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Monjas de la Santa Faz: "La reja no nos hace prisioneras, es nuestra vocación y no nos coarta la libertad"

Las Canónigas de San Agustín son las encargadas de custodiar la imagen desde hace cuatro años y explican cómo preparan los días previos en el monasterio, que "se sostiene gracias a la tienda y a las donaciones"

Sor Irene cuenta cómo es ser Monja de clausura en el Monasterio de la Santa Faz

Áxel Álvarez

Alberto Losa

Alberto Losa

Las once monjas Canónigas Regulares Lateranenses de San Agustín que se encargan desde el verano de 2019 de la custodia de la Santa Faz, más conocidas como las monjas de la Sangre, vivirán el próximo día 20 su segunda peregrina, la primera sin restricciones por la pandemia. En total son once hermanas las que están de manera permanente en el monasterio, de edades comprendidas entre los 34 y los 93 años: tres de Alicante, tres de la Vega Baja, una del País Vasco y cuatro filipinas. Viven de manera contemplativa. De hecho, atienden a las preguntas de este medio través de una reja, la cual no les hace sentirse faltas de libertad, según explica sor Irene: "Esto de la reja solemos decir que depende del sentido con el que se mire. No nos sentimos prisioneras. Vivimos plenamente nuestra vocación y no nos coarta la libertad, este es nuestro espacio de libertad".

Mientras atiende a las preguntas de este medio, a sor Irene le suena el teléfono. Un smartphone que porta en el bolsillo, el cual no atiende para continuar con la entrevista, pero explica que "por las distancias hemos tenido que acudir a la tecnología" y añade que aunque en el Convento de la Sangre no hacían uso de ella, su vida nunca ha sido de aislamiento: "Siempre ha sido un lugar de acogida de la necesidad de las personas. Tiene que haber una red de contacto para que la gente pueda tratar con nosotras".

Sor Irene sonríe tras la reja que la separa dentro del monasterio de Santa Faz.

Sor Irene sonríe tras la reja que la separa dentro del monasterio de Santa Faz. / ÁXEL ÁLVAREZ

Un contacto que aumenta durante los días previos a la celebración de la romería y que se percibe también en la tienda de recuerdos que financia en parte a la comunidad religiosa: "Es una ayuda económica y un lugar de encuentro. La gente quiere llevarse a la Santa Faz y tener recuerdos de ella", apunta sor Irene. La devota añade que, aunque en tiempos de vacaciones se nota la afluencia de gente, el resto del año la misa de los domingos está llena: "La Santa Faz es todo el año, por eso estamos aquí. Si no, no tendría sentido. Sí se nota más gente, que viene caminando con sus mochilas y sus deportivas, también ciclistas. Hay gente que también nos pregunta cuándo puede venir fuera de los días de las grandes aglomeraciones".

Respecto a los preparativos para este año, explica sor Irene, ha cambiado el uso de la mascarilla, pero no el resto de la preparación, que se realiza con el apoyo del voluntariado y de otras tres monjas de la misma orden: "Les estamos agradecidísimas. Es un voluntariado que está todo el año, no solo para estos días de la peregrina. Atienden la tienda los domingos y se prestan a ayudar en lo que haga falta".

"La tienda es una ayuda económica y un lugar de encuentro. La gente quiere el recuerdo de Santa Faz"

En los alrededores del monasterio también se lleva a cabo una preparación. Tanto por su parte como desde el Ayuntamiento de Alicante, que este martes comenzó los trabajos de limpieza de escombros y otros vertidos de los solares que rodean al lugar religioso. Unos trabajos que, asegura sor Irene, no afectan a su actividad diaria, que se lleva a cabo en el monasterio. Su contacto con las instituciones, apunta, se ha limitado este año a solicitar un puesto de venta fuera del monasterio, que se les ha concedido.

Del convento al monasterio

Las monjas aseguran que todavía se están adaptando al enclave: "Todavía no va a hacer los cuatro años que llevamos aquí. Es para nosotras un aprendizaje. Han sido muy especiales. Hemos ido tomando conciencia cada vez más, con más ilusión y más ganas de vivir nuestra vocación".

Una vocación que consiste en estar "permanentemente rezando" ya que son conscientes de "cómo está nuestro mundo": "Tan necesitado de paz, tan necesitado de armonía, de concordia, de respeto. Toda esa realidad, toda esa precariedad en que vive tanta gente, toda esa inestabilidad, esa falta de sentido de la vida de la gente. Por vocación sentimos que esa es nuestra misión y eso sentimos que es todo el año".

"Esto es una continuación del Convento de la Sangre, si la Santa Faz es maravillosa es por la sangre de Cristo que la Verónica fue a limpiar"

La diferencia entre el convento y el monasterio, asegura, se encuentra solo "en la forma", ya que "la vocación es la misma" y se muestra orgullosa del apelativo "monjas de la Sangre" y su relación con la Santa Faz: "Esta es nuestra tradición más honda, más profunda. Esto es una continuación, si la Santa Faz es maravillosa es por la sangre de Cristo que la Verónica fue a limpiar". La mayor diferencia, considera, está en el movimiento de gente: "Allí estábamos inmersas en el Centro, en otra realidad. Aquí es la Santa Faz, la peregrina. Son diferentes pero la misma misión".

Repostería

La repostería es otro de los puntos clave de estos días previos a la Santa Faz, ya que son conocidas por sus postres y dulces que venden en los días previos y posteriores a la romería: "Hacemos repostería artesanal con productos de máxima calidad. Es más que un horno. Lo demás es absolutamente todo manual. Este año hemos podido hacer menos porque hemos tenido que acometer una obra y ha movido mucho y tuvimos que parar. Hemos empezado casi casi a punto de la peregrina, y eso no ha permitido que la producción sea grande".

Una repostería que, junto a la tienda, apoya económicamente a su vida en comunidad: "No hemos tenido ningún tipo de subvenciones. Se sostiene gracias a la tienda y a las donaciones. Lo nuestro es estar en la iglesia, en la eucaristía, estar en lo que estamos. Tenemos a un voluntariado que está en la tienda y es el que está atendiendo".

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