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La Audiencia cuestiona el valor de los pantallazos en un caso de amenazas

Un tribunal anula la condena a un hombre por enviar WhatsApps con insultos a su expareja al no haber más pruebas de que se enviaran desde su teléfono que la declaracion de la denunciante

Aplicaciones instaladas en un teléfono móvil en una imagen de archivo. | INFORMACIÓN

Aplicaciones instaladas en un teléfono móvil en una imagen de archivo. | INFORMACIÓN

Los pantallazos de un teléfono móvil no bastan para probar un delito de amenazas y son necesarias más garantías para acreditar desde qué teléfono se enviaron los mensajes y en cuál se recibieron. Así lo ha fallado la Audiencia de Alicante en una sentencia que puede suponer un vuelco al modo en el que se están resolviendo este tipo de asuntos que cada día con más frecuencia se enjuician en los juzgados de lo Penal de Alicante. El fallo de la Sección Primera de la Audiencia tumba una condena a un presunto maltratador por los supuestos mensajes con insultos que envió el acusado a su expareja. Según el fallo al que ha tenido acceso este diario, en la causa no se identificó desde qué número de teléfono se enviaron los WhatsApp insultantes. Por este motivo, anula la condena de trabajos en beneficio de la comunidad que le había impuesto un juzgado de lo Penal por un delito leve de injurias.

Fuentes del Palacio de Justicia, señalaron que la sentencia implica que para este tipo de procesos va a ser necesario la aportación de informes periciales para tratar de acreditar que los mensajes se enviaron desde el número del acusado.

Los supuestos mensajes se habrían producido el 6 de diciembre de 2019, según la denunciante, fecha en la que su expareja le envió varios WhatsApp con expresiones como «falsa, arruinada, mentirosa», «hale a comérselas dobladas y ahora vas y me denuncias», «hale a comerte las pollas dobladas que estás deseándolo marrana y tú a hacer la golfa, fulana de mierda, chupapollas». Los mensajes fueron comprobados por el secretario judicial cuando se interpuso la denuncia. Hecho que bastó para que el juzgado de lo Penal condenara al acusado por estos hechos. Sin embargo, la Audiencia considera que en aquella diligencia, se limitaban a verificar que ésos eran los menajes escritos en el teléfono que se exhibía, pero sin practicar ninguna prueba de que los mensajes procedieran desde el móvil del acusado, ni cuál fue el número receptor. «No se ha practicado más prueba sobre la autoría del acusado más que la declaración de la denunciante, la cual carece de corroboración periférica que la avale», dice el fallo.

La denuncia se interpuso a raíz de una discusión mantenida entre la víctima y el acusado por un incidente tras una fiesta de cumpleaños en El Campello el 8 de febrero de 2020. El procesado acudía a casa de su expareja para dejar a las hijas que tenían en común. Ambos mantuvieron una discusión porque ella no quería que el procesado entrara en la casa. La respuesta de éste fue empujarla contra el suelo delante de las dos hijas, a lo que ella reaccionó llevándose a las menores a un dormitorio y refugiándose allí. El hecho de que esta agresión se produjera ante testigos sí que ha servido a la Audiencia para respaldar la decisión de condenar por delitos de violencia de género y por los que también le imponían trabajos comunitarios. Esta parte de la sentencia se ha confirmado.

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