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A una foto de encontrar la muerte

Una web que recopila accidentes por selfie suma en el mundo 320 fallecimientos como el de Benidorm

Dos turistas se fotografían esta semana en el Castell de Benidorm. | DAVID REVENGA

Dos turistas se fotografían esta semana en el Castell de Benidorm. | DAVID REVENGA

Seguramente iba a ser una foto como muchas otras. La de una chica feliz, de vacaciones en Benidorm. Una chica que se sube a la balaustrada del Castell para inmortalizar en una imagen el momento de alegría y el espectacular paisaje. El pasado viernes esa chica fallecía en el Hospital General de Alicante a consecuencia de los golpes sufridos tras perder el equilibrio y caer por el acantilado hasta el mar. Tenía 26 años.

En 2019, dos jóvenes británicos también murieron al precipitarse desde una altura de 7 metros en un paseo de Orihuela Costa. Querían hacerse una foto y se subieron encima de la barandilla que impide que los viandantes caigan al vacío. Uno de los jóvenes resbaló y el otro trató de sujetarle pero ambos cayeron y chocaron contra el suelo con consecuencias fatales. Tenían 21 y 22 años.

Existe una página web que, bajo el nombre de «Danger selfies», recopila noticias publicadas en todo el mundo sobre muertes producidas por autofotos, entre ellas la de los dos británicos fallecidos en Orihuela y otras dos muertes en Sevilla (un joven polaco que cayó del puente de Triana) y Jaén (otro joven que se electrocutó en el techo de un tren). La web no recoge aún el fallecimiento de la turista ucraniana de Benidorm ni la de otra turista, en este caso noruega, que perdió la vida en Marbella el pasado mayo tras caer de un noveno piso cuando se disponía a retratarse.

Sin estas dos muertes -y es bastante posible que algunas otras-, «Danger Selfies» eleva a 330 el número de personas que han muerto en el mundo tras sufrir un accidente cuando querían fotografiarse haciendo equilibrios en una barandilla, colgando de un precipicio, posando en las vías del tren o asomando la cabeza por la ventanilla del coche.

Hace tres años un informe de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos indicaba que entre 2011 y 2017 habían muerto 259 personas tratando de hacerse un selfi. Reconocían no obstante los investigadores que el número real de muertes en este tipo de accidentes puede ser mucho mayor ya que esta no es la causa que se registra como razón de la defunción.

Cada vez es más habitual que los usuarios de las redes sociales utilicen este escaparate digital para lucir sus mejores instantáneas. Nos hemos convertido a la vez en espectadores y en espectáculo. Los «me gusta» que obtienen nuestras imágenes demuestran que la ancestral necesidad de reconocimiento con la que construimos nuestra identidad se ha potenciado y amplificado gracias a la tecnología y las redes sociales.

Así lo estima Albert Moncusí, profesor del departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València, para quien esta necesidad de inmortalizarnos es propia de una sociedad tan presentista como la nuestra.

A esas dos necesidades de prolongar el presente y de obtener el reconocimiento ajeno hay que unir otra tendencia que también alimenta los comportamientos sociales del siglo XXI. «Aunque no debemos olvidar que el término narcisismo viene ya de los antiguos griegos, sí es posible que la sociedad contemporánea sea especialmente narcisista», reconoce.

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