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El cementerio rescata al año 200 nichos abandonados tras localizar a los herederos

El Ayuntamiento construye un millar de sepulturas en altura para cubrir las necesidadesQuejas por las tumbas en estado ruinoso

Un hombre limpia un nicho en la parte antigua del recinto, donde hay decenas abandonados. PILAR CORTÉS

El cementerio de Alicante recupera 200 nichos vacíos y abandonados de concesiones caducadas al año tras una ardua labor de búsqueda de familiares y herederos. Estos espacios de inhumación se suman a las nuevas sepulturas disponibles en altura, 960 nichos construidos en la zona de ampliación en el marco del plan aprobado en enero con una inversión de 1,4 millones y que está al 90% de ejecución, según explicaron desde el área de Infraestructuras, lo que daría para cubrir las necesidades. El recinto tiene 28.000 nichos, de ellos 1.400 construidos en los dos últimos años ante los problemas de falta de suelo en el recinto.

El Ayuntamiento lleva 5 años recuperando sepulturas en suelo y nichos con concesiones caducadas para tener más espacio para inhumar. El procedimiento de localización de los herederos es complejo, de ahí que en el camposanto haya decenas de sepulturas deterioradas y vacías, lo que provoca las quejas de los usuarios que suelen acudir asiduamente a cuidar las de sus familias. El Ayuntamiento no puede intervenir porque los concesionarios están amparados por el derecho funerario: sería ilegal hacer mejoras en esos espacios y aún menos revertirlos, por lo que hay que esperar a que la concesión caduque para buscar a los herederos y rescatarlos con el fin de darles un nuevo uso, informan fuentes municipales. Una vez localizados, la mayoría opta por dejarlos libres en lugar de renovar la concesión y se trasladan los huesos normalmente al osario municipal.

Una tumba en el suelo en el camposanto de Alicante. pilar cortés

El cementerio, que recibirá un aluvión de visitas por Todos los Santos, se inauguró en 1918, habilitado sin terminar por el aumento de fallecidos a causa de la gripe española, explica la asociación cultural Alicante Vivo. En este camposanto yacen 166.000 personas en tumbas, nichos y panteones, que hasta 2014 eran concesiones de 100 años. La norma cambió pasando a ser adjudicaciones a 75 años, aunque las hay también a 5 años. El cementerio ha hecho recientemente expedientes de monda (exhumación de restos humanos para conducirlos a la fosa o al osario) , pero ya están usados en inhumaciones comunes y de servicios sociales. El 90% de espacios que se recuperan están en mal estado.

Las familias que tienen una concesión están obligadas a mantener estos espacios en condiciones. Hay personas que acuden no solo a limpiar las lápidas, también pintan; sustituyen las letras perdidas de los nombres de los fallecidos; y ponen las baldosas de alrededor de la tumba cuando se rompen o las roban, como le ha ocurrido a Francisco Martín, sorprendido porque el cementerio no se hiciera cargo, de ahí que él mismo haya comprado y colocado los 5 ladrillos desaparecidos.

El régimen de concesiones solo permite a la autoridad municipal enterrar, incinerar, trasladar restos y hacer reducciones. «La gente se queja de que hay sepulturas ruinosas y abandonadas pero es el concesionario el que tiene que arreglarlas. En el cementerio de Alicante no se paga nada de mantenimiento, otros ayuntamientos sí que lo cobran». Los rescates se hacen al caducar el uso privativo del dominio público. Cuando los descendientes no aparecen -hay familias que enterraron a su bisabuelo y no han vuelto-, los cementerios lo notifican en el boletín oficial o se recurre al juzgado para que el suelo revierta a los ayuntamientos al ser público, extrayéndose los restos con destino a los osarios. También puede ocurrir que antes de expirar el periodo de concesión, las familias digan que no quieren la tumba o el nicho. «Entonces revierte a cambio de un determinado dinero para el concesionario».

Otro visitante repone las baldosas que, afirma, robaron de la tumba familiar. Pilar Cortés

Casi tantas incineraciones como inhumaciones

Las cremaciones alcanzan en algunas localidades el 50% desde que empezó la pandemia

Los nichos y tumbas abandonados, olvidados y con herederos ilocalizables afectan sobre todo a los enterramientos más antiguos. El abandono de las sepulturas tiene que ver también con la renuncia de los descendientes a tener a sus difuntos en nichos familiares, que optan con cada vez más frecuencia por las incineraciones. Influye el cambio de mentalidad de la población joven, que acude menos a visitar los cementerios, sobre todo cuando los difuntos no son sus padres sino tíos que murieron sin descendencia, o bien parientes lejanos.

El covid-19 ha disparado las cremaciones, que desde que comenzó la pandemia prácticamente se han igualado a las inhumaciones en algunas localidades. Como ejemplo, en marzo de 2020, primer mes de crisis sanitaria, el cementerio alicantino llevó a cabo 115 enterramientos, 25 menos que en el mismo mes de 2019. En abril 126 por 100 del año anterior.

Si la sociedad continúa eligiendo la incineración como destino final para sus difuntos, el porcentaje de cremación de fallecidos alcanzará el 60% en 2025, según la proyección que realiza la Asociación Nacional de Servicios Funerarios (Panasef). La media estatal fue del 44,5% en 2019 con un crecimiento anual del 3%.

Según la empresa de servicios funerarios ASV, entre las personas de más de 75 años la costumbre generalizada es la de la inhumación pero en el resto de generaciones han observado que la tendencia ha cambiado y se apuesta más por la incineración al aceptarse de forma generalizada que se trata de «una opción válida y, hasta, preferente para la disposición final del difunto». 

Si el titular fallece, la unidad de enterramiento suele heredarla un pariente, lo que requiere el trámite municipal de modificación de titularidad (transmisión) que muchas personas tampoco tramitan. El Ayuntamiento interviene de oficio cuando hay peligro, por ejemplo, de que se derrumbe el tejado de algún grupo de nichos; o a instancia de parte, cuando la familia que tiene la concesión pide permiso para hacer una reforma, aunque los materiales y la obra corren a cargo también del adjudicatario. El cementerio se rige desde este año por un nuevo reglamento que sustituye al de 1940.

El proyecto del bipartito prevé conectar el viejo y el nuevo camposanto. El edil José Ramón González adelantó que se contempla «la construcción de edificación mortuoria, como nichos y columbarios (en 2016 se agotaron) con la mejor sistemática para que genere el mayor número de enterramientos posibles».

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