Carlos Navarro ha sido uno de los pilotos de los casi 30 medios aéreos que han luchado durante cuatro días para controlar el incendio forestal que se inició en la Vall d’Ebo y se propagó al Comtat. Y lo ha hecho al mando del helicóptero del Grupo de Rescate del Consorcio Provincial de Bomberos. El piloto Carlos Navarro, de 40 años y natural de Sant Joan d'Alacant, pertenece a la empresa Rotorsun -que tiene subcontratas con varias administraciones-, es instructor en operaciones contra incendios y exalumno de la escuela European Flyers. Como piloto lleva siete años trabajando, pero los 15 anteriores ya estuvo prestando servicio en brigadas helitransportadas y como brigada forestal, por lo que sabe bien de lo que habla.

¿Cómo se enfrenta un piloto de emergencias a un operativo en el que, como ha sido el caso de la Vall d’Ebo, ha contado con cerca de 30 helicópteros, avionetas e hidroaviones combatiendo el fuego casi al mismo tiempo?

Ante todo con mucha concentración y dedicación en nuestra labor. Una de las principales cuestiones es el entrenamiento recurrente que realizamos todos los pilotos de helicópteros y aviones que nos dedicamos a las operaciones tanto de rescate como de incendios. Debido a la normativa que regula las operaciones de extinción de incendios y salvamento, hay unos entrenamientos recurrentes y unas verificaciones, tanto en vuelo real como en simulador, para poder estar preparados para enfrentarnos a diferentes emergencias, no solo las emergencias en sí, sino también a los problemas o posibles emergencias que puedas tener en la aeronave. Además de toda la parte aeronáutica, la de la propia operación. Son muchos detalles que tienes que estar muy pendiente, repasando conceptos de la operación, como tener preparados los puntos de recogida de agua y la región donde estás trabajando, así como tener preparado el resto del dispositivo que trabaja en la misión y conocer un poco toda la estructura del incendio.

¿Se siente miedo en estas situaciones?

Más que miedo respeto. Respeto ante ciertas adversidades, ante situaciones peligrosas, sobre todo influenciado por las condiciones atmosféricas en las que volamos, cerca del terreno, con obstáculos, con otros medios aéreos..., pero no miedo, es respeto.

Un fallo de coordinación puede tener consecuencias terribles con cerca de treinta helicópteros y aviones volando en la misma zona...

Evidentemente sí. Es una de las piedras angulares de la propia operación en sí. La coordinación de los medios aéreos y la operación conjunta con los medios terrestres es una de las claves en la lucha contra incendios. El potencial de los medios aéreos con el trabajo de los medios terrestres es la clave para llevar las operaciones e intentar minimizar las consecuencias del incendio. Actualmente estamos ante incendios que están fuera de capacidad de extinción, por sus velocidades de propagación, por la situación general que hay en cuanto al abandono del territorio y la poca gestión forestal que hay. A nivel coordinación tenemos una mayor exigencia y debido un poco al aumento de número de medios aéreos y terrestres, en general, en todos los sistemas de extinción, la coordinación adquiere una importancia mayor.

¿Como se ha desarrollado el operativo en el incendio que se inició en la Vall d’Ebo y se extendió a la comarca del Comtat?

El operativo de actuación lo ha intentado como siempre. Hay unas estructuras de las diferentes agencias que, a través de los centros de coordinación de emergencias y de los propios servicios, movilizan los despachos automáticos a los diferentes incendios que se producen. Ante situaciones adversas como la que teníamos prevista para los días en los que se ha desarrollado el incendio, se movilizan todos los recursos disponibles. Hablamos de condiciones adversas a nivel meteorológico y de los combustibles forestales, a los que se suman diferentes entradas a lo largo del anterior mes y medio, con advecciones sur del Sahara y una primavera muy lluviosa. La situación ha sido una confluencia de factores que en otras décadas ya ha ocurrido y que en este momento se ha producido de nuevo. Es uno de los mayores incendios forestales que ha habido en la historia de la provincia de Alicante y eso lleva gestándose décadas. El dispositivo ha ido intentando adaptarse a las condiciones, pero está claro que debemos de hacer autocrítica y analizar lo ocurrido. Hay mucho que trabajar y mejorar en todos los sentidos. Debido a una simultaneidad de incendios en diferentes regiones, conlleva que los medios que puedan despacharse a los grandes incendios estén más limitados.

¿Es desolador el paisaje que se ve desde el aire?

Desde luego. No vemos los detalles desde arriba, pero desde el aire, en cuanto sobrevuelas el perímetro del incendio y ves la extensión que abarca, es bastante desolador. Sí que es verdad que siempre nos queremos aferrar a que la naturaleza es dura y reacciona. Es hora de escuchar a los diferentes expertos en gestión forestal y del territorio. Llevan años advirtiendo sobre la necesidad de recuperar los usos tradicionales y la gestión forestal. Ya no solo vale la prevención.

Carlos Navarro junto al helicóptero del Consorcio Provincial de Bomberos de la Diputación. PILAR CORTES

¿Cual ha sido el peor momento vivido como piloto de emergencias?

Viene acompañado de la pérdida de algún compañero, de algún amigo personal y compañero. Desgraciadamente es una actividad con un riesgo asociado importante y a lo largo de los años en algún momento pierdes a un amigo. Uno de los peores momentos que he vivido fue con un amigo íntimo con el que estaba muy estrechamente relacionado. Tuvo un accidente en Chile con un avión de extinción de incendios. Fue duro perderlo.

¿Cuál es el mayor riesgo al que se enfrenta un piloto de emergencias en un incendio de grandes proporciones?

El mayor riesgo es el tipo de vuelo en sí. En un gran incendio las condiciones atmosféricas son bastante adversas, a nivel temperatura, corrientes térmicas y vientos. Normalmente es un vuelo a baja cota, donde hay muchos obstáculos. También hay que tener en cuenta la concentración de medios en el incendio y el propio riesgo de tener una emergencia en la aeronave.

¿Qué diferencia a los pilotos de emergencias de los comerciales?

La diferencia fundamental es que en una línea aérea está todo mucho más planificado, es una operación más medida, aunque tiene igualmente sus complejidades. Los pilotos de emergencias nos enfrentamos en ocasiones a situaciones que nos hacen estar continuamente tomando decisiones y evaluando las situaciones para operaciones que no sabes qué va a pasar o ha pasado. Tienes que estar muy preparado para ese tipo de emergencia. La compenetración con el equipo es fundamental.

¿Es una profesión con poco paro?

Actualmente todos los alumnos que salen de las escuelas de helicópteros en España están ingresando directamente en las compañías al finalizar. En las compañías estamos muy pendientes de la gente que termina porque hay una necesidad muy importante, fundamentalmente en verano, de pilotos de helicóptero. No hay un relevo generacional continuo, porque durante muchos años había poca gente en las escuelas porque no les era atractiva la salida de piloto de helicóptero y además es una formación costosa. Había muchas dudas de tener una salida directa de incorporación pero ahora sí, aunque hay cierta temporalidad por la contratación para las campañas de incendios.

¿Cree que los jóvenes optan por otras profesiones por el coste de la formación para ser piloto?

El coste para muchos es una barrera muy importante. En mi caso, después de haber estado con brigadas helitransportadas y en extinción de incendios desde el suelo, como brigada forestal, uno de mis frenos era el coste. Hasta que no tuve más edad y por circunstancias económicas pude permitírmelo no di el paso. Es una tónica general. La incorporación a las escuelas de helicópteros suele ser muy vocacional, con alumnos de ciertas franjas de edad más avanzadas, en torno a los 30 años. Sin embargo, para el piloto de línea en avión la incorporación es más joven.