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José María Carrasco Jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de la Marina Baixa

«Las restricciones deben seguir porque han sido fundamentales para salvar muchas vidas»

Aboga por mantener algunas restricciones para contener la propagación del coronavirus una vez que cese el estado de alarma. Por un lado, porque aún queda mucha gente por vacunar. Por otro, porque las limitaciones han posibilitado la baja tasa de covid actual

José María Carrasco, jefe de la UCI del Hospital de La Vila. | INFORMACIÓN

José María Carrasco, jefe de la UCI del Hospital de La Vila. | INFORMACIÓN

Estamos en una fase de meseta de contagios después de dos olas, la primera y la tercera, que tuvieron especial dureza en la Marina Baixa. ¿Cómo las vivió desde la UCI del Hospital Comarcal?

Nuestro primer paciente covid entró en UCI el 17 de marzo de 2020. A partir de ahí, la progresión fue brutal, con muchos enfermos que entraban con una insuficiencia respiratoria severa, necesidad de ventilación mecánica, y no teníamos medios suficientes para todos. Fuimos un departamento muy golpeado y hubo que trasladar pacientes a otras unidades de hospitales de la provincia y a las UCI de las clínicas privadas de Benidorm. Tras la primera fase, la segunda fue de menor intensidad, y cuando llegó la tercera nos pilló bastante preparados: habíamos aprendido qué hacer pero sobre todo qué no hacer; se hicieron obras para poder aumentar la capacidad de 12 a 34 camas de críticos con dotación de ventilación mecánica, monitorización,... E implantamos un sistema de coordinación muy importante, con sesiones clínicas diarias junto con Medicina Interna, Neumología, Anestesiología y Urgencias. Fue una ola tremenda pero la colaboración entre las unidades y la previsión de lo que podía venir, permitió que no hubiera ningún paciente que necesitara cuidados intensivos y que no los tuviera.

¿Qué diferencias han observado entre los pacientes que ingresaban en UCI por covid-19 al principio de la pandemia y los de la tercera ola?

Hemos notado un descenso de la edad de pacientes graves que ya es muy evidente. Los pocos pacientes que todavía tenemos son personas más jóvenes que en las olas anteriores y también hemos notado que evolucionan de forma muy rápida: hoy me contagio, a los días me pongo malo, ingreso y en tres días estoy malísimo.

¿De qué rango de edad estaríamos hablando?

Nosotros los pocos, poquísimos casos que aún tenemos, están entre los cincuenta y los sesenta y pocos.

¿A qué atribuyen este descenso tan acusado en la edad de los enfermos críticos?

Sin duda, a la vacunación de los grupos de edad más mayores. Es la razón más evidente y no hay ninguna duda de que eso ha sido determinante. A partir de ahí, como con este virus vamos un poco a caballo de la realidad, habrá que hacer estudios científicos para ver si hay otras causas que expliquen el cambio. Pero hay que tener en cuenta que la vida es una lucha continua y que el virus, conforme intentamos acabar con él, se abre camino por donde más fácil cree que lo puede tener.

¿Quiere decir que ahora, conforme se avance en la vacunación de los grupos de 60 y 50, el SARS-CoV 2 puede atacar con más dureza a la gente de 40 años o menos?

No hay duda de que las personas que no estén vacunadas van a ser las más susceptibles de sufrir la enfermedad y que un tanto por ciento de ellos, sobre todo quienes tienen factores como obesidad, diabetes, hipertensión, van a sufrir una neumonía por covid . Y, de entre ellos, además otro grupo va a sufrir una reacción inflamatoria sistémica muchísimo más grave. El secreto para acabar con la enfermedad está en que afortunadamente disponemos de un arma efectiva en más de un 90% que es la vacunación. Evidentemente, esta enfermedad, que es infecto-contagiosa y necesita sujetos sanos susceptibles para propagarse, no va a parar hasta que no haya un número suficiente de personas vacunadas. Y si los sujetos que quedan susceptibles con los menores de 50 años, serán a partir de ahora los más afectados.

A las puertas de que se levante el estado de alarma, hay expertos y profesionales de la Sanidad que piden mantener ciertas restricciones hasta que haya más población vacunada. ¿Coincide con esa opinión?

En la Comunidad estamos ahora mismo en una incidencia de unos 40 contagios por cada cien mil habitantes. No tendríamos estas cifras si no se hubiesen puesto las medidas de control y confinamiento que hemos vivido. Yo, como intensivista, te reconozco que hace unos meses miraba al futuro con pánico pensando en que se produjera una relajación de las medidas, porque estamos ante una enfermedad muy contagiosa y con una gran cantidad todavía de gente sin vacunar. Desde luego, a mi juicio, las medidas deberían seguir porque han sido fundamentales y han servido para salvar muchas vidas.

Hay ciertos sectores de la sociedad que opinan justamente lo contrario: que las restricciones deben levantarse del todo.

Bueno, está claro que para la sociedad en general y sobre todo para ciertos sectores, como la hostelería, el confinamiento y las restricciones que hemos vivido habrán sido durísimas. Pero si nosotros estamos en una tasa de contagio de 40 por cien mil y en otros territorios están en 400 por cien mil, está claro que entre esas 360 personas que hay de diferencia, unas cuantas van a morir. ¿Merece la pena para quien le toque? Yo creo que no.

¿Hay algún caso que le haya impactado especialmente a lo largo de todos estos meses?

Quizás casos de convivientes, personas que han estado en alguna celebración y luego han sufrido la enfermedad y varios familiares han tenido que ingresar al mismo tiempo en UCI. Esto ha sido muy impactante. Pero cada caso en sí mismo tiene su peculiaridad. Lo más doloroso sin duda ha sido cuando hay alguien que está al otro lado del teléfono esperando que le llames para decirle cómo está su madre, su padre, su marido, su hermano, a veces su hijo,... Y cuando les llamas notas su sufrimiento y ese dolor de no poder ni siquiera tener un contacto físico, despedirse de su ser querido. Desgraciadamente, la seña de esta pandemia ha sido la dureza de la soledad, aunque hemos hecho videollamadas y hemos intentado mantener el contacto, ha sido muy duro para los familiares.

Entiendo que también para los profesionales. Poca gente está preparada para algo así.

Los intensivistas por lo general trabajamos en una unidad donde la tasa de mortalidad es de entre un 10 y un 15%. Tratamos pacientes críticos que fallecen si no les apoyas con un soporte vital avanzado: accidentes graves de circulación; infartos con fallo ventricular; neumonías; afectaciones neurológicas con una hemorragia cerebral; hemorragias intestinales graves... Estamos acostumbrados y preparados para tratar casos muy graves, entrenados para dar malas noticias. Aún así, te reconozco que la situación ha sido muy difícil, muy dura, he visto a muchos compañeros llorar de impotencia. Por eso miramos con gran esperanza a la vacunación: ya no hay nadie que enferme de 80 años para arriba.

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