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«Muchos jóvenes estamos luchando contra el virus, no todo es botellón»

Tres voluntarios de Cruz Roja narran su labor diaria frente a las lacras sociales del covid, el acoso escolar o la violencia machista. «Nuestra generación está comprometida y es injusto hablar solo de una minoría insolidaria»

Itahisa Collado, durante las clases de repaso a niños y niñas. | INFORMACIÓN

Itahisa Collado, durante las clases de repaso a niños y niñas. | INFORMACIÓN

Contribuir con la sociedad, ganas de ayudar y colaborar para intentar revertir la situación. Estas son las características principales que reúne la figura del voluntario. En la provincia de Alicante, la Cruz Roja cuenta con 8.600. Muchos de ellos, jóvenes que complementan esta tarea con su trabajo o estudios.

Sheila Domenech, ayudando a repartir alimentos. | INFORMACIÓN

El coronavirus visibilizó una parte de la juventud «pequeña pero que muchos medios de comunicación sí mostraron, hacen más ruido que otras cosas. La mayoría de nosotros somos responsables, cumplimos con las normas y medidas sanitarias. De hecho, en mi grupo de amigos todos somos muy tranquilos. Esto se deriva más en mitos que en otras cosas, al igual que ocurre con el racismo y otros temas sociales», explica Itahisa Collado, de 23 años. Una joven voluntaria en la sede de Altea. Oriunda de las Islas Afortunadas, llegó a la ciudad levantina en enero de 2021. «Hasta que salga algo en el ámbito laboral, hay que ayudar, es lo justo y debemos derribar mitos», indica.

Borja Díaz, con el chaleco de voluntario de Cruz Roja. | INFORMACIÓN

De carácter jovial y con mucho talante, en Cruz Roja «estoy activa en el Huerto Ecológico y dos tardes a la semana doy repaso escolar a niños», señala. Su implicación no termina aquí, también imparte talleres antibullying en colegios e institutos e incluso mostrará la realidad de las personas «trans» en un centro de menores. Y, a final de mes, «si todo va bien presentaré un proyecto dirigido a la diversidad sexual y de género». Itahisa lleva a cabo también la asociación Mujeres Semillas, para supervivientes de violencia sexual.

Para esta canaria el voluntariado es «algo fundamental: aprendo como persona e intento dar otras cosas de mí. La pandemia ha sido un choque global, tenemos que espabilar y dar un poco de ayuda. Ahora estamos muy perdidos en las redes sociales e internet. Al vivir en sociedad lo justo es trabajar entre todos y todas».

De la misma opinión es Sheila Domenech, opositora a militar. «Siempre se suele dar más visibilidad a las cosas malas que alas buenas y eso habría que cambiarlo. Hay mucha gente joven que hace cosas buenas y no se les da el mérito que merecen. Somos un colectivo implicado en erradicar el coronavirus, sabemos cual es la situación y no todo es botellón. Tenemos conciencia civil y ciudadana». Esta situación de pandemia que ha supuesto una crisis económica, social y sanitaria complica el futuro de las nuevas generaciones, «pero no se debe pensar en los inconvenientes, si quieres algo, lucha por ello y al final lo conseguirás, con esfuerzo y dedicación se puede», afirma Domenech de 19 años desde Petrer, donde desarrolla su labor como voluntaria de la entidad.

En la localidad del Medio Vinalopó hace la compra a mayores que no pueden desplazarse por ellos mismos, adquiriendo medicación o haciendo reparto de comida a domicilios, entre otras tareas.

Esta joven se unió a Cruz Roja en 2020 «por un grupo de WhatsApp comentaron mis amigos esta opción y me apunté», desde entonces no ha parado, arrastrando también a su madre al voluntariado. «Lo hago porque me llena y me gusta ayudar a los demás». Con la vocación en su ADN, espera aprobar la oposición en el ejército de tierra aunque le gustaría coger un destino de aire «me gusta mucho más porque allí también desempeñaría labores de apoyo a Enfermería», confiesa.

Sin embargo, a Borja Díaz le «sienta muy mal» la percepción que se tiene de ellos y los comentarios que muchas veces escucha como que «la culpa es de los jóvenes porque vamos sin cabeza y no acatamos las normas. No es cosa de la edad sino del sentido común y nosotros tenemos mucho».

La profesión de este crevillentino de 23 años, es la de maestro y en ello desempeña su labor , enseña español a extranjeros, así «gano experiencia, ayudo a los demás y lo combino con mis estudios de Inglés», expone.

Su experiencia la define como «excelente». Quienes acuden a las clases «vienen muy motivados, agradecen el esfuerzo que hacemos, a muchos les he enseñado a leer e incluso el abecedario porque suelen empezar de cero. Hay dificultades porque la berrea del idioma es grande, pero están muy motivados».

Borja sabe que «seguiré ayudando, el riesgo de contagio es mínimo, llevamos mascarilla y todos cumplimos las normas».

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