Corría el 24 de marzo de 1958 cuando Alicante asistía a la instalación del que fue su primer semáforo. La avenida de Alfonso el Sabio fue el lugar elegido para colocar este dispositivo a modo de prueba, para ver si era útil para mejorar el tráfico en la zona, que entonces, claro está, era mucho menor que el actual: un millar de coches diarios.

Pronto se demostró su efectividad, por lo que llegaron más que se distribuyeron por toda la ciudad. Durante años, el primero de todos facilitó tanto el tránsito rodado como el paso de los peatones entre la Avenida de Alfonso el Sabio y las calles Castaños y Capitán Segarra.

Estaba fabricado de hierro fundido y su sistema de funcionamiento, visto hoy, resulta arcaico. Así informaba el 25 de marzo de 1958 este periódico sobre su instalación:

La noticia sobre los primeros semáforos en la ciudad

Al día siguiente, otro artículo de INFORMACIÓN señalaba que la expectación ciudadana en torno a la novedad de esta señalización luminosa fue tal que hubo personas que lo "estrenaron" cruzando la calzada una y otra vez en ambas direcciones.

Artículo de INFORMACIÓN sobre la colocación del primer semáforo de Alicante

Pese a su tosco sistema de cableado, estéticamente era bonito, por lo que el Ayuntamiento de Alicante decidió restaurarlo a su aspecto original, con el poste pintado de rojo y blanco, e instalarlo como elemento decorativo en la ciudad.

El sitio escogido fue en la calle Cándida Jimeno Gargallo, a escasos metros de la entrada de la Casa de la Festa que alberga el Museu de Fogueres. Fue inaugurado el 21 de septiembre de 2013. Desde entonces, durante algunas horas del día incluso "funciona", cambiando de color.

La intención es que sirviera de hito donde los turistas y los propios alicantinos se hicieran fotos junto a un vestigio vivo del pasado de la ciudad.

Sin embargo, el primer semáforo de la ciudad se ha convertido con el tiempo en un ejemplo más del poco amor propio que los alicantinos profesan hacia su patrimonio.

A pesar de que hace un tiempo el Ayuntamiento, tras las quejas recibidas sobre su estado por parte de varios ciudadanos, procedió a limpiarlo de pintadas y a retirarle las pegatinas y los carteles pegados a su poste, en la actualidad vuelve a estar hecho unos zorros.

El primer semáforo de la historia de Alicante está lleno de pintadas y pegatinas J. A. Giménez

Tampoco hay (y si existe, desde luego no está en un lugar visible ni destacado) ninguna placa que explique lo que es y por qué está ahí. Lo que los políticos dicen hoy en día "ponerlo en valor".

Aunque la ordenanza municipal contempla multas para quienes hagan grafitis o peguen carteles en el mobiliario urbano, no parece que la "amenaza" de sanciones económicas disuada a quienes deciden ensuciar el primer semáforo de la ciudad con pegatinas, cartelitos y pintarrajos. Quizá sea porque las mismas brillan tanto por su ausencia como el civismo ciudadano y la limpieza y mantenimiento de los hitos turísticos de Alicante.