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Un joven vive desde hace cuatro meses en el esqueleto de un edificio de Alicante

Una construcción que se quedó a medio terminar en San Antón sirve de refugio a un argelino de 28 años desde hace cuatro meses

Los enseres del hombre en el inmueble sin paredes, desde el que se divisa el Castillo. | RAFA ARJONES

Sin paredes. Cáritas atiende en la provincia a más de 1.200 personas sin hogar y no todos conocen los recursos municipales, como el albergue en Alicante. Es el caso del joven que lleva cuatro meses durmiendo en el esqueleto de un edificio de San Antón.

La gente le ayuda proporcionándole alimentos y enseres pero no sabe dónde ir, no habla castellano, está perdido en Alicante. Es lo que cuenta el joven de 28 años que desde hace cuatro meses duerme en el segundo piso de un edificio que se quedó a medio construir en el barrio de San Antón, en la prolongación de Alfonso el Sabio, en las inmediaciones del centro tradicional. El esqueleto de lo que iban a ser viviendas con vistas al Castillo de Santa Bárbara en un solar edificado, según los vecinos, por un promotor extranjero que lo dejó a medias se ha convertido en refugio, por ahora, de un argelino que espera bajo techo pero sin paredes a que se resuelva su situación administrativa, señala, para poder regresar a su país. En la segunda planta del edificio, a la que se accede por empinadas escaleras sin protección alguna, tiene un colchón, un sillón, mantas, bolsas llenas de ropa y botellas de agua, entre otros enseres.

Así lo explica en francés. No quiere dar su nombre, solo cuenta que quiere volver a Argelia por razones familiares después de 5 años realizando diversos trabajos en Alemania que prefiere reservarse. Sí que explica que en su país, antes de emigrar, estudiaba Derecho pero no terminó la carrera. Afirma también que el Consulado de Francia le está ayudando con los trámites necesarios y a resolver los problemas que le impiden volver.

«No encuentro trabajo, no tengo alojamiento y tengo que vivir aquí», señala. Lleva cinco meses en Alicante, al principio en la calle y después en el esqueleto del edificio en San Antón, donde se siente más seguro y tranquilo, admite. Se busca la vida como puede, encuentra comida en la calle, no sabe dónde están los argelinos que viven en Alicante ni llegar al albergue, en la avenida Doctor Jiménez Díaz, donde pueden ducharse o cargar los teléfonos móviles.

El joven destaca la ayuda desinteresada de la gente mientras mira hacia el monte Benacantil, por cuyos senderos y escaleras bajan turistas que acaban de visitar el Castillo de Santa Bárbara y van buscando el centro. Sin embargo, hay vecinos de la zona que alertan de que se trata de un asentamiento sin condiciones sanitarias ni de seguridad, y acusan a las autoridades de mirar para otro lado. El barrio de San Antón tiene un perímetro de apenas dos kilómetros pero sufre una extensa problemática que pasa por la enorme turistificación, con casas de alquiler ilegal; el abandono de su patrimonio con un centenar de edificios vacíos, muchos de ellos tapiados; la okupación ilegal de una importante parte de ellos; y la pérdida del tejido comercial de hace décadas, además de reyertas, tráfico de estupefacientes, y más de 200 solares abandonados, foco de ratas y hasta alacranes en los que ha intervenido Sanidad. Esta situación ha sido reiteradamente denunciada por los vecinos, que añaden quejas por la falta de vigilancia y limpieza. En este barrio viven unas dos mil personas.

El joven argelino no es el primero que se refugia en un edificio sin terminar en Alicante. En otro bloque de viviendas próximo al Hospital General de Alicante que se quedó a medio construir durante la crisis llegaron a vivir en 2017 una treintena de personas sin hogar, casi todos hombres, españoles e inmigrantes, la mayoría a partir de 50 años, que se repartían los espacios, formando habitáculos, en el sótano y en varias plantas del edificio sin paredes. En la actualidad el inmueble sigue inacabado pero está cerrado, con más vallas de protección, y ya no vive nadie allí. Por entonces, Cruz Roja, Cáritas y una asociación cristiana les llevaban comida caliente o bocadillos, y los vecinos les dejaban bolsas con alimentos y ropa en la entrada.

Algunos de ellos dormían en tiendas de campaña sujetas a los pilares para que no se las llevara el viento que, en pleno invierno, azotaba con fuerza, por lo que encendían hogueras para calentarse del frío. De momento ese problema no lo tiene el argelino refugiado en San Antón por la bonanza climatológica de los meses que lleva en Alicante aunque en la estructura se nota el viento y él mismo, a pleno día, se tapa para protegerse de la brisa que se nota en altura.

El joven en el segundo piso del edificio en construcción en el barrio de San Antón. Explica que allí pasa el día y duerme a la espera de que se resuelva su situación administrativa. | RAFA ARJONES

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