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Médicos, veterinarios y climatólogos alertan de que el cambio climático traerá más pandemias al debilitar el sistema inmune

Los especialistas señalan que el ritmo con el que aparecen nuevos brotes epidémicos se ha acelerado, de uno cada 50 años a uno cada diez

Asistencia a un paciente con coronavirus en una UCI de la provincia de Alicante.

Asistencia a un paciente con coronavirus en una UCI de la provincia de Alicante. ÁXEL ÁLVAREZ

El aumento de la temperatura del planeta, la deforestación y la invasión de hábitats de los animales nos conducen irremediablemente a un escenario de más enfermedades y de más brotes epidémicos como el que estamos sufriendo actualmente por el covid. De hecho, la aparición de nuevas pandemias se está acelerando. Si antes aparecía una cada 50 años, ahora se calcula que puede surgir una cada diez años. Así lo advierte Fernando Fariñas, director del Instituto de Inmunología Clínica, y Enfermedades Infecciosas, quien participó ayer en las jornadas «Cambio climático, globalización y su impacto en la salud animal y humana», organizadas por los colegios oficiales de Médicos y Veterinarios de la provincia de Alicante.

Ya se sabe que el calor favorece la aparición de vectores que trasmiten enfermedades. Un ejemplo lo tenemos en España, donde ya nos hemos acostumbrado a convivir con enfermedades como el zika o el chikungunya, transmitidas el mosquito tigre. Pero más desconocidos son otros efectos del cambio climático sobre nuestra salud. «El aumento de la temperatura disminuye la biodiversidad, también la microbiana, la que todos tenemos en la piel o en el estómago», señala Fernando Fariñas. Bacterias y otros microorganismos vivos que son los encargados de regular el sistema inmunitario, de manera que una baja biodiversidad en nuestro interior «conlleva más enfermedades alérgicas e infecciosas». Se trata, añade Fariñas, de un desequilibrio del sistema inmunitario como efecto indirecto del cambio climático «y que nos lleva a tener una peor defensa ante las infecciones y a sufrir, a su vez, más enfermedades autoinmunes, cáncer y alergias».

La deforestación también está detrás de la aparición de nuevas enfermedades. «Si arraso con un bosque y construyo casas, está claro que provocará que las personas entren en contacto con vectores y animales con los que jamás habían convivido, lo que facilita la transmisión de enfermedades virales como la que sufrimos actualmente».

En este sentido, Santiago Vega García, catedrático de Sanidad Animal de la Universidad CEU Cardenal Herrera, recuerda que tan solo un 1% de los virus descritos en el planeta han salido a la luz. El 99% restante son una potencial amenaza, «sobre todo si seguimos rompiendo la barrera de la diversidad». Vega compara esta barrera con los diques de contención de una presa, en este caso amenazados por el cambio climático, la globalización que hace que nos movamos con más facilidad y la invasión de los hábitats de los animales. Si estos diques acaban por ceder, las consecuencias pueden ser devastadoras, como una presa arrasando todo a su paso. El catedrático del CEU advierte de que ya nos estamos enfrentando a algunas señales de que este fenómeno ya se ha iniciado y no sólo por la pandemia de coronavirus que estamos sufriendo desde 2020. «El año pasado fue muy cálido y seco en Andalucía, lo que aumentó un 70% la presencia del mosquito tigre y provocó la aparición de la fiebre del Nilo, de la que murieron siete personas». Para este especialista es urgente actuar. «Según la ONU o ponemos medidas de manera inmediata o en 2030 será muy difícil que podamos revertir la tendencia». Un cambio que debe hacerse bajo el concepto de «One Health», «entendiendo que los problemas no se pueden solucionar de manera aislada sino teniendo en cuenta a la vez la salud humana, la de los animales y la salud medioambiental».

Las jornadas también contaron este lunes con la participación de Jorge Olcina, director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante, quien habló de la repercusión del cambio climático en el Mediterráneo, muy marcada por la subida de la temperatura del agua del mar. Un fenómeno, añade Olcina, que hace que «se pierda el confort térmico y se prolongue la temporada calurosa de mayo a octubre, con temperaturas altas mantenidas a lo largo de todo el día». Además, el clima se vuelve extremo, lo que se refleja en episodios como las olas de calor o las lluvias torrenciales. Unas variaciones climáticas que, según Olcina, «tendrán su repercusión en forma de más afecciones cardíacas y respiratorias», al margen de que se favorece el hábitat a vectores transmisores de enfermedades, como los mosquitos.

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