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OPINIÓN

Un año para el reencuentro

La elección de la Bellea del Foc.

La elección de la Bellea del Foc.

No hay Hogueras, pero ya se conoce el nombre de las Belleas del Foc para 2022. Por previsión, esta vez, no será. No hay fiestas, pero sí festivos. Y en Alicante, será más festivo -en lo laboral- el 23 de junio que el día de San Juan. Surrealismo pandémico. No hay plantà, pero se exhiben ninots de corcho sobre contenedores de vidrio. Por el medio ambiente, explican. No hay mascletás, pero se puede disfrutar de un «trampantojo» en la Lonja: un espectáculo de ruido, vibración y olor a pólvora. Virtual y a cubierto, mientras la fuente de Luceros se empieza a poner guapa para 2022 con una restauración que se prolongará medio año. O más, que no hay obra en Alicante que termine en fecha. No habrá fuegos artificiales camino de San Pedro, pero se pueden comprar petardos en casetas para estos días de «no fiesta». Hay «ninots al carrer», pero no hay hogueras en las calles. Tampoco hay Hogueras Oficiales frente al Ayuntamiento, cuando hubo Belén Gigante con una situación epidemiológica mucho peor que la actual. También se ha anunciado el cartel de toros para San Juan: no será la Feria, sino un homenaje a Manzanares medio siglo después de su alternativa, un 24 de junio en la tierra que le vio nacer. Se sabe ya qué dos ninots se salvarán del fuego (uno de Sèneca-Autobusos, para no perder la línea ganadora de los últimos años), aunque no hay Nit de la Cremà este 2021. Y como no hay Cremà, tampoco Palmera; aunque sin monumentos que reducir a cenizas el pasado año, sí que hubo disparo desde el Castillo de Santa Bárbara. Ésta es una de esas cosas que requieren explicación.

Y es que la suspensión por segundo año consecutivo de las Hogueras, junto a las ganas crecientes de Fiesta (ahora que las vacunas han devuelto la esperanza a una sociedad necesitada de ánimo) han dejado un junio atípico, extraño, que esperemos no se repita. Más raro si cabe que en el pasado 2020, donde el sentir, por las preocupaciones, era otro.

Tan excepcional es, esta vez, este mes siempre marcado por las Hogueras en Alicante, que el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, se dejó ver por primera vez en la Gala de Elección de la Bellea del Foc, que estuvo pasada por agua. Lo de la lluvia de raro tiene poco, eso sí. Un Puig que siguió el festival desde el palco de autoridades, junto a su principal rival en la pretensión de seguir al frente del Gobierno autonómico, Carlos Mazón, quien llegó con un lamento que no ocultaba («Y España, jugando ahora mismo...»). Dosis de morbo político entre la tensión festera de la noche. No es habitual ver a los inquilinos de ambos palacios (el del carrer dels Cavallers y el de la avenida de la Estación) por esos lares. ¿Habrá repetición previa a elecciones?

Puig, esta vez, estuvo lo justo. Puede que lo exigible para una primera vez, nunca lo suficiente para salir con decisión de la zona de confort. Tras la instantánea de rigor en el «photocall» con las recién elegidas, se marchó. Era, y se notó, un escenario ajeno a sus rutinas, con más festeros de a pie que altos cargos. Fue tiempo de sobra, eso sí, para que el socialista Francesc Sanguino consiguiera su trofeo de la noche: una foto con el jefe. Se le nota necesitado, y no lo oculta. Tanto es así que hizo que el responsable de prensa del grupo municipal fuera hasta los exteriores de la plaza de toros con un único propósito: inmortalizar un encuentro más que fugaz. Para no perderse el ansiado saludo, hizo guardia frente al acceso de autoridades, sin conversar más allá de lo obligado -por educación- con el resto de cargos políticos presentes. Lo consiguió: se llevó a casa la instantánea con Puig.

No podrá enmarcar, en cambio, la tradicional imagen con la nueva Bellea del Foc y su corte de fuego. El socialista fue el único representante de la Corporación municipal que, pese a acceder al reservado del Patio de Caballos, no se puso para la fotografía de familia (Mario Ortolá ni hizo el amago de entrar al no permitirse el paso a su mujer, la síndica de Vox en las Cortes Valencianas). Desde Protocolo, pese al enganchón reciente con Sanguino, se le buscó entre los presentes. Lo justo, eso sí. El socialista estaba pero como si no estuviera. Lo habitual. Hay cosas que no cambian pese a la excepcionalidad de este junio.

Y hay cosas que sí. En la gala hubo novedades, y de las inesperadas. De las que dan que hablar en los corrillos posteriores. Y no porque la lluvia amagase, sin éxito por suerte, con perpetuar el ya comentado gafe de los actuales gestores de la Fiesta. No. Las novedades inesperadas elevaron la atención sobre el discurso de despedida de la Bellea del Foc de 2019. En ese tramo del festival, no suele haber líneas fuera del guión. Pero este año las hubo. No pasaron desapercibidas, entre los festeros, las cariñosas y prolijas palabras que Isabel Bartual dedicó a las personas que dirigían, de manera provisional, la Federació de Fogueres cuando fue elegida máxima representante de fuego. Mensajes personalizados, nada protocolarios, con pausas necesarias para contener la emoción del momento. Palabras y gestos que contrastaron con ese tránsito de puntillas por los miembros de la actual dirección festera. Cosas de este junio atípico, de dos años que dan para mucho también en la Fiesta.

Tampoco es habitual que los focos apunten a un solo protagonista durante los espectáculos de la Gala de la Elección. La magia reside en los montajes corales, en la unión de las hogueras. Esta vez, por la pandemia, no hubo bailes multitudinarios. Pero sí hubo música. Y aunque el «Hallelujah» que resonó en la plaza dicen que no era un grito de esperanza en la cabeza de Cohen cuando lo compuso allá por los ochenta, este sábado sonó a liberación. A nueva etapa. A pasar pagina. A renovación. A avanzar sin olvidar. A mirar con optimismo al futuro, pese a mantener vivos recuerdos presentes. Un «aleluya» que sumó cientos de voces improvisadas de festeros.

Son muchas las ganas de alcanzar, esta vez sin retorno, la normalidad. Y se perciben. En justo un año, las comisiones vestirán los trajes de gala para el desfile de entrega de premios de cada 22 de junio. Eso significará que ya habrá motivos para celebrar. Mientras tanto, pese a esos ninots que se ven por las calles, esas mascletás virtuales, esa venta de pólvora para calmar el mono, esos toros sin feria, esos festivos sin fiestas y esas Belleas del Foc sin Hogueras, aún quedan pasos por dar para alcanzar la tan anhelada normalidad. Un ansiado escenario que para la Fiesta todavía queda aún más lejos. Un año para que junio sea junio, el mes de las Hogueras, para que Alicante se reencuentre.

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