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El mejor efecto secundario de la vacuna frente al covid

Las personas mayores inmunizadas retoman los hábitos que la pandemia les arrebató, como recoger a sus nietos del colegio, acompañarles al parque y, sobre todo, abrazarles y besarles

Los abuelos después de vacunarse empiezan a visitar a sus nietos Pilar Cortés

El covid les robó los abrazos y los besos de sus hijos y de sus nietos. Les privó de recoger a los pequeños del colegio, de llevarles al parque o de darles la merienda en casa. Duró demasiado tiempo, más de un año. Pero el milagro llegó en forma de vacuna. Dos pinchazos que han hecho que los mayores vuelvan a recuperar, aunque aún en parte y con mucho miedo, su antigua normalidad. Es el mejor efecto secundario de la vacuna, retomar el contacto físico con los seres queridos.

Lo sabe bien Catalina Lino. Leonesa afincada desde hace años en Alicante ha estado toda la pandemia sin poder tener contacto físico con sus hijos y sus nietos. Estos días paseaba orgullosa por su barrio, Carolinas, con su nieta Paula de la mano y junto a su hija Mónica. No faltaban los abrazos y los besos, que aún con mascarilla por medio, sabían a gloria. «No hemos dejado de vernos este año, pero siempre con distancia y sin quitarnos la mascarilla, a Paula le daba mucho miedo contagiarme», señala Lino, emocionada y recomendando a todo el mundo «que se vacune para poder salir de esto».

Catalina Lino y su nieta Paula se abrazan después de muchos meses. | PILAR CORTÉS

Al parque con sus nietos vuelve estos días con más tranquilidad Tonica Vidal y su marido Luis Antonio Martínez, ambos de 73 años y con la segunda dosis puesta esta misma semana. «No poder besar y achuchar a mis nietos ha sido lo más duro de esta pandemia, porque me encantan los críos», explica Tonica. Ya vacunados están deseando volver a juntarse toda la familia, que no es pequeña. «Tengo cinco hijas y somos muy familiares, los fines de semana nos encanta quedar todos a desayunar». Algo que en el último año no ha sido posible. «Hemos quedado, pero en grupos pequeños, porque cuando nos juntamos somos 14, siempre con distancia, al aire libe y con mascarilla». Y aunque la vacuna cambia muchas cosas, Tonica se muestra aún prudente. «Estamos más tranquilos, pero no debemos levantarnos pensando que esto es jauja. Hay que tener mucho respeto a la enfermedad».

El gerontólogo, José Antonio Rabadán, explica que la falta de contacto social ha sido el peaje más duro que han tenido que pagar los mayores en la lucha contra el covid, «y no me refiero sólo al contacto estrecho con la familia, también al hecho de no poder hablar con el panadero, el trabajador del banco, la dependienta del supermercado… esos pequeños diálogos son para muchos mayores la sustancia de la vida, sobre todo en los casos personas que sufren soledad».

Rabadán defiende que este contacto social «es esencial para preservar la salud global de las personas mayores» y espera que de esta pandemia, todos saquemos lecciones. «Estoy seguro de que hijos y nietos se han dado cuenta, a raíz de este año de semiconfinamiento, de la importancia de ver a sus mayores, de llamarles por teléfono».

La psicóloga experta en gerontología Esther López señala que este aislamiento social va a pasar factura en las personas mayores que sufren enfermedades neurodegenerativas, como demencia o alzhéimer. «El estar aislados te hace no sólo socializar menos, sino moverte menos, tener menor contacto físico, hablar menos... por lo que el deterioro es enorme”. Y aunque, en general, con la vacuna la vida de los mayores comienza a dar un giro de 180 grados, a la consulta de López llegan muchas personas que, pese a estar completamente vacunadas, tienen mucho miedo de abrazar a sus seres queridos. «Yo les digo que esto es como una escalera. Antes de la pandemia estábamos en un rascacielos de normalidad y ahora hay que volver a subir pisos. Con las medias adecuadas podemos tener una vida lo más normal posible. Lo que hay que marcarse pequeños objetivos y no hacer que esta apatía y desmotivación se hagan crónicas».

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