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Gent de la Terreta

El empleado ejemplar que jugó contra Korchnoi

El empleado ejemplar que jugó contra Korchnoi |

El empleado ejemplar que jugó contra Korchnoi | ILUSTRACIÓN: EVA ANTÓN ARMERO/UMH. BELLAS ARTES DE ALTEA

Con 14 años se puso su primer pantalón largo. El estreno era obligado puesto que aquel 1 de marzo de hace cincuenta años entraba a trabajar en El Corte Inglés de la valenciana calle de Pintor Sorolla, donde se había aventurado a depositar una instancia solicitando trabajo. Siendo todavía un niño, a Juan no le quedaba otra. La delicada situación familiar, provocada por un problema coronario que había dejado impedido a su padre, Cecilio Cabello -un fino ebanista que había emigrado desde Tamurejo (Badajoz) atendiendo la llamada para la reconstrucción de la Valencia arrasada por la riada del 56-, obligaba al resto del clan a colaborar en el sustento.

Así, tras permanecer unos años en el hospicio, donde obtuvo el certificado de estudios primarios, y arrimar el hombro en verano arrancando las naranjas más inaccesibles del árbol o doblando el espinazo en interminables hileras para recolectar bajocas, Juan consigue entrar como aprendiz en la perfumería Las Bellezas, en la calle Garrigues. Fue ahí donde escucha hablar por primera vez de El Corte Inglés, una empresa que se dispone a abrir un centro comercial en Pintor Sorolla y que precisa personal.

El joven aspirante entrega la solicitud y, posteriormente, se somete a una serie de entrevistas sin ningún tipo de esperanza en ser admitido, consciente de su juventud e inexperiencia. Sin embargo, pocos días después, Adelaida hace acto de presencia en Las Bellezas pidiendo explicaciones, alarmada por el insólito hecho de haber recibido un telegrama en su casa. La apertura de aquella carta, anunciado el ingreso en la empresa de Ramón Areces, no solo tranquiliza a la madre, sino que marca para siempre el futuro del segundo de sus tres hijos.

En El Corte Inglés, Juan debuta como repartidor en la sección de «expedición», con un sueldo de tres mil pesetas, el doble de lo que percibía en el negocio de la calle Garrigues. El instinto de supervivencia, despertado durante la época del hospicio, se acrecienta en su etapa laboral, hasta el punto de que, poco después, convence a su jefe inmediato para ser trasladado a perfumería, la sección de mayor venta del centro, integrada por ochenta mujeres que, además de sueldo, cobran comisiones por venta.

Por ahí circula varios años, cumpliendo su función de tal manera que la dirección le señala como nuevo responsable del departamento. Sin embargo, con todo decidido, el ascenso se frustra al ser llamado a filas para cumplir con el servicio militar en La Junquera.

El contratiempo, no obstante, abre un inesperado camino. Durante su etapa de instrucción, visita a un compañero de la empresa en Barcelona que se ofrece a presentarle a un alto mando militar que, casualmente, tiene como vecino. La mediación facilita al joven recluta un destino plácido en la Ciudad Condal y un permiso laboral que aprovecha para trabajar en El Corte Inglés de Plaza Cataluña, donde acumula méritos y experiencia. Aquella etapa se cierra veinte meses después y, acto seguido, regresa a Valencia, donde va subiendo escalones en la empresa mientras saca tiempo para formarse y atender a su pasatiempo favorito: el ajedrez.

Avispado aprendiz del arte del tablero en sus ratos libres, Juan Cabello cumple algo similar a un sueño con la visita de Viktor Korchnoi a Massanasa, localidad valenciana cuyo club había invitado al campeón ruso a jugar una simultánea de 40 partidas en 1979, pocos meses después de la batalla de Baguío en la que un joven Karpov le arrebató el cetro mundial tras un duelo marcado por las hostilidades. En aquella inolvidable jornada en Massanasa, Cabello vive un momento de gloria frente al tablero en una partida contra el campeón del mundo que, no obstante, no da opción a la sorpresa.

Instalado de nuevo en Valencia, donde pasa al Nuevo Centro, en 1989 le llega la posibilidad de trasladarse a Alicante para incorporarse al edificio de El Corte Inglés construido en la avenida Maissonave. Acepta el cambio de destino y la decisión da un nuevo giro a su vida. En Alicante, tanto en el centro recién estrenado como posteriormente en el edificio que antes albergaba Galerías Preciados, queda al frente de las secciones de Perfumería, Ocio y Cultura y Electrónica, así como de Moda y Complementos, departamentos que suponen el cuarenta por cien de la facturación de la empresa. En ese momento, se convierte en una figura clave del negocio, con un nivel de actividad que no pasa desapercibido para la dirección. Así, tras la jubilación de Elías Bocos, en 2006, le abren las puertas de la planta noble para asumir el cargo de subdirector del centro alicantino que, en cuanto a recursos y venta a nivel nacional, está situado en el décimo puesto de un total de 92.

El fallecimiento un año más tarde de Juan Vivó provoca la posibilidad de un nuevo ascenso, pero la dirección general opta por Pepe Maseda, un ejecutivo de Madrid, al considerar corta la trayectoria de Cabello en la subdirección. En todo caso, el dúo Maseda-Cabello ofrece un buen rendimiento hasta el punto que, en 2016, el primero es ascendido a director regional, dejando la dirección de Alicante a cargo del segundo. De esa forma, Juan Cabello, aquel niño inquieto que estrenó pantalones largos con 14 años para debutar como repartidor en El Corte Inglés, se convertía 45 años después director de unos de sus centros de referencia escalando todos los peldaños de la escalera de una casa que nunca abandonó.

Tras echar raíces en la ciudad que le acogió tres décadas atrás, el directivo se ha mantenido fiel a la política de acercamiento a entidades y costumbres alicantinas a través de todo tipo de colaboraciones, desde Hogueras y Moros y Cristianos hasta Cáritas, Banco de Alimentos, decenas de instituciones y organismos que cada año solicitan y encuentran el apoyo del centro. Y sacó tiempo para escribir una novela, «El inmigrante», con el pseudónimo de John Peter Hair, relatando las desventuras de un inspector de policía durante la resolución de un caso en su ciudad, entre la Albufereta, Gadea, Soto y Benalúa. En la novela, Hair da vida a un protagonista que acaba regresando a Madrid; en la realidad, el otro Cabello tiene claro que ya no sale de Alicante.

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