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Los bajos precios y el aumento de costes abocan a la desaparición de 10.000 hectáreas de cultivos en la provincia

La gran mayoría de parcelas que se abandonarán son de naranjas, una fruta que se va quedar en mínimos en Alicante tras una ruinosa campaña - Muchos agricultores tratan de salvar sus campos reconvirtiendo la producción a productos más rentables - La medida desertifica más la provincia

Un enorme campo de cultivo de Algorfa donde en los últimos años se han cultivado naranjas y cuyo dueño ha decido injertar todos los árboles con mandarinos al considerar que es un producto más rentable. TONY SEVILLA

A sus 33 años, Paco Girona es uno de los empresarios agrícolas más jóvenes de la provincia. Siente pasión por lo que hace, sacar adelante una explotación citrícola de 95 hectáreas de limón, mandarina y naranja en la pedanía oriolana de Arneva. Sin embargo, reconoce, no con cierto aire de tristeza, que «llevo cinco años en esto y es muy duro estar pensando si te compensa o no, y cuando se habla del relevo generacional y me pregunta un joven si merece la pena seguir en el campo, no sé ni qué contestarle». Girona está cambiando los 300.000 kilos de naranja de 11 hectáreas que producía por otro cultivo, en este caso el limón de la variedad Verna «que sale más rentable». Es uno de los muchos agricultores de la provincia que están o reconvirtiendo sus cultivos o, simplemente, abandonándolos. Los bajos precios, el incremento de los costes y la incertidumbre con el agua abocan este año a la desaparición de 10.000 hectáreas de cultivo en la provincia, de las 130.000 que quedan cultivables. «Es un drama», lamenta el presidente de Asaja Alicante, José Vicente Andreu

La superproducción y los bajos precios que se están pagando en origen por determinadas frutas y hortalizas, que ni cubren los costes de producción, están detrás del abandono y reconversión de más de 10.000 hectáreas, que se unirán a las 50.000 que ya se han perdido en la provincia en los últimos 20 años. Y otra consecuencia del cambio climático y el abandono de los cultivos: se dispara la erosión en la provincia de Alicante, que pierde en 20 años un 30% del suelo fértil. La desertificación se agravará en los próximos años con la pérdida de más hectáreas cultivables, alertan los expertos.

Además de los bajos precios, este año se ha producido la tormenta perfecta para que los agricultores se piensen dos veces el seguir con parte de su producción, con un incremento de costes agravado por la desbocada inflación. Además, la climatología cada vez más extrema, con fuertes lluvias y heladas esta pasada primavera que han dado al traste con gran parte de la producción, unido a la competencia de terceros países que ha eliminado la preferencia comunitaria (consumir primero lo que produce el país), un principio que regía desde 1962 con la PAC, y la incertidumbre que hay sobre la disponibilidad y los costes del agua, con los trasvases del Júcar y el Tajo en el aire, llevan a esta situación, según explica el técnico de Asaja Lorenzo Chinchilla. «Si juntamos todo, es una especie de invitación a los agricultores a que lo dejen», señala y advierte de que se está produciendo un arranque de cultivos por la falta de rentabilidad. «Y, a pesar de todo, los agricultores siguen apostando por el sector, es admirable», añade.

Parcela de la Vega Baja con naranjas sin recoger y tiradas por el suelo esta campaña. TONY SEVILLA

El cultivo más ruinoso, con diferencia, es el de la naranja. De hecho, casi la totalidad de las 10.000 hectáreas que dejarán de cultivarse o se reconvertirán tienen plantaciones de naranjos. Los precios de la naranja Navel Late se están pagando en las últimas semanas a entre 7 y 12 céntimos, cuando para cubrir los costes no deberían bajar de los 25 céntimos. «Están sacando un tercio de lo que le cuesta la producción, están perdiendo unos 16 céntimos por kilo de naranja, es insostenible», sostiene Andreu. «Una ruina», lamenta Paco Girona, quien recibió en 2020 el premio Joven Agricultor por parte de Asaja, mientras muestra los más de 4.000 naranjos a los que está poniendo injertos para que la próxima campaña den limones de la variedad Verna. En diez años se ha perdido un tercio de la superficie de cultivo de naranja en la provincia, y va a más.

«El abandono del campo es algo ya endémico; hay un índice muy preocupante de cese de actividad»

José Vicente Andreu - Presidente de Asaja Alicante

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No es el único cultivo que ha tenido problemas, otros tan tradicionales en Alicante como la cereza, la uva de mesa y la almendra han tenido o están teniendo una pésima campaña. Las plagas, como la xylella y la avispilla, tampoco lo están poniendo fácil a los agricultores. En el caso de la almendra, las heladas de abril han dado al traste con el 70% de la producción nacional. A pesar de la baja previsión baja de cosecha, se están reduciendo los precios que se pagan a los agricultores por el producto. Y el consumo se está retrayendo por el alto precio en los supermercados tanto de ese fruto seco, como de la mayoría de frutas y hortalizas. «Cuando los agricultores entran en pérdidas, les toca tomar decisiones drásticas y una de ellas es arrancar», explica Chinchilla.

 De momento, este año, el 60% de la naranja de la provincia se ha quedado sin recoger. Ha sido la campaña más ruinosa que se recuerda. Y los agricultores no quieren repetir experiencia. «El abandono del campo es algo ya endémico; hay un índice muy preocupante de cese de actividad», advierte José Vicente Andreu.

"Cuando se habla del relevo generacional y me pregunta un joven si merece la pena seguir en el campo, no sé ni qué contestarle"

Paco Girona - Empresario agrícola

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Otro motivo de abandono del campo son los altos precios de las materias primas y del gasoil, derivado de la alta inflación tras la pandemia y potenciado después por la guerra en Ucrania. El precio del gasoil agrícola se ha triplicado. Hace justo un año, estaba a 60 céntimos el litro, y ahora se paga a 1,57 euros. «Si un agricultor tiene varios tractores, eso le funde», expresa Andreu, quien ve insuficientes las ayudas estatales, que suponen hasta 6.000 euros por agricultor, a razón de 200 euros por hectárea. «Es insignificante, aunque no reivindico subvenciones, lo que pido es que todos los que intervienen en la cadena sean responsables y no quieran sacar partida en estos momentos de crisis», manifiesta. 

Un injerto en un naranjo de una finca agrícola. TONY SEVILLA

Thierry Callewaert es otro de los empresarios agrícolas que ha decidido transformar sus cultivos antes de abandonarlos, en el caso de las naranjas. Así, está transformando 13 hectáreas de las 20 de naranjos que tiene en Algorfa para cultivar mandarinas, que suelen tener un precio más alto, tras haberlo hecho anteriormente con otras 14 hectáreas. «El precio de las naranjas ha sido dramático tanto en convencional como la ecológica», explica este agricultor. 

En diez años se ha perdido un tercio de la superficie de cultivo de naranja en la provincia, y va a más.

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La naranja ecológica que se vendía en origen a unos 60 céntimos se ha estado pagando a 25 céntimos, muy por debajo del precio de coste para un cultivo ecológico. Está injertando mandarinos en más de 5.000 naranjos. «En ecológico no hay exceso de producción, así que no hay excusa para pagar esos bajos precios», indica. Y, si bien el precio en origen ha bajado «de forma drástica y dramática», el de destino para el consumidor final es el mismo. «Me bajan de 60 a 25 céntimos y en el supermercado cuesta lo mismo, aquí hay alguien que se está poniendo las botas y eso no se puede consentir», manifiesta Callewaert, quien no ve lógico que habiendo oferta de cítricos en la provincia en los lineales de los supermercados estén vendiendo los de Sudáfrica. «El consumidor debería concienciarse de esto y decir que no consume un producto de fuera si ve que los hay en los campos que le rodean, es una economía circular», zanja. 

«Me bajan de 60 a 25 céntimos y en el supermercado cuesta lo mismo, aquí hay alguien que se está poniendo las botas y eso no se puede consentir»

Thierry Callewaert - Empresario agrícola

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Pedro Valero, de Asaja en Elche, lamenta que se estén subiendo los márgenes entre el precio de origen y el de destino. «A duras penas vamos a poder pagar los costes que tenemos», lamenta, lo que provoca que muchos agricultores estén pensando en tirar la toalla y abandonar el campo. «En los márgenes de comercialización es donde está el problema», asegura, e insta al consumidor a comprar productos de kilómetro cero. También denuncia las trabas burocráticas y medioambientales por la retirada de productos fitosanitarios. «Con eso del eslogan de sostenibilidad y medio ambiente, está haciendo que muchos decidan abandonar», indica. 

«En los márgenes de comercialización es donde está el problema»

Pedro Valero - Asaja Elche

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Y hay agricultores que han visto una salida rentable en vender sus parcelas de cultivo para «plantar» plantas solares, que están creciendo como setas en la provincia.

Alcachofas y naranjas cierran las peor campaña en años


Dos cultivos muy diferentes, pero unidos esta campaña por el mismo destino, quedarse en gran parte sin recoger. Las alcachofas y los cítricos, en concreto las naranjas, han cerrado una de las campañas más ruinosas que se recuerdan. En el caso de las alcachofas, las más tardías se han vendido a unos precios bajos y, lo que es peor, con el 30% de su producción sin recoger.

Muchos en la Vega Baja, donde se cultiva esta hortaliza, que tradicionalmente ha sido la más rentable para los agricultores, se han preguntado en las últimas semanas el por qué había tantas alcachofas en los campos sin recolectar, dejando morir su inflorescencia. Una de cada tres alcachofas que se debían recolectar entre marzo y mayo se han quedado en el campo. «Lo nunca visto», señala con sorpresa el presidente de Asaja Alicante, José Vicente Andreu. La naranja se ha dejado en el campo el 60% de su producción.


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