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Las sectas aumentan en la provincia con la pandemia hasta alcanzar el medio centenar

Los gurús cambian sus métodos para captar a los adeptos por las redes sociales aprovechando el aislamiento social del covid y adoctrinando a grupos más reducidos con mensajes de sanación y ecologismo

Las sectas buscan cada vez más entornos naturales para realizar rituales bajo el pretexto de conectar con la energías de la Tierra. EFE

El coronavirus ha transformado muchos aspectos sociales y el mundo de las sectas no ha sido ajeno a esos cambios. La pandemia ha diversificado la naturaleza de estos grupos, ha variado sus métodos de actuación y ha incrementado su número. De hecho, en la provincia de Alicante las estimaciones de los expertos apuntan a la presencia de medio centenar de sectas, veinte más que las que se calculaba que había en 2010. Muchas de ellas camufladas bajo la apariencia de ONG y asociaciones legalmente constituidas que persiguen fines totalmente altruistas y loables.

La provincia concentra una de cada cinco sectas de todo el país pero ahora el principal reclamo para captar adeptos ya no gira esencialmente en torno a una idea religiosa. Con la crisis sanitaria y económica, la guerra y los nuevos valores sociales, el «gancho» se basa ahora en la sanación espiritual, en la cura emocional a través de la trascendencia, el amor por la naturaleza, el pensamiento mágico, la conjunción con el universo, la vuelta al mundo rural y la salvación de unos pocos elegidos ante el inminente apocalipsis. Todo ello instrumentalizado a través de los retiros en el campo, las prácticas en busca de la paz interior, las terapias de depuración y curación, las técnicas de armonía con la naturaleza así como la reconstrucción de aldeas abandonadas para recuperar la vida ancestral. Momentos que el «maestro» utiliza para adoctrinar a sus «discípulos» hasta conseguir su propósito que, en su grado máximo, es el sometimiento absoluto. 

Para los gurús ha sido más fácil engañar a sus víctimas aprovechando el aislamiento, la soledad y la angustia de estos dos años de miedo, incertidumbre y restricciones para evitar la proliferación del virus. La pandemia ha propiciado, incluso, una extraña interrelación entre sectas de extrema derecha y de extrema izquierda, conspiracionistas y negacionistas del covid junto a defensores de la existencia de los platillos volantes y de los encuentros con extraterrestres venidos de otras galaxias. 

Muchas sectas ofrecen técnicas de sanación y relajación para captar a sus adeptos. EFE

Los líderes utilizan cada vez más las redes sociales para trasmitir sus mensajes. De hecho, las sectas se están digitalizando y los contactos físicos entre sus miembros son mucho más esporádicos y alargados en el tiempo que años atrás. Dominan las últimas tendencias de imagen, marketing y estrategia en busca del impacto visual para atraer a posibles sectarios. Precisamente por eso retocan las fotografías que difunden por internet para cautivar a los internautas y, con el mismo fin, estudian al detalle los mensajes persuasivos que emiten para moldear conductas y forjar opiniones. Son perfectamente conocedores de que en la actualidad la imagen se ha convertido en un mecanismo de poder y control social y cultural. Algo en lo que tienen mucho que ver las nuevas tecnologías.

También está cambiando su composición, organización de poder y localización. La hegemonía se está repartiendo de forma horizontal para que la percepción del riesgo disminuya entre las posibles víctimas. Es, en realidad, una estrategia porque el "iluminado" sigue dominando al grupo sin ser tan visible su figura para eludir responsabilidades en caso de denuncias. Las sectas tampoco son tan numerosas como lo eran antaño. Es más difícil someter a muchas personas y ejercer un control férreo sobre sus movimientos y contactos con los "enemigos" del exterior. Principalmente familiares, amigos y compañeros del trabajo. Son los agujeros en la red que pueden evitar cuando los colectivos son más reducidos. De ahí que ahora el número de seguidores no supere la veintena. Y respecto a la implantación, investigadores del fenómeno como el psicoterapeuta y psicoanalista Miguel Perlado y el psiquiatra y profesor de la Universidad de Cádiz Leonardo Casais, advierten de un creciente éxodo de los núcleos urbanos al campo. Buscan enclaves recónditos y despoblados donde pueden pasar más fácilmente inadvertidos. Por eso es cada vez más frecuente la práctica de asentarse en pueblos abandonados bajo el pretexto de reconstruirlos para habitarlos.  

Actuación policial

En este ámbito los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado solo pueden actuar cuando se han interpuesto denuncias o cuando se tiene conocimiento de que se están cometiendo actividades delictivas. Por ejemplo reteniendo a personas en contra de su voluntad, amenazándolas, coaccionándolas, estafándolas, forzándolas sexualmente o incluso obligándolas a ingerir determinadas drogas alucinógenas como la Ayahuasca, que se suele ingerir en el rito iniciático que marca la transición de un estado a otro en la vida de una persona. 

Ni la Policía Nacional ni la Guardia Civil disponen de unidades específicas que realicen un seguimiento estrecho de las sectas. Tampoco existe un registro legal de las mismas. De hecho, contravendría el ordenamiento jurídico. También en este aspecto los líderes suelen bordear las leyes y demuestran un gran conocimiento de la normativa penal para no incurrir en la comisión de ningún delito. Además, las líneas son muy finas a la hora de poder demostrar el control coercitivo que una persona puede ejercer sobre otra. Solo en la legislación británica existe un tipo penal para juzgar estos casos pero está restringido a las relaciones de pareja. 

Los rituales forman parte de las técnicas de control mental de los adeptos por parte del "maestro". EFE

Una vez que se ha ingresado en una secta, en la mayoría de las ocasiones por curiosidad o buscando apoyo, la Asociación Iberoamericana para la Investigación del Abuso Psicológico advierte de que comienza entonces el abuso y la absorción psicológica. Y el proceso, que responde a pautas que se repiten en mayor o menor grado, termina convirtiéndolos en «esclavos» manipulados para minar su confianza y aumentar su sentimiento de miedo, culpa, sumisión y dependencia emocional. En los momentos iniciales las víctimas creen que controlan el proceso y que se mueven en un ambiente de amigos. Sin embargo, con el paso del tiempo aparece un deterioro que altera de forma gradual la percepción que tiene de la realidad y gira por completo sus valores personales y sociales. Todas las personas de su entorno se dan cuenta de su transformación menos la propia víctima, que sucumbe a un método planificado por el líder para inculcarle el aislamiento y el fundamentalismo.

250 sectas en España

Para Miguel Perlado la sociedad se enfrenta a un problema que no se debe obviar ya que, según las últimas estimaciones, afecta al 1% de la población española. Una cifra que corre pareja a la del resto de países de Europa y EE UU. Pero una gran parte de las 250 sectas operativas en España -y es una cifra a la baja- se concentran en la Comunidad Valenciana. «No es un fenómeno muy preocupante aunque tampoco es ínfimo. Pero es necesario que los poderes públicos lo aborden porque tiene un impacto sobre la salud y puede generar un daño en las familias y en la sociedad en su conjunto», apunta Miguel Perlado, coordinador el Grupo de Trabajo en Derivas Sectarias del Colegio Oficial de Psicología. Él sabe muy bien de lo que habla por experiencia propia y porque lleva 20 años ayudando a las víctimas a «desprogramarse», orientando a las familias afectadas y evaluando las secuelas psicológicas en el ámbito forense.  

«Las sectas entran por el corazón, no por la cabeza»

Miguel Perlado es psicólogo clínico, fundador de la Asociación Iberoamericana sobre Abuso Psicológico, es el mayor experto en sectas y relaciones abusivas en España y Latinoamérica. Interviene regularmente como perito especialista en sectas en los juzgados, es supervisor en el Instituto de Psicología Forense de Barcelona y forma parte del Comité Científico de la Federación Europea de Información sobre Sectas.

Su último libro lleva por título «¡Captados!» y es una completa guía acerca de las sectas donde se desvela lo que son, cómo funcionan y cómo ayudar.

Con el nivel de información que existe ¿por qué la gente sigue cayendo en las sectas? 

Porque tienen carencias emocionales. Las sectas siempre entran por el corazón de la persona, nunca por su cabeza. No es un problema racional. Con la pandemia muchas personas han quedado «tocadas» y para captarlas las sectas las seducen en los primeros momentos proporcionándoles una falsa sensación de amistad, aprobación e importancia donde no falta la adulación y el ofrecimiento desinteresado de ayuda. "Si nuestras vidas se han cruzado es porque nos ha unido la energía"; "Eres una persona con grandes valores que solo unos pocos podemos apreciar"; "Tienes una misión especial que cumplir en esta vida"; "Si te unes al grupo te vamos ayudar", son algunas de las frases que las víctimas suelen escuchar en los momentos iniciales del proceso.  

¿Y cómo se evita?

Lo más importante es el fortalecimiento emocional de las personas pero en estos tiempos socialmente convulsos que vivimos, y con la actual crisis de valores, cada vez hay menos equilibrio psicológico y solidez emocional. 

Miguel Perlado. INFORMACIÓN

¿Por qué los gurús son capaces de someter a personas cultas y con formación?

Sufren una perversión narcisista y una locura lúcida que arrastra a las personas y las instrumentaliza. Aunque muchos de ellos apenas tienen estudios poseen una gran capacidad para radiografiar a las personas y captar sus vulnerabilidades, deseos y frustraciones. En una simple conversación pueden localizar los puntos débiles de sus víctimas y ofrecerles soluciones a sus problemas. Consiguen cautivarlos y cuentan con la ayuda incondicional de un grupo reducido de personas, su núcleo de hierro, que le ayudan a conseguir sus espurios propósitos.  

¿Y qué peligro corren los adeptos? 

El líder exige a sus miembros una convicción, devoción y dedicación que pueden perjudicar, hasta extremos realmente peligrosos, tanto a ellos como a sus allegados y familiares.

¿Tan negativa ha sido la pandemia en este ámbito?

Sí. Ha habido un solo aspecto positivo y es que la falta de contacto físico por el confinamiento ha permitido a algunos adeptos abandonar el grupo con más facilidad.

¿Qué diferencia a las sectas de ahora de las de antes?

Ahora están más conectadas y globalizadas. Funcionan como multinacionales de la iluminación que hacen un uso extensivo de actores célebres y de informes favorables emitidos por profesores de renombre. Y aunque estamos ante un fenómeno globalizado, existen diferentes tipos de agrupaciones o movimientos sectarios, y diversos perfiles de seguidores.

¿Cuál es el papel de las religiones?

Las religiones no son sectas pero las sectas pueden utilizarlas y extenderse a través de ellas. Por eso sería conveniente que las diferentes religiones elaborasen un libro blanco para determinar sus prácticas saludables y, de este modo, diferenciarse de cualquier ideario sectario.

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