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Los tratamientos por adicción al móvil de niños y adolescentes se duplican

Los centros asistenciales atienden a menores desde 12 años con terapias de hasta nueve meses - Los psicólogos esperan un aumento de pacientes cada vez más jóvenes tras la pandemia con problemas de juego patológico y consumo de pornografía

Varios menores con sus móviles, que para ellos es «todo», según señalan ellos mismos. | RAFA ARJONES

Menores enganchados a los teléfonos móviles ya con 12 años y 13 años. El número de niños y adolescentes en tratamiento en centros asistenciales y consultas de psicólogos por adicción a estos dispositivos y otras pantallas se ha duplicado en la pandemia, que ha potenciado el acercamiento a la tecnología para paliar el aburrimiento y la soledad: los profesionales esperan un repunte exponencial de pacientes cada vez más jóvenes por el choque que supondrá la deshabituación a estos aparatos con la vuelta la normalidad. Las terapias para que los menores se desenganchen se prolongan hasta 9 meses en los casos más graves. El uso excesivo de las pantallas puede esconder otras conductas adictivas como el juego patológico, las apuestas online incluso sustrayendo la tarjeta a los padres, consumo de pornografía (siete de cada diez se inician con 12 años, según Save The Children), y una sobreexposición de datos personales en las redes sociales que les aboca a sufrir acoso sexual online por adultos.

El móvil inteligente es el rey de las tecnologías. Lo poseen un 70% de los menores de 10 a 15 años: es el dispositivo más empleado para acceder a internet, según el Observatorio Nacional de las Telecomunicaciones. El último dato de la Conselleria de Sanidad (2020) indica que un 5% de pacientes menores en tratamiento por adicciones en la sanidad pública de la provincia (142) lo eran por internet, móvil, juegos y redes.

Un informe de la Asociación Española de Pediatría de 2021 alerta de que más de la mitad de los adolescentes y preadolescentes hacen un uso abusivo de las pantallas. Un estudio previo a la pandemia de la Concejalía de Educación y la Universidad de Alicante, dentro del Plan Municipal de Prevención de las Drogodependencias, en base a cuestionarios entre alumnos de 4º de ESO y FP Básica, revelaba que los adolescentes superan las 4 horas al día en mensajería y redes sociales, tiempo agravado desde el confinamiento.

Los expertos distinguen entre riesgo, problema y adicción. La Asociación Alicantina de Afectados por la Ludopatía y otras adicciones «Vida Libre», que coordina el psicólogo Antonio Castaños, asesora gratuitamente a las familias. Los centros asistenciales realizan el primer contacto con los progenitores, que a menudo mantienen diferencias importantes de criterio sobre lo que sucede a sus hijos. ¿Cuándo deben preocuparse los padres sobre una posible adicción? El experto da una serie de claves: daño al proceso de maduración del menor con un empeoramiento del rendimiento escolar; apatía en actividades necesarias para su desarrollo; ocultación y mentira; irritabilidad y rechazo a cualquier medida para limitar el uso del móvil; levantarse de madrugada para mirar el teléfono; gasto excesivo; y uso compulsivo de las tecnologías en respuesta al requerimiento de los padres de que dejen el móvil.

Cuando los profesionales diagnostican la adicción, se trabaja con el menor, que suele argumentar que todos sus amigos lo hacen, lo que les lleva a una percepción de normalidad. Una vez aceptado el trastorno, se instala en el móvil el control parental para que no puedan apostar ni jugar online; se les enseña técnicas de autocontrol para evitar el impulso; y a normalizar el uso de las tecnologías con la recomposición de las relaciones personales deterioradas, y la recuperación de tareas escolares y horarios razonables, bajo la responsabilidad de los padres. Las sesiones de seguimiento buscan evitar que sufran retrocesos.

La Asociación Española de Pediatría afirma que más de dos horas al día de conexión a cualquier pantalla es ya abuso. Carlos, un adolescente alicantino de 15 años, reconoce un promedio diario por encima de las 6 horas usando el móvil. Afirma que sabe «controlar bastante bien». «Veo habitualmente a amigos muy enganchados, y si quedamos no es para estar jugando todo el rato», apunta. De hecho refiere que algunos de ellos pasan 13 horas diarias usando el móvil entre semana, «duermen bastante poco, se quedan ahí por la noche con Tik-Tok, Instagram...A algunos les cuesta estudiar». Este adolescente señala que desde la pandemia se han comprado más móviles y a niños más pequeños. A él se lo dieron sus padres a los 8 años pero sin redes sociales ni Whatsapp hasta los 12 años. Para los adolescentes sería muy complicado prescindir del móvil, «para nosotros es todo, básicamente», admite. De hecho, observa cómo en clase «bastante gente lo saca a escondidas pese a estar prohibido». En los centros se produjo un repunte de rebeldía con el móvil cuando empezaron a volver a la presencialidad, admite José Miguel Pareja, presidente de la Asociación Profesional de la Orientación de la Comunidad (Apocova) y orientador educativo en Alicante. Los reglamentos de régimen interior prohíben el uso de móviles pero «los alumnos suelen llevarlos en el bolsillo o la mochila, y algunos los sacan en el patio». En esos casos, «se trata de guiarles diciéndoles que no es el momento. Se les pide y la mayoría lo entrega. Si se enrabietan se comunica a la Jefatura de Estudios, que los guarda en la caja fuerte y llama a los padres. Cuando vienen, les contamos que se han negado a dar el móvil y se han enfadado muchísimo. Se alerta de que puede existir una conducta de riesgo y de que han de implicarse en algo que puede ser muy grave para el futuro de sus hijos».

El doctor en Psicología Enrique Madrid, autor de una tesis sobre adicciones tecnológicas, afirma que los adolescentes cada vez tienen un ocio más digitalizado. Influye la comodidad de un aparato que pueden llevar a todos lados, con pantallas más grandes que utilizan para jugar, así como la parte de intimidad que les permite encerrarse con él en su habitación. Este experto es crítico con los padres, que utilizan el móvil como instrumento de control. «Hay autores que lo llaman la correa digital. Les damos un dispositivo cuando empiezan a salir, a los 11 o los 12 años, para tranquilidad de los progenitores, y acaba convirtiéndose en abuso y dependencia con facilidad porque a esa edad tan temprana los adolescentes no tienen un desarrollo óptimo a nivel cerebral para un buen control de los impulsos». Madrid recalca que las tecnológicas son la estrella de las adicciones conductuales y que se establecen mucho más rápido que las de sustancias químicas. Algo que les gusta a rabiar se ha establecido, afirma, como seña de identidad de la población adolescente. «Antes dejabas de ser un niño cuando llevabas una ropa concreta o te sacabas el carné de la Vespino. Ahora lo hacen a través del móvil, de los juegos a los que juegan, de tener cuenta en Instagram, de los likes». Tienen identidad digital y sienten pánico a quedarse fuera de los grupos de Whatsapp. A los docentes llegan casos de alumnos a los que excluyen, o insultan en los grupos, que afrontan con distintas herramientas.

El móvil tiene un componente emocional. Según un estudio de la Universidad de Alicante, el 40% de los adolescentes se conectan cuando están «de bajón»; y el 36% para olvidar sentimientos negativos. El psicólogo David López, experto en adicción al móvil, habla de «síndrome de abstinencia» con malestar emocional si no pueden utilizarlo o tenerlo en sus manos, y alerta del tiempo excesivo usando aplicaciones, «que puede ser infinito» ya que el móvil les permite escuchar música, ver sus series favoritas, hablar, chatear, jugar, con tics y automatismos que se convierten en un gesto constante, «como si el móvil fuera la continuación de la mano». «Al final todo es móvil y genera un tiempo excesivo que puede interferir en la vida cotidiana, en el tiempo de estudio, con los amigos, y la familia, en actividades deportivas y más productivas que se van a reducir empeorando su estado anímico», apunta el experto, que considera absurdo recomendar la entrega del móvil, como sería ideal, a los 16 años porque ya se está produciendo a los 12 años. En todo caso, aconseja permitirles chatear una hora y media al día después de las obligaciones escolares, tiempo que el psicólogo de Vida Libre reduce a 10 ó 15 minutos tres veces al día entre semana, y permitir jugar a videojuegos los fines de semana pero no más de tres horas. Por su parte, Pareja insta a las familias a establecer una estrategia digital con un espacio común en casa donde dejar móviles y tablets; definir horas de desconexión; buscar actividades familiares conjuntas alternativas a cualquier pantalla incluida la televisión; prohibir el uso de móviles durante las comidas; evitar conectarse desde dos horas antes de irse a la cama y dejar los móviles fuera del dormitorio, donde no puedan cogerlos. Todos coinciden en que no hay que demonizar las tecnologías sino guiar a los adolescentes, enseñarles a su buen uso, ver a qué juegan, y ser adultos coherentes. Es decir, no usar el móvil si se está pidiendo a los hijos que lo dejen.

Señales de que un menor tiene dependencia al móvil

El uso abusivo del móvil tiene como consecuencias más sedentarismo, obesidad, alteración del sueño, problemas de atención y más conflictos familiares.

  1. Bajón en las notas. Fracaso escolar de buenos estudiantes. Se aíslan de la familia. Cambios en rutinas y aficiones.
  2. Menores que se niegan a dejar el móvil fuera de la mesilla de noche para dormir. Los expertos afirman que es señal de adicción importante, así como negarse a entregar el móvil a los padres al hacer las tareas escolares y querer tenerlo todo el día encima.
  3. Alteraciones del sueño. Los padres no se enteran de que se levantan de madrugada para usar las tecnologías. 
  4. Apatía y cambios de humor. Están más irascibles. Empiezan a cambiar de amigos.
  5. Picos de ansiedad si se les quita el móvil. El estrés les lleva, según los expertos, a ponerse «rabiosísimos», síntoma de un problema. Puede derivar en ansiedad o depresión.

Qué pueden hacer los padres antes de ir al especialista

Pautas que pueden imponer las familias antes de tener que recurrir a un experto. La primera sería obligarles a darles las claves.

  1. Tiempo para compartir actividades en familia. Ver lo que hacen con el móvil y dialogar sobre los riesgos y efectos negativos de sus conductas. 
  2. Promover un uso razonable de las pantallas. Entre semana evitar el uso excesivo de redes sociales y videojuegos, en todo caso siempre después de las tareas escolares y otras actividades básicas; y los fines de semana permitir un uso comedido, con la presencia intermitente del padre o la madre. 
  3. No a los móviles en los dormitorios ni en las comidas. Para evitar que tengan los aparatos a su libre disposición y su uso obsesivo.
  4. Utilizar el control parental. Lo incorporan la mayoría de móviles y los expertos lo aconsejan si las medidas educativas no surten efecto. Programar el uso en el tiempo y el tipo de actividad para que los menores se adapten a ellas. 

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