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José Antonio Monge NEURÓLOGO, COORDINADOR DE LA CONSULTA DE DEMENCIAS DEL HOSPITAL GENERAL DE ALICANTE

«No hay suficientes medios sociosanitarios para el alzhéimer. Las asociaciones están desbordadas»

El avance en el diagnóstico de los enfermos de alzhéimer permite un mejor tratamiento. Sin embargo, la crisis del coronavirus ha supuesto un contratiempo al impedir que los afectados puedan relacionarse con otras personas.

José María Monge, neurólogo del Hospital General de Alicante. | INFORMACIÓN

La creciente longevidad de las personas favorece que tienda a haber un número cada vez mayor de personas con alzhéimer. Para ellas, tal y como recuerda el neurólogo José Antonio Monge, coordinador de la Consulta de Demencias del Hospital General de Alicante, la pandemia de coronavirus ha supuesto un duro golpe, al impedir, o como poco reducir en gran manera, su socialización. La relación con otros individuos, recuerda, es fundamental para tratar de ralentizar el avance del deterioro cognitivo.

Hoy es el Día Mundial del Alzheimer. ¿Cómo han avanzado los diagnósticos a los pacientes en los últimos años?

Desde hace aproximadamente una década hemos estado estandarizando una técnica de diagnóstico precoz, que en los últimos tres años se ha generalizado. Estudiamos el líquido encefalorraquídeo; medimos sus proteínas, vemos si están alteradas. Ahora mismo se está avanzando mucho en el diagnóstico mediante un análisis de sangre; es una técnica que no tenemos aún en nuestro país, pero que en no más allá de cinco años puede estar al menos en un estadio previo a su disponibilidad. Es muy importante porque el diagnóstico precoz es fundamental; cualquier medicamento siempre será mucho más eficaz en las etapas iniciales da la enfermedad.

Y en lo que se refiere a los tratamientos, ¿se están dando también pasos adelante?

Llevamos alrededor de 20 años en los que no ha aparecido ninguna medicación nueva. Son tratamientos que se dirigen hacia los síntomas conductuales, como la agitación, el nerviosismo o la irritabilidad, no hacia los cognitivos. Hace unos meses, en Estados Unidos se aprobó un fármaco que frena la enfermedad llamado Aducanumab, pero los estudios no están totalmente validados porque los resultados no son del todo concluyentes. Estamos pendientes de ver cuál es la reacción de la Agencia Europea del Medicamento, aunque de momento no tenemos noticias al respecto. Al margen de eso, en lo se ha ido avanzando es en educar a las familias, que conozcan qué es mejor en la alimentación o en el entorno de los pacientes.

¿Cuál es el trabajo que se desarrolla con las familias?

La formación de las familias es brutal. Hasta la irrupción de la pandemia de coronavirus hacíamos reuniones periódicas, y en la propia consulta contamos con una enfermera con la que el entorno del paciente puede contactar en momentos agudos. Esto ha permitido evitar muchas hospitalizaciones.

Sin embargo, dice que eso era antes de la pandemia. ¿Cómo ha influido la crisis del covid?

De forma especialmente dañina, porque los pacientes han estado aislados, y eso es fatal para ellos. También han aflorado más casos, por el hecho de ese aislamiento. La socialización es un elemento crucial para ralentizar el curso de la enfermedad.

Esto también habrá repercutido sobre las familias...

Lógicamente lo han sufrido también; hemos visto cómo la enfermedad en algunos casos se ha acelerado. Las familias han notado también esa falta de contacto, sin contar otros aspectos como el de la alimentación, que es uno de los pilares básicos. Y también la estimulación cognitiva ha estado manga por hombro.

La población alcanza unas cotas de longevidad cada vez mayores. ¿Se detecta un incremento de casos de alzhéimer ante esta circunstancia?

Vivimos cada vez más, y la edad está considerada un factor de riesgo. Por encima de los 90 años, un 50% de las personas van a tener un deterioro cognitivo. Por eso es comprensible que vayamos viendo cada vez más pacientes. Eso sí, de momento no cambia sustancialmente el perfil; vemos que el nivel educativo alto se considera un factor preventivo. Quiero decir, la gente que desarrolla más tarde la enfermedad suele tener un nivel educativo alto, ha estimulado más la mente en su vida. Puede ocurrir también lo contrario, pero es más raro.

¿Se observan casos en personas relativamente muy jóvenes para padecer alzhéimer, con menos de 60 años?

Puede ocurrir, pero suelen ser familias muy determinadas, en las que la enfermedad sea dominante por herencia. Algunos, los llegamos a detectar en la fase preclínica, porque los pacientes quieren que les estudie antes incluso de padecer síntomas.

¿De qué manera influyen factores externos como el estrés o el sedentarismo?

Hay que evitar el sendentarismo, tanto físico como mental. La actividad física y mental se considera un factor preventivo. Asimismo, la diabetes, la tensión y el sobrepeso tienen una influencia importante.

Aun así, sigue siendo una enfermedad imprevisible...

Hay factores genéticos predisponentes, pero que no necesariamente van a desarrollar la enfermedad. No hay un perfil genético que a día de hoy nos prediga lo que va a ocurrir.

¿De qué forma valora la concienciación de la sociedad en torno al alzhéimer?

La va habiendo. El hecho de que el nombre de la enfermedad haya pasado a ser una palabra como tal implica que a nivel social está reconocida. Ahora bien, el problema está en los pocos medios con los que contamos para tratarla, no en el ámbito sanitario, sino en el sociosanitario. Me refiero a tener espacios para estos pacientes, o al hecho de poder hacerles una estimulación cognitiva. Estamos muy cortos en este aspecto, y las asociaciones están totalmente desbordadas. Es una limitación muy importante, de la que las administraciones deben ser conscientes.

Igual que vivimos más, tendemos a vivir más solos. ¿Esto supone un problema?

Es un factor a tener en cuenta. Si la persona tiene una socialización adecuada, en principio la soledad da igual; pero una vez se diagnostica el alzhéimer, si la persona no tiene una familia detrás, puede ser más complicado. Puede acelerarse su entrada en una residencia porque no haya nadie que se pueda hacer cargo de ella.

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