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PSICOPEDAGOGO

Paco Buigues: «Hemos pasado de los padres prepotentes o autoritarios a los impotentes o que no ponen límites»

Paco Buigues, profesional de psicopedagogía PILAR CORTÉS

Invitado por la Asociación Infancias de profesionales por el buen de desarrollo de la infancia, el experto psicopedagogo Paco Buigues desentraña el porqué y modo de abordar las alteraciones graves de conducta en una generación con modelo educativos parentales que nada tienen que ver con el de hace décadas.

¿Han cambiado con el tiempo la alteraciones graves de la conducta en los niños o vienen a ser las mismas?

Las causas son distintas. Hace décadas tenían que ver con modelos educativos autoritarios y de violencia parental con los hijos, que se reproducía de modo transgeneracional. Esto ha cambiado a los modelos educativos parentales que tienen más que ver con modelos laxistas o permisivos y de sobreprotección, dejan a los niños con una falta de normas desde la función patena. Hemos pasado de algunos padres prepotentes con un estilo autoritario punitivo, a padres impotentes con dificultades para poner límites, acordar normas y hacerlas cumplir, así como para distribuir responsabilidades. Son padres incapaces de poner normas porque huyen del modelo autoritario que han heredado.

¿Desde qué edad convienen estas normas?

Es parte de su aprendizaje. Para regular su conducta los niños necesitan adultos que les regulen. El lenguaje funciona no solo de forma externa sino también interna. Por ejemplo, si se les dice que no se puede cruzar el semáforo, interiorizan desde los cinco a seis años ese comportamiento. O si pega al hermano se le dice «tienes ganar de pegar al hermano pero en casa no nos pegamos».

¿Lo entienden y asumen de esta forma?

Los niños en realidad necesitan dos cosas, cariño o afecto y aceptación. La comunicación amorosa y las normas o limites que les ayuden en el aprendizaje. Sin esto muchos niños están perdidos y tienen verdaderas dificultades. La autoridad etimológicamente implica ayudarles a aprender. Por ejemplo se tolera la emoción de la ira, la rabia o el enfado, pero no el comportamiento de agredir, insultar, romper material o mobiliario.

¿Cómo valora el progresivo auge del maltrato de hijos a padres alertado recientemente por profesionales juristas y psicólogos en las jornadas organizadas por el Síndic de Greuges?

Los seres humanos no venimos preparados con mecanismos de regulación, se tienen que enseñar. Cada vez hay más estadísticas a nivel judicial, educativo desde el programa Previ de convivencia escolar, con mas casos que reflejan que los que presentan violencia escolar hacia otros niños y profesores antes la han tenido filoparental. Algunos tan inmaduros no llegan a sacarlo en la escuela si el maestro ejerce su autoridad. Pero si faltan las palabras y el acompañamiento, es tremendo y traumático. La genética es el punto de partida pero la cultura y las relaciones crean la biológica. Las disfunciones familiares no vienen en los genes, la conducta se aprende.

¿Cómo llegan a ser alteraciones graves?

La personalidad no viene dada, se construye en relación con figuras importantes en la familia, los profesores, es lo que aprenden y les produce mucho daño emocional que se traduce en conductas desajustadas y agresivas. Van sintiendo el rechazo de los padres, luego de sus iguales en la escuela y sufren mucho, tienen un gran sufrimiento interior. La autoestima y el autoconcepto lo tienen muy bajo, se sienten indignos por sus experiencias de fracaso. Pero de niños casi todos, a cierta edad temprana, intentan manejar y conseguir lo que quieren, y si lo consiguen, ese mecanismo actúa como sustituto del cariño y el afecto. Si los padres ceden ante las rabietas, aprenden compulsivamente, quieren dominar a los adultos, no aprenden de las necesidades de los demás. Nunca tienen bastante y recurren a las rabietas primero y después a las agresiones, como factor relativamente nuevo.

¿Se puede revertir?

Es un tema muy complejo. Ante casos tan difíciles necesitamos una metodología de construcción conjunta de cada caso, una metodología de trabajo sistemático, encontrarnos para formular hipótesis conjuntas. Los centros educativos también necesitan crear equipos y pequeñas redes de trabajo para entender las conductas inadecuadas y ver de dónde viene el dolor emocional para que el niño lo acepte. La aceptación del niño y su familia por parte del centro son cuestiones centrales, se debe crear un vínculo, pero a la vez hay que dejarle claro que se no se le van a consentir conductas inadecuadas y que hay procedimientos y restricciones si las actitudes son violentas, para dar seguridad a los otros niños. La escuela debe ser inclusiva y son niños muy difíciles de incluir con una cultura profesional tan parcializada, por un lado los servicios educativos, por otro los sociales, y por otro las Usmi o unidades de salud mental.

¿Importa la edad a la que se interviene?

El proceso de resiliencia es posible casi a cualquier edad, aunque es más complicado cuanto mayor se es, por eso es muy importante empezar cuanto antes. En Infantil, con tres años de edad, ya se les ven conductas de mandar y de violencia contra iguales. Trabajarlo en casa y en el colegio conjuntamente es muy importante. Ese trabajo familiar es fundamental, seguramente hay problemas escondidos, a los padres les da vergüenza reconocer que su hijo les trata mal, y no hay asociaciones de niños que maltratan a sus padres. Cuesta darse cuenta pero siempre hay motivos profundos para que pase algo así. A través de las Usmi, el acompañante terapéutico permite trabajar con la familia y la escuela, y acompañar al progenitor en clase y en la familia, porque los hay que no pueden llevarlos al parque porque no se pueden manejar con ellos.

¿Algún consejo o método de choque inicial?

Enseñar con la contención amorosa. Te abrazo pero te contengo. Ante las conductas muy reiterativas con una curva muy agresiva, el abrazo amoroso actúa de contención y luego llega el momento de hablar, de decirle que mamá te quiere mucho pero no va a consentir que pegues. Y que papá y mamá se apoyen ante las descalificaciones del hijo.

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