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Álvaro García del Castillo: «El efecto de la pandemia en la salud mental de los adolescentes se verá con claridad en unos años»

Álvaro García del Castillo, doctor en Psicología de la UMH, en el campus ilicitano. | MATÍAS SEGARRA

Álvaro García del Castillo, doctor en Psicología de la UMH, en el campus ilicitano. | MATÍAS SEGARRA

Doctor en psicología de la UMH. Uno de los problemas derivados del covid es el aumento de la adicción juvenil al mundo cibernético. Con este punto inicial, el psicólogo de la UMH analiza otras cuestiones, como la euforia juvenil vinculada al ocio nocturno, los conflictos familiares o el riesgo del anonimato en internet.

¿Cómo valora que los servicios sociales de Elche atiendan ya en adolescentes más casos por abuso de la tecnología que por consumo de drogas?

Es comprensible. Hay que tener en cuenta que las tecnologías que tenemos a nuestro alcance son cada vez más específicas, potentes y versátiles, lo que hace que se puedan utilizar para casi todo y en cualquier sitio. Si hablamos de los móviles, lo que hoy en día tenemos al alcance de la mano es prácticamente un ordenador en miniatura. A esto debemos añadir que los creadores de aplicaciones y de software desarrollan sus aplicaciones pensando en que los usuarios pasen el mayor tiempo posible con ellas.

¿Cuáles son las plataformas y los contenidos que más enganchan a los jóvenes?

Cada dispositivo tiene características diferentes. Dentro de cada uno, podemos encontrar programas, aplicaciones o juegos con características también distintas. Podríamos decir que en los últimos años hemos encontrado un aumento de consumo de aplicaciones de tipo audiovisual con estímulos breves que se personalizan a través de filtros o diferentes prestaciones, como Instagram o TikTok, plataformas de consumo de vídeo, como YouTube o Twitch, y aplicaciones de conversación que se han convertido en una especie de red social, como WhatsApp o Snapchat.

¿Qué indicios alertan sobre la posibilidad de que se produzcan situaciones peligrosas?

Hay que tener claro que las tecnologías en sí mismas no son peligrosas, es potencialmente peligroso el uso que se haga de ellas. Todo reside en saber educar desde la responsabilidad, ayudando a los jóvenes a construir su autonomía con información adecuada y uso coherente en función de su edad y circunstancias. Cualquier conducta puede resultar peligrosa en función del impacto que pueda llegar a tener en la vida de nuestros hijos. El día tiene 24 horas y tenemos que respetar los tiempos de descanso, alimentación, relaciones con amigos y familia, estudio y ocio.

¿De qué manera ha acelerado la pandemia este proceso?

Nos hemos visto obligados a cambiar nuestra forma de relacionarnos, algo que nos ha podido afectar más que a otros países por nuestra idiosincrasia. En el caso de los niños y adolescentes hemos visto que las consecuencias han sido más acentuadas. Los niños necesitan estimulación y contacto social para un adecuado desarrollo socioemocional. Las restricciones en el confinamiento y la desescalada, más allá del aumento del uso de las pantallas, han tenido un efecto sobre la salud mental de nuestros jóvenes que, probablemente, veremos con más claridad cuando hayan transcurrido algunos años.

El exceso de euforia en la desescalada de los jóvenes, ¿qué consecuencias puede acarrear?

No soy muy amigo de las predicciones, eso se lo dejo a economistas y astrólogos, pero algunas voces empiezan a hablar de una explosión tras esta etapa de restricciones en la que habrá un aumento de sexo y rock, por citar un clásico. No sé si la cosa será tan estridente, pero es comprensible que después de tantas limitaciones las personas más jóvenes tengan ganas de recuperar el tiempo perdido cuando les permitan salir de nuevo sin ninguna cortapisa. De hecho, ya estamos viendo como en algunas ciudades de España se están produciendo macrobotellones en calles y playas.

Aislamiento, conflictos, bajada del rendimiento académico… ¿qué más problemas provoca el abuso de la tecnología?

Hablar de abuso de la tecnología en términos absolutos es algo complejo que probablemente nos lleve a error o que haga que las personas se puedan confundir. Cuando nos encontramos con un adolescente que pasa mucho tiempo delante de un dispositivo como el smartphone o consumiendo cualquier otro tipo de tecnología, lo más probable es que esa conducta no sea la causa sino el síntoma. Es importante que ante alguna duda acudamos cuanto antes a un profesional de la psicología que pueda analizar el caso de forma personalizada.

¿Qué claves comparte con los padres para contrarrestar estas situaciones?

Primero los padres tienen que conocer la realidad de las tecnologías, qué características tienen, de qué manera se presentan y cómo se pueden consumir. Después se les informa tanto de sus beneficios como de sus riesgos, en función del tipo de contenido y de uso que se haga, y, finalmente, se proporcionan herramientas para trabajar tanto con ellos como con sus hijos. Muchas veces pensamos que son nuestros hijos los que tienen que cambiar alguna conducta que consideramos inapropiada sin ser conscientes de que quizá nosotros tendríamos que cambiar.

¿Qué peligros pueden esconderse tras las redes sociales?

Como pasa con la televisión, el cine, la radio o la literatura, el contenido debe ser adecuado para cada edad. El problema es que en internet podemos encontrar cualquier cosa y muchas veces escapan de nuestro control. Obviamente el anonimato en red es un arma de doble filo, que en el caso de los adolescentes es altamente peligroso. Nuestra hija adolescente puede creer hablar con un chico de su edad en alguna red y, con el tiempo y algunas fotos que no tendría que haber enviado, se puede encontrar en situación de chantaje o algo peor. Por eso todo depende de una educación en uso responsable.

¿Cuál es su visión de la ludopatía y las apuestas deportivas?

El mundo de las apuestas y la ludopatía es un problema con mayúsculas que puede dañar tanto la vida de la persona que sufre la adicción como la de su familia y entorno. Mientras no hablaría de adicción a redes sociales o a las tecnologías en general, sino que hablaría de un uso inadecuado, abusivo o dañino, en el caso de las apuestas y el juego patológico sí que encontramos un verdadero problema de adicción. La proliferación de salones de juego, así como las casas de apuestas online que patrocinan equipos deportivos, están haciendo mucho daño a los jóvenes.

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