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La Cuarta Vía

¿El Gobierno se toma en broma la conexión en tren del aeropuerto con Alicante y Elche?

La deuda de inversiones del Ejecutivo con la provincia es impresentable y, pese a que trate de evitarlo, salpica también a un Consell que hasta ahora ha perdido todas las batallas en Madrid

Un avión a puntode tomar tierra enel aeropuerto provincial esta semana.

Nunca puede ser una buena noticia perder un ministro valenciano, pero esperamos y confiamos en que la nueva ministra tenga sensibilidad con la provincia de Alicante» Con estas palabras recibió en julio Perfecto Palacio, presidente de CEV-Alicante, la defenestración de José Luis Ábalos como titular del Ministerio de Fomento, el organismo del Estado que más fondos maneja y que es clave para asegurar el desarrollo de las infraestructuras. Palacio trataba de recibir con esperanza el nombramiento de Raquel Sánchez como la nueva dueña de la cartera a la vez que le que pidió sensibilidad. A la primera oportunidad, desilusión -ni cien euros en inversiones por alicantino- y la misma sensación de siempre. Los ciudadanos de esta provincia, la quinta de España, pese a quien le pese, no pintamos nada ni en Madrid ni tampoco en València, por mucho que desde el Consell, el actual, el de Fabra, el de Camps, el de Zaplana (miren, el hoy hundido algo hizo por la provincia además de sacar tajada propia) y hasta el del recordado, por algunos, Lerma, se intente siempre defender lo contrario.

Pintamos, digo, muy poco en Valencia y cero en Madrid, como se ha vuelto a demostrar, una vez más, en la puesta de largo de los presupuestos de 2022. Cuentas cercanas a los 200 millones de euros en inversiones para 2022, en las que nos quieren vender la energía fotovoltaica como la panacea para solucionar el problema hídrico (4,5 hm3 aprobados este mes del Tajo para los regantes de Alicante y Murcia), y en la que no aparece prácticamente ni un euro para compensar los 4.000 millones que nos debe el Ejecutivo a cargo de lo que se nos dejó de consignar en el periodo 2008-2018, según los números con los que la CEV y la Cámara de Comercio trataron de sacar los colores a Pedro Sánchez cuando en 2019, hace ya dos años, presentaron el informe «Alicante Horizonte 2020-2030. Necesidades de Infraestructuras en la provincia de Alicante», en el que se pedía la urgente realización de diez obras para no congestionar el futuro de la provincia. ¿Saben cuántas se han planificado? Ninguna.

Otoño tras otoño van pasando los años y ya van ocho desde que en 2013 el AVE llegara a Alicante (última gran obra porque el ramal a Elche ya estaba planificado), a esa especie de estación de latón que nos dejó el Gobierno de Rajoy pero que al menos nos permite viajar a Madrid en tren en poco más de dos horas y cuarto. Un tren en el que llegó la entonces todopoderosa ministra Ana Pastor, a la que hay que agradecer que se acabara la obra - las previsiones eran otras-, aunque lo dejara inacabado, pues tras la salida Pastor no se ha vuelto a hacer nada. Incluso recuerdo el día hace ya unos años, no tantos, en el que un alto cargo del equipo de Pastor, en concreto el entonces presidente de Adif, llegó a mofarse en una comida en Alicante (no me lo han contado porque estaba sentado en la mesa) de la reclamación que hacía la ciudad de un enlace ferroviario con el aeropuerto, algo que la UE recomienda desde 2000. Ni el Ayuntamiento, ni el Consell abrieron la boca entonces. Este último tampoco la abrirá ahora o lo hará a su modo, como cuando defiende el Tajo-Segura, sin dar un puñetazo sobre la mesa, y así seguimos. Sin el tren, mientras no hay en toda Europa aeropuerto del tamaño del de Alicante que no lo tenga. Dicen los que saben de política que Ximo Puig es ahora mismo el más valorado y posicionado de los barones socialistas. No lo pongo en duda, faltaría más, pero los hechos se le vuelven en contra. El agua cada día más comprometida, y de infraestructuras, más que cortitos.

La lista de agravio es infinita. Capital resulta el retraso en la finalización del Corredor Mediterráneo y la mejora del acceso ferroviario al puerto de Alicante con la electrificación de la línea en principio con un tercer carril. Resulta estratégico dotar al corredor ferroviario de un intercambiador de mercancías en San Isidro (Vega Baja), otro en el área funcional de Alicante-Elche con zona franca, y un tercero para las mercancías en el eje Novelda/Villena. ¿A qué les suena? Pues la primera vez que oí hablar del tema fue en el año 2000, en una reunión en Murcia en la que se decidió el trazado del AVE y en la que ya se dijo entonces que el Corredor Mediterráneo era incluso más importante que el AVE. Pues bien. El viaje en tren a Barcelona sigue en cinco horas.

En materia de infraestructura viaria las carencias sieguen siendo históricas. Urge un tercer carril en la autovía que conecta Alicante y Elche desde la circunvalación A-70, la duplicación de la CV-95 Orihuela –Torrevieja para incrementar la capacidad y reducir tiempos de recorrido y aumentar la seguridad vial. Y no menos urgente es el tercer carril en cada sentido para la A-31 entre Elda y Monforte del Cid. La saturación crónica que sufre la autovía volvió a agravarse este verano con los desplazamientos estivales y los accidentes mortales no se detienen. En Madrid, como si oyen llover. Por otro lado, aumentar la capacidad de la N-332 a su paso por Torrevieja (variante) dando continuidad a los tramos ejecutados es también clave, pero un año más sigue en el cajón.

Y qué les voy a contar del eterno bloqueo del proyecto del Tren de la Costa Valencia-Alicante. Una conexión ferroviaria entre los municipios de València y Alicante, con estaciones en Dénia, Benissa y Benidorm para favorecer la movilidad tanto de residentes como de turistas convirtiendo la estación de Cercanías de la UA en la estación de Alicante Norte. Además de aliviar la AP-7 permitiría el viejo sueño del sector turístico: la llegada del AVE a Benidorm, una prestación pendiente desde hace 21 años cuando entonces desde el Consell se reclamó silencio a los hoteleros para que el AVE no se quedara en Albacete.

La lista de agravios es, por lo tanto, infinita, injusta y lesiva para una provincia llamada a ser la Florida de Europa, y no solo por el turismo, que, poco a poco, va viendo como pierde partida tras partida. ¿Quizá por estar en medio de Murcia y Valencia? ¿Quizá porque nos están pasando factura las corruptelas pasadas? ¿Ya no interesan nuestros votos? ¿Nos pierde nuestro carácter dócil? Perdimos el poder financiero tras la desaparición de la CAM y Bancaja, el Puerto no se sabe muy bien en lo que se ha quedado, el AVE llegó de milagro y, menos mal, tenemos uno de los mejores aeropuertos de Europa que funciona como un reloj suizo de puertas para adentro, pero que es una isla en medio del territorio pese a haber mejorado sus accesos viarios, ojo, en un tramo de cuatro kilómetros, tampoco nos vayamos muy arriba.

El abandono de la Administración central, recuerdo, mantiene paralizados 17 proyectos de infraestructuras que, a bote pronto, supondrían una inyección de 4.000 millones de euros y el mantenimiento de 80.000 empleos durante varios años. Los que se tardarían, por ejemplo, en remodelar las autovías hacia Murcia y Villena.

La obra pública se ha demostrado como un motor de empleo, y cuantas más personas estemos trabajando menos presión tendrá el necesitado sistema de atención social, castigado y golpeado por la pandemia. Por eso, debe aprovecharse esa bolsa de millones de euros que viene de Europa, que, bien utilizados, aliviarían la tragedia económica en la que el covid ha sumido a muchas familias alicantinas, no sólo a las relacionadas con la hostelería y el turismo en general, pero tampoco en estos parece que nuestros gestores aciertan. Menos subvención y más trabajo. No conozco a nadie que quiera vivir del subsidio del paro, por lo que la crisis se combate con empleo, y ahí están los cálculos de los gurús económicos. Por cada millón de euros en obra pública se mantienen 25 empleos. ¿Cuántas pruebas más necesita el Gobierno para dejar de castigar a la provincia?

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