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Gent de la Terreta

Un agrónomo a vueltas con Medicina

Joan José Ruiz | Rector de la Universidad Miguel Hernández

Un agrónomo a  vueltas con Medicina

Un agrónomo a vueltas con Medicina

Doña Pepita lo descubrió durante su etapa de párvulo. Y se lo dijo a su madre: «Su hijo apunta a ingeniero agrónomo, quiere dar de comer al mundo». La certera predicción de la maestra del parvulario de Moncada cristalizó un par de décadas más tarde, en la Universidad Politécnica de Valencia, años después de que Juanjo Ruiz Martínez, un joven atraído por la investigación agrícola, batallara en su casa para convencer a su padre de que lo suyo no era la medicina. No fue fácil. Francisco Ruiz Beviá –alicantino de Torrellano, miembro del equipo fundacional de la Universidad de Alicante tras su paso por Gijón, Mallorca y Valencia, donde impartió clases de Química– estaba empeñado en que el tercero de sus cuatro hijos fuera médico… hasta que no le quedó otra que desistir.

A ese niño le tocó nacer en La Cigüeña de Valencia, ciudad donde crece su madre, una aragonesa del Campo de Borja cuyo progenitor ostenta una plaza como director de colegio. Pero el vínculo valenciano se corta pronto. A los nueve años, su padre decide regresar a Alicante para incorporarse al campus de San Vicente y Juanjo cumple con la EGB y el BUP en los Salesianos.

La elección entre los estudios superiores, una vez concluido el COU en el colegio Maristas, certifica la predicción de Doña Pepita. El hecho de que Agrónomos fuera la única carrera que, en ese tiempo, desplegaba en sus ramas biología, física, matemáticas e ingeniería inclina la decisión final frente a la insistente opinión de Ruiz Beviá, empeñado en incorporar a un médico al clan familiar. Vano intento con el futuro ingeniero, incapaz de sospechar en ese momento que la Medicina le esperaba más adelante con alguna batalla más.

Sus pasiones por el campo y la investigación le separan de la vocación de sus hermanos mayores, desplazados a Barcelona para estudiar Telecomunicaciones. Decide matricularse en la Universidad Politécnica de Valencia donde, entre otras cosas, aumenta su atracción por la docencia mientras despliega una innata habilidad para distinguir a los profesores buenos de los malos.

Por esa etapa todavía no se había despertado en él la vocación docente, más bien se relamía atisbando el futuro en el campo de la investigación, con la mirada puesta en el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias.

Sin embargo, tras advertir que en el IVIA las plazas están bloqueadas, decide encaminar sus pasos hacia la universidad a través de uno de sus referentes: el catedrático de mejora genética Fernando Nuez Viñals, que ve en Ruiz un buen candidato para una beca de tesis doctoral como paso previo para sumar agrónomos a un laboratorio copado por biólogos.

La tecla pulsada le allana el camino del doctorado en mejora genética de nuevos cultivos y en 1995 le abre la puerta como asociado en la Escuela de Agrónomos de Orihuela, que entonces dependía de la UPV. Esa etapa coincide con el traslado de Medicina de la UA a la UMH, cambio sometido a votación, procedimiento al que recurre la escuela oriolana para decidir su desvinculación de la UPV y quedar unida al campus de Elche.

Tras abanderar la opción vencedora, el joven profesor universitario entra en una candidatura para las elecciones a la dirección de la escuela en 1996-97 que, también coronadas con éxito, le elevan a subdirector-jefe de estudios, posición que ostenta durante siete años.

Por ese espacio de tiempo saca partido a los veranos con estancias de investigación de mejora genética en la Universidad de California, donde se le abre otro mundo, más orientado a resultados y con menos burocracia.

El turno para acceder al primer escalón llega en 2004, fecha en la que asume la dirección de la Escuela de Agrónomos oriolana. Al día siguiente, estrena su nuevo cargo con una entrevista en la que muestra su firme apoyo al trasvase, clasificando la desalación como aporte complementario. Defensor del abastecimiento por esa vía, durante su mandato en Orihuela organiza jornadas sobre el Tajo-Segura, esgrimiendo el ideario que, en 1968, marcó el origen de la citada Escuela con una carta enviada por un patronato de enseñanza de la Vega Baja al ministro del ramo, en la que pedía la creación de un centro de enseñanzas técnicas para dar «asistencia técnica al complejo socioeconómico generado por el trasvase».

Al frente del centro oriolano cubre un periodo que se extiende hasta 2015, con tres elecciones ganadas por medio, hasta que aparece en su despacho Jesús Pastor, rector de la UMH, empeñado en incorporarlo a su equipo. Juanjo Ruiz se resiste, su deseo es permanecer en Agrónomos, pero Pastor no se da por rendido y le une a una candidatura que cuatro años después le abriría el paso como relevo al frente de la Miguel Hernández tras barrer en las elecciones rectorales con un porcentaje abrumador.

Paradójicamente, el aspirante a ingeniero que tuvo que convencer a su padre de que no quería ser médico; el joven profesor que aprovechó el sistema aplicado en Alicante por esa carrera para provocar una elección en Orihuela que separara Agrónomos de la UPV; el agrónomo, convertido hoy en rector, volvía a enredarse con la ciencia médica al heredar el punto más caliente de fricción entre la UA y la UMH, encarnado en el grado de Medicina, una polémica no resuelta, generada con la segregación en 1996 de esa facultad que cambió de manos, marcó distancias entre ambas instituciones y avivó el fuego tras la petición de la UA de recuperar la carrera.

El espinoso asunto ha entrado en una fase decisiva tras la urgencia para llegar a un acuerdo que zanje la polémica y que contente a ambas universidades, sin necesidad de repetir el grado entre centros separados por diez kilómetros.

En esa línea trabajan Juanjo Ruiz y Amparo Navarro, rector y rectora que ya barajan la creación de un consorcio sólido en Ciencias de la Salud, una superestructura, cogobernada por ambas universidades, de la que cuelguen las titulaciones que hoy se reparten: Medicina, Enfermería... e, incluso, el Centro de Envejecimiento pensado para un futuro próximo.

Por ahí circula en la actualidad la tarea del rector Juan José Ruiz Martínez, un ingeniero agrónomo que no consiguió dar de comer al mundo, pero a cambio sí está decidido a resolver conflictos.

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