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La Cuarta Vía

Turistas británicos: ruidosos, baratos pero imprescindibles

Gobierno y Consell tienen dos semanas para convencer al Reino Unido de que la Comunidad es una zona segura para las vacaciones, pues la factura de otro verano sin ingleses sería impagable

La falta de turistas
británicos ha dejado
vacías las playas
de Benidorm. david revenga |

La falta de turistas británicos ha dejado vacías las playas de Benidorm. david revenga |

Gustarán mucho o poco y serán más o menos ruidosos, pero lo que está claro es que el turista británico ha sido, es y será clave para explicar el fenómeno turístico de la provincia, y, no digamos, de Benidorm, aunque el modelo necesite una revisión urgente, como esta misma semana apuntaba el hotelero José María Caballé. Hoy, sin embargo, el hecho de que España haya arrancado la desescalada del covid en el listado de los países a los el gobierno del Reino Unido desaconseja viajar de vacaciones (cuarentenas incluidas) es una pésima noticia, una nueva derrota, y, aunque esperada, un jarro de agua helada en el ánimo de empresarios, trabajadores y de todos los agentes de un sector que mueve un tercio de la economía de la provincia de Alicante desde hace 50 años. El apego de los británicos es tal, que muchos llegan a identificar sus vacaciones en España con el solo hecho de haber pasado un par de semanas en Benidorm. Y así venía sucediendo desde que a principios de los 70 un grupo de emprendedores, apoyados por los turoperadores, se lanzaron a la transformación de bancales en hoteles para crear la «California de Europa», bloqueada económica y psicológicamente desde aquel infausto marzo de 2020 en el que todo saltó por los aires y los aviones británicos se dieron la vuelta en pleno vuelo al conocer que el Gobierno español cerraba fronteras para contener al covid. Una medida necesaria, por supuesto, pero a la que siguieron once meses de desconcierto con restricciones a la movilidad que, pese a haberse levantado esta semana, tienen al turismo noqueado y, en muchos casos al borde del k.o. ¿De quién es la responsabilidad? Del virus, por supuesto, pero el Gobierno ha vuelto a demostrar incapacidad, o pocas ganas, para acompañar a nuestros hoteleros, recepcionistas, camareras de pisos, cocineros, animadores… pero también a panaderos, fontaneros, guías, conductores de autobús… en esta nueva etapa.

El Gobierno del Reino Unido mantiene a España en «ámbar» de ese semáforo virtual que regula las restricciones a sus viajeros cuando salen de vacaciones. Desde este lunes, los británicos pueden volver a viajar por ocio. A zonas de Portugal, a menos de dos kilómetros de España en algunos puntos fronterizos, sin ningún de problemas. Sin embargo, si regresan de Alicante, Benidorm, Torrevieja o cualquiera de sus refugios en la Costa Blanca deberán guardar a la vuelta diez días de confinamiento en su casa, y hacerse hasta tres PCR para volver a la normalidad. ¿Alguien se puede plantear viajar así?

Aunque haya incondicionales, es difícil imaginar al grueso de ingleses esperando a tomar su decisión de si reservar o no en Benidorm, porque no saben si podrán hacerlo en algún momento del verano, mientras sí tienen la certeza de poder hacerlo en el Algarve o Madeira. Partimos en desventaja, y cada día si turistas es una oportunidad perdida. La decisión no se revisará hasta dentro de dos semanas. Quizá sea ya tarde, pues tampoco sabemos en qué color caeremos, o eso es lo que piensan la mayoría de los hoteleros y expertos que, avanzan, además, que un verano al 50% no nos sacará del agujero.

Con el covid controlado en la provincia y con unos turistas para los que la Costa Blanca es como una isla en España, la pregunta que hay que hacerse es de qué has servido todo el sacrificio para llegar a tener una incidencia de covid en Alicante por debajo de la de Portugal, y del resto de España, si no se traduce en una mejora de nuestras condiciones para recibir turistas o una ventaja comparativa para los alicantinos. ¿Dónde está la diplomacia española? Hasta ahora pensábamos que el Ejecutivo de Madrid solo ve turistas en Canarias y Baleares. Desconozco si alguien habrá llamado a Downing Street, sede del gobierno británico, pero da la sensación de que nadie lo ha hecho tras comprobar que las islas también se han quedado fuera.

¿Nos arrastran los malos datos de Madrid, Navarra o el País Vasco? Algo está fallando también a nivel diplomático, empezando por su división regional, y no se puede consentir. ¿Ni turismo ni agua? ¿Qué piensan hacer con Alicante? En esta montaña rusa en la que nos ha metido la crisis solo faltaba que, dentro de dos semanas, ya metidos en junio, sigamos en ámbar para Gran Bretaña. Esta semana el presidente Ximo Puig y su futuro rival por la Presidencia de la Generalitat, hoy presidente de la Diputación, Carlos Mazón, se pasearán por una desolada Fitur. Quizá deberían haber prescindido de la feria de Madrid y acercarse mejor a Londres, que está a poco más de dos horas de la Costa Blanca en avión, vamos, como con el AVE de Madrid.

No ayudan, tampoco, por supuesto, imágenes de la Policía desalojando la Puerta del Sol o las de Barcelona a ritmo de rumba a media noche sin mascarilla alguna. Una más para que Boris Johnson confine a los británicos en las playas de Brighton y de, paso, salvar su economía local, porque esto de las restricciones a los viajes de los británicos huele también un poco a nacionalismo y proteccionismo par que los ingleses se queden sus playas. Por ejemplo, en Brighton, donde el mismísimo Sting «trabajó» de botones de hotel en la icónica «Quadrophenia», aquella película que nos mostraba las playas inglesas en 1964 en medio de las batallas de los mods y los rockers. Todos acabarían años después en la Costa Blanca, donde suponen el 50% del turismo extranjero, por si alguien no se ha dado cuenta aún.

La crisis económica derivada de la sanitaria ha provocado que el sector turístico acumule unas pérdidas de cerca de 10.000 millones de euros en la Costa Blanca, lo que representa la desaparición del 70% de la actividad. Hay hoteles que no han vuelto a abrir desde octubre de 2019 cuando cerraron por fin de temporada. Luego siguió la crisis del covid y la clausura general, de la que no pudieron salir ni el pasado verano. Y muchos siguen sin tenerlo claro para este, porque nadie se piense que este verano van a abrir todos los establecimientos. Unos 25.000 trabajadores siguen en ERTE y el aeropuerto está prácticamente vacío. Cuatro mil comercios han cerrado sus puertas y otra cifra similar persiste con serios problemas para sobrevivir. De la planta de 14.300 bares, cafeterías y restaurantes, el 30%, unos 4.300 establecimientos, no habían vuelto a abrir desde que en marzo de 2020 se produjo el primer confinamiento y las ayudas económicas sigue en Bruselas.

Esta es la realidad, por ejemplo, de la planta hotelera de la provincia, que pasó la temporada baja con unos 160 hoteles cerrados, pero con unos costes fijos de entre de 35.000 euros (establecimientos amortizados), y de 150.000 euros, en el caso de aquellos con préstamos pendientes, más grandes o sujetos al pago de un alquiler. Una media de 100.000 euros mensuales por establecimiento, que pese al cierre siguen generando gastos, que han dejado a muchos empresarios sin recursos.

En definitiva, muchos datos que nos evidencian la magnitud de la crisis, mucho más fuerte que la que provocó la explosión de la burbuja inmobiliaria en 2007. El turismo fue entonces una tabla de salvación para la economía provincial, pues no hubo ni un cierre hotelero. Hoy todo son incógnitas, porque el turismo nacional, aunque estuviera al cien por cien, solo representa la mitad de total. Hagan las cuentas y calculen lo que se juega provincia. Salud, por supuesto, pero de hambre también se sufre. Y nosotros, en ámbar.

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