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La cueva pocilga del Cabo de la Huerta

Los residuos crecen en el paraje natural desde el inicio de la pandemia - Jóvenes esparcen cientos de colillas y cristales en una cavidad de la zona

Una cavidad de Cala Cantalar acumula cientos de colillas, botellas de cristal hechas pedazos, latas y otros plásticos desde hace al menos seis meses. |

Una cavidad de Cala Cantalar acumula cientos de colillas, botellas de cristal hechas pedazos, latas y otros plásticos desde hace al menos seis meses. | P. GONZÁLEZ

Las restricciones del ocio durante la pandemia han colocado a los parajes naturales en el primer puesto de la lista de planes. La cifra de personas que visitan el Cabo de la Huerta, en Alicante, ha crecido notablemente desde que se iniciaran las fases de la desescalada. Y con este aumento, tristemente, también ha subido la cantidad de residuos en la zona: mascarillas, plásticos y otra suciedad que se abandona a tan solo unos metros de las basuras. El caso más escandaloso en este paraje natural se da en una pequeña cueva de Cala Cantalar, donde varios grupos de jóvenes acumulan cientos de colillas, paquetes de tabaco, latas y numerosos cristales rotos.

Se trata de una zona poco accesible, hasta la que se llega descendiendo una ladera que no cuenta con senda. El lugar, desde hace muchos años, es el refugio de grupos de amigos que se juntan con las mejores vistas del entorno, pero nunca antes había estado como ahora.

La cueva pocilga del Cabo de la Huerta

El aspecto del espacio es de un descuidado absoluto. Algunas de las personas que se reúnen allí dejan a la suerte del viento las bolsas enteras del establecimiento de comida rápida, lanzan montaña abajo las latas y rompen las botellas de alcohol vacías. Este diario ya publicó hace seis meses el mal estado de esta cueva, que continúa igual.

La Policía Local vigila a menudo el litoral del Cabo de la Huerta. El último fin de semana de abril, de hecho, realizaron varios controles a pie por distintos rincones de las calas, sancionando a quienes se escondían para hacer botellón, y vigilando zonas como la próxima al faro, a Cala Judíos o Cala Palmera. Esta cavidad, sin embargo, por su difícil acceso, pasa a menudo desapercibida, parte de la magia que la basura se está comiendo.

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