El sociólogo Carlos Gómez Gil, profesor titular del departamento de Análisis Económico Aplicado de la Universidad de Alicante e investigador del Instituto de Economía Internacional (IEI), ha publicado un libro, junto a José Ramón González Parada, que propone un recorrido por un tiempo de transformaciones gigantescas que tienen al planeta como protagonista y al hombre como sujeto de ese cambio histórico. El análisis incorpora el vuelco climático y la crisis ecológica, adentrándose en la crisis social desde el estudio de la pobreza a escala planetaria y dirigiendo el foco hacia el nuevo capitalismo. También se habla de unos de esos asuntos de los que muchos opinan y pocos conocen como el profesor Gómez Gil, como son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Su libro se titula "El debate sobre el Antropoceno en la crisis ecosocial". Esto del "antropoceno" es un concepto que impulsa un premio Nobel y que se ha convertido en un novedoso paradigma científico. ¿Cómo se puede explicar y cómo afecta a la sociedad?

La comunidad científica internacional ha reconocido que hemos entrado en un período novedoso de la humanidad en el que las personas somos un factor geológico de cambios y transformaciones irreversibles sobre el planeta. Esto es el Antropoceno, la nueva era geológica que hemos comenzado, certificando la gravedad de los cambios que estamos protagonizando y que plantean desafíos existenciales. El cambio climático, la crisis ecológica y el calentamiento global son algunos de esos fenómenos planetarios más conocidos. Pero los desequilibrios ecológicos se acompañan, también, junto a desequilibrios sociales gigantescos, como el insoportable avance de la desigualdad mundial, los daños de un sistema económico depredador de recursos y destructor de la biosfera, o la aparición de nuevas formas de concentración de poder, riqueza y tecnología nunca vistos.

¿Qué tiene que ver el Antropoceno con los problemas más importantes que tiene por delante esta sociedad?

Todos estos cambios sobre el planeta son los que están determinando nuestra vida diaria y los que están marcando problemas de dimensiones globales que tenemos ya entre manos, de cuya acertada respuesta dependerá nuestro futuro. Es lo que con unanimidad viene señalando la comunidad científica mundial en diferentes disciplinas y campos de manera unánime. La vida en nuestras ciudades y municipios o el futuro para nuestros hijos va a depender de cómo seamos capaces de comprender adecuadamente y dar una acertada respuesta a muchos de esos desafíos globales en los que nos jugamos el futuro.

¿Tan dañino es el hombre para el futuro del planeta Tierra?

Lo que es dañino es la actividad destructiva, extractiva y ecocida que las personas venimos protagonizando de la mano de un sistema económico que impulsa estos desajustes, junto a decisiones políticas desacertadas. No es casual que, como marcador geológico de esta nueva era del Antropoceno, se encuentren los isótopos radioactivos de origen humano causados por la detonación de las bombas atómicas esparcidos por todo el mundo a principios de la década de los 50, porque ahora, con la guerra en Ucrania, vemos con miedo que la amenaza nuclear está ahí y es una aterradora realidad.

Como ciudadanos de a pie, ¿qué responsabilidad tiene el hombre en esos cambios?

Cuando sufrimos veranos cada vez más asfixiantes, cuando vemos que no llueve o que el tiempo se ha vuelto loco, cuando vemos que la naturaleza, los animales y las plantas sufren, cuando asistimos a la sequía de pozos, ríos y embalses, cuando contemplamos cómo miles de personas abandonan sus lugares de vida por muchos de estos fenómenos, cuando conocemos que la vida es cada vez más dura mientras crecen los multimillonarios con fortunas que no somos capaces de imaginar, estamos asistiendo a cambios generados por el Antropoceno y sobre los que tenemos responsabilidad.

¿Y para revertirlos?

En primer lugar, hay que conocer y comprender bien toda esta relación encadenada de cambios complejos a los que estamos asistiendo, y es lo que en la comunidad científica estamos tratando de hacer. Pero el dilema es si algunas de estas rupturas metabólicas que vivimos son ya irreversibles, si estamos a tiempo de evitar sus consecuencias, o si, por el contrario, tenemos que prepararnos para manejar mejor los nuevos escenarios que tenemos entre manos.

En el libro se habla mucho del mayor desafío conocido por la sociedad, el cambio climático, mientras no se da importancia al resto… ¿A qué se debe?

Por un lado, se ha convertido en un fenómeno que forma parte de nuestra experiencia cotidiana afectando de manera directa a nuestras vidas. Pero también es el fenómeno mejor documentado y estudiado a nivel internacional gracias a la labor del IPCC (Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) de las Naciones Unidas, que desde el año 1988 viene monitorizando el clima mundial de manera meticulosa de la mano de 234 científicos de 66 países, cuyos estudios son posteriormente revisados por otros 78.000 expertos, un trabajo que no tiene parangón en ninguna otra actividad humana. Por eso sus informes son tan rigurosos como determinantes para la humanidad.

¿Por qué la desigualdad pone en peligro los equilibrios mundiales, como señala en su libro?

La desigualdad es un poderoso disolvente de la convivencia que demuestra la existencia de importantes y graves patologías en las sociedades, ya que los países con mayores niveles de desigualdad son los que presentan problemas más graves de todo tipo. Las desigualdades materiales son una amenaza para la convivencia y un peligro para la democracia, amenazando la estabilidad política y dificultando un buen funcionamiento de la economía, como vienen demostrando universidades, investigadores y académicos. La sociedad del Antropoceno avanza sobre niveles de desigualdad explosiva difíciles de comprender, facilitando un proceso de acumulación de riqueza de consecuencias impredecibles. Tengamos en cuenta que el 10% de la población más rica posee el 76% de la riqueza del mundo, mientras que solo el 50% de la población más pobre dispone del 2% de esta riqueza. Es, sin duda, uno de los mayores ejemplos de la profunda ruptura de los equilibrios mundiales sobre los que avanza este mundo y que hay que corregir con urgencia.

Ese cambio climático está provocando grandes sequías en poblaciones que deben emigrar en busca de un mejor futuro. Muchas de esas personas acaban en Europa. ¿Son esas personas las principales víctimas del cambio climático, al verse obligadas a dejar su tierra?

Es cierto que preocupa en los últimos años el impacto del cambio climático también sobre las migraciones globales, como están alertando diferentes agencias humanitarias y las propias Naciones Unidas. Pero los efectos de estas alteraciones climáticas son tan transversales que están poniendo en riesgo la vida del conjunto de la humanidad en todo el mundo de una manera muy severa, abriendo escenarios inquietantes de cara al futuro. En el caso de las migraciones climáticas, Europa, España y también la Comunidad Valenciana deberían prepararse para gestionar unos desplazamientos forzosos que van a cambiar en sus perfiles, al igual que Alicante, que tiene una ruta con África desde Argelia, por el Mediterráneo. Me gustaría pensar que las instituciones públicas están en ello, incluida nuestra Casa Mediterráneo, que para eso también debe de estar.

Dedica un apartado amplio y muy actualizado a los famosos ODS, con un balance poco favorable. En el ecuador de su vida, ¿qué datos fundamentales se pueden extraer sobre la Agenda 2030?

Pocas dudas existen en estos momentos de que la Agenda 2030 contaba, desde sus inicios, con deficiencias muy serias en cuanto a su arquitectura metodológica, la falta de un adecuado diagnóstico de los problemas sobre los que se propone intervenir, así como muy graves problemas de medición, limitando con ello su alcance. Es algo que reconocen las propias Naciones Unidas e importantes centros de investigación. Si a esto añadimos que tanto el concepto de crecimiento como el de sostenibilidad que manejan los ODS tienen una naturaleza, composición y distribución equivocados, junto a los efectos de la pandemia, se comprenderá por qué se afirma que la Agenda 2030 de desarrollo sostenible es insostenible. Pero también tenemos que quedarnos con otros elementos favorables, como que trate de ofrecer respuestas mundiales a rupturas metabólicas globales y el impulsar cambios y mejoras muy importantes en la calidad de vida de muchas ciudades, que es posiblemente, el espacio en los que más está influyendo esta Agenda.

Desde el Ayuntamiento de Alicante se ha reconocido que no se va a poder cumplir la Agenda 2030. Como experto en los ODS, ¿cómo valora el retraso en el cumplimiento en la ciudad de Alicante?

He seguido de cerca los anuncios del Ayuntamiento afirmando que iba a cumplir la Agenda 2030 y me parecían tan inadecuados como vacíos, cuando creo que es difícil encontrar un solo objetivo que este Ayuntamiento no esté dañando. Ni antes Alicante acertaba afirmando que cumpliría la Agenda 2030, ni tampoco ahora atina al reconocer que no va a avanzar en su cumplimiento, negando así elementos positivos para avanzar hacia una mejor ciudad, como son capaces de impulsar numerosas metas de los ODS. Porque donde precisamente más avances se están registrando a nivel mundial en esta Agenda es en mejorar la vida de las ciudades. Me temo que desde el Ayuntamiento de Alicante, un buen número de sus políticas municipales avanzan en oposición al espíritu y los compromisos de esta Agenda 2030.

¿Por qué se difunden tantas bondades y alegrías sobre los ODS cuando, según su estudio, hasta las Naciones Unidas están planteando serias dudas sobre esta Agenda?

Los ODS se han convertido en un lema publicitario fácil y agradable que sirve para todo. Pero se ha acabado por banalizar tanto que se desconoce el trabajo de análisis científico que se está impulsando en torno a ellos desde importantes centros de investigación. La mayor parte de quienes se han lanzado a predicar el paraíso de los ODS para el año 2030 ni siquiera han leído los informes y documentos más básicos, ignorando aspectos esenciales sobre los mismos. Pero es que incluso en España no están difundiéndose investigaciones fundamentales de un enorme rigor que vienen alertando sobre las debilidades e insuficiencias de los ODS. Mi primer artículo académico crítico sobre los ODS es de 2018, fruto de tres años de estudio, y se ha convertido en el artículo en español más citado en la materia. Hablo con criterio porque no he dejado de estudiarlos a fondo, con algunos de los informes más críticos que sobre esta Agenda 2030 han publicado las Naciones Unidas, por lo que me produce sonrojo escuchar y leer muchas de las cosas que se difunden sobre estos objetivos.

¿Qué ocurrirá en 2030, cuando termine la vigencia de los ODS?

Pues lo que ya se hizo antes de entrar en vigor la Agenda 2030. Mientras estaba en marcha la agenda antecesora a los ODS, la Agenda del Desarrollo del Milenio, se anunció su sustituto a través de esta Agenda 2030, en la que se venía trabajando. Ahora ya se reconoce la inviabilidad de la Agenda 2030 y se está avanzando en la que será la Agenda 2050 que la sustituirá. De manera que la humanidad se volverá a dar otros veinte años de plazo para solucionar los mismos problemas que ahora tiene sobre la mesa, muchos de los cuales lleva décadas anunciando que van a tener respuesta.

En el libro se analizan también las criptomonedas y alertan sobre sus efectos negativos sobre la sociedad y el planeta. ¿Son un peligro?

Efectivamente, son un peligro económico, ambiental y también criminal, además de un gigantesco engaño, como vienen anunciando prestigiosos premios Nobel. Por un lado, se han convertido en refugio de la economía criminal global amparadas en la tecnología "blockchain" de cadenas encriptadas de datos. A su vez, están siendo impulsadas por redes opacas, especialmente desde países poco democráticos como Rusia, China y Ucrania, que acaparan tres cuartas partes de las criptomonedas de todo el mundo. Y, por si fuera poco, en plena crisis de la energía, ponen al límite el planeta al utilizarse para el minado de criptomonedas en el mundo, las 24 horas del día y los 365 días del año, cantidades ingentes de energía eléctrica, en cantidades de unos 148 teravatios, superior al consumo de países enteros como Austria. Solo la infinidad de estafas, engaños y fraudes que se suceden de manera continuada en torno a las criptomonedas debería llevar a darnos cuenta del daño que están causando, sin olvidar otros muchos efectos negativos sobre la sociedad y el planeta.

También advierten sobre la llamada economía digital, por la que tanto se está apostando... ¿Falta control?

La economía digital está cambiando de manera muy profunda las reglas del juego de la economía mundial, abriendo brechas de una enorme profundidad, con la creación de megamonopolios digitales de dimensiones globales y de un poder inusitado. Este nuevo tecnocapitalismo digital avanza sobre un nuevo extractivismo que obtiene ingentes cantidades de información personal y de nuestras vidas con las que se consigue un capital y unos beneficios nunca vistos. Con ello, se está pasando de acumular capital físico a capital algorítmico por grandes conglomerados tecnológicos que obtienen fabulosas plusvalías. En 2020, año de pandemia y crisis económica mundial, los beneficios de los cuatro grandes gigantes tecnológicos (Facebook, Apple, Microsoft y Google) superó el PIB de 139 países. Esto impulsa una reconfiguración silenciosa de la economía y del poder político global, con efectos inquietantes.

¿Cuál cree que es el papel de la sociedad en esta nueva era del Antropoceno?

El rumbo que tome el planeta y con ello, nuestro futuro, está más que nunca en manos de la humanidad y por eso tratamos de hacer una llamada a la esperanza en este ensayo. Es verdad que vivimos tiempos extraordinarios en la era del Antropoceno, pero exigen abandonar el desencanto y el catastrofismo paralizante para recomponer el sentido de humanidad que hemos triturado. Este trabajo reivindica la esperanza que reside en la inteligencia y la voluntad colectiva que ha permitido a la humanidad avanzar a lo largo de la historia y que ahora se necesita más que nunca.

¿Considera que desde las universidades se está trabajando en estos temas capitales?

Sin ninguna duda, la generación de conocimiento científico sobre estos temas por la Universidad es absolutamente crucial, desde enfoques y disciplinas muy transversales. No hablamos únicamente de tener investigadores y centros de investigación relevantes, sino también de poder publicar y difundir trabajos como este a través de un servicio de publicaciones que en la Universidad de Alicante supone un auténtico orgullo. En tiempos en los que se niega y cuestiona incluso el conocimiento científico, es fundamental que la Universidad y la Academia sigan trabajando en la mejor comprensión de los importantes desafíos globales que tenemos entre manos, como éste.