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El regreso a los pueblos pierde fuelle tras el auge por la pandemia

Los empadronamientos en los municipios más pequeños se moderan ante el final de las restricciones aunque en muchas localidades la inmigración desde otras zonas de España continúa superando a la emigración

Dos personas caminando en Fageca, en la comarca de El Comtat. JUANI RUZ

El regreso a los pueblos ha perdido fuelle tras el gran auge que experimentó a raíz de la pandemia de coronavirus. Lo ponen de manifiesto los datos de variaciones residenciales de 2021, publicados hace pocos días por el Instituto Nacional de Estadísitca (INE), que muestran que 33 de los 64 municipios de la provincia de Alicante que no llegan a los 2.000 habitantes tuvieron el año pasado menos empadronamientos de personas procedentes de otras zonas de España que en 2020. Entonces, con la imagen del confinamiento instalada en el imaginario colectivo y fuertes restricciones a la movilidad en vigor, fueron 42 las localidades que registraron más altas en el padrón que en 2019.

Un año después, se evidencia que esa vuelta a los espacios rurales tuvo una parte de burbuja, animada por las circunstancias, pero la moderación con la que han descendido los empadronamientos en los pueblos da también a entender que no ha sido una circunstancia totalmente pasajera. En este sentido, en una gran mayoría de municipios el saldo migratorio interior volvió a ser positivo el año pasado; en concreto, 47 localidades tuvieron más altas en el padrón desde otras zonas de España que bajas, mientras que en 15 fue el caso contrario y en las dos restantes el saldo fue 0. Eso sí, en 2020 habían sido 53 con saldo positivo y solo seis con resultado negativo, y cinco habían tenido tantas altas como bajas.

Las altas cifras de empadronamientos en los pueblos en 2020 y su moderación en 2021 revelan, en cualquier caso, un innegable impacto de la pandemia. El confinamiento hizo que los espacios rurales, o al menos no tan urbanizados como las grandes ciudades, pasaran a verse con un mayor atractivo por ser, en general, lugares más abiertos, que en circunstancias de confinamiento primero y de restricciones a la movilidad después conferían una mayor calidad de vida. El desinfle de los datos, eso sí, confirma en parte los temores expresados por algunos responsables municipales acerca de que para muchas personas volver al pueblo fuera solo una situación transitoria, un trámite para esperar a que la pandemia escampara por completo.

Con todo, las cifras tampoco dan la razón a los más pesimistas. Es aún pronto para aventurar si en 2022, ya sin ningún tipo de restricción o limitación de movilidad, los empadronamientos en los municipios pequeños seguirán en descenso, pero a la vista queda también que el hecho de que continúa habiendo más inmigración que emigración en estas localidades, y que esto es un signo de que los espacios rurales se han revelado como lugares con una mayor calidad de vida ante situaciones complicadas como una pandemia. Ahora bien, hay que tener en cuenta que "los pueblos" no son un concepto homogéneo, y que hay muchos factores que condicionan el posible establecimiento de población.

Así, resulta bastante fácil de comprender el hecho de que entre los municipios con un saldo migratorio interior negativo haya varios de la Vall de Seta, en El Comtat, el área más despoblada de la provincia. En Tollos no hubo en todo 2021 ninguna alta en el padrón procedente del resto de España, y en cambio sí se registraron seis bajas. La diferencia también fue de -2 en Benimassot y -7 en Balones, mientras que en Fageca y Famorca el resultado sí fue positivo, aunque por la mínima, 1 y 2 respectivamente. Es evidente que factores como la escasa población y dotación de servicios y una accesibilidad más complicada no ayudan. La excepción, eso sí, la marcó Quatretondeta, con 17 altas y solo una baja, es decir, un saldo de +16, un dato mucho mejor que el de 2020, que fue negativo.

Las circunstancias de zonas como El Comtat y el interior de la Marina Baixa y la Marina Alta distan años luz del panorama de otras localidades más grandes, dentro de la modestia, como Tibi, con casi 1.700 habitantes, bien comunicada y dotada de servicios básicos y con varias alternativas económicas, pero que desde la perspectiva de grandes núcleos urbanos como Alicante no deja de ser un entorno "rural", mucho más abierto que el de una ciudad; algo similar puede decirse de Aigües. Estas dos localidades tuvieron en 2021 menos altas en sus padrones que en 2020, pero aun así las cifras fueron altas: 109 y 80 personas, respectivamente.

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