosas peregrinaciones a su santuario.

La imagen se salva en la Guerra Civil

Durante los años de la Guerra Civil se suspendió la romería. El monasterio se cerró y las monjas Clarisas que custodiaban la Reliquia se marcharon a Orito. En un primer momento incluso se utilizó el monasterio como una checa, donde se interrogaba y ejecutaba a sospechosos de ser afines al Golpe.

La Santa Reliquia ha dejado su impronta aumentando la devoción de los alicantinos por la Santa Faz

En aquellos convulsos momentos el monasterio fue asaltado por milicianos que causaron importantes destrozos. Sin embargo se produjo otro de los «milagros» de la Santa Faz: el camarín quedó intacto y el alcalde pedáneo, Antonio Ramos, junto a Vicente Rocamora se las ingeniaron para sacar la Reliquia y ponerla a salvo. Tras este episodio el monasterio se convirtió en una especie de fábrica donde se montaban motores para la aviación militar.