La AVI del Botànic se despide: castiga a la UMH y trata de compensar a la UA
García Reche hizo pública su renuncia el mismo día de la investidura de Mazón, pero se mantiene al frente hasta su relevo
La Agencia Valenciana de la Innovación ha dejado fuera de dos líneas a las universidades alicantinas

Imagen de uno de los laboratorios de la UA. / PEP MORELL/EFE
La Agencia Valenciana de la Innovación (AVI) es uno de los instrumentos de la Generalitat Valenciana que puso en marcha el Botànic y, en concreto, fue una apuesta del expresidente Ximo Puig por articular un cambio de modelo productivo. Su acertado papel en el ecosistema innovador ha estado rodeado de polémica durante sus cinco años de vida por el tratamiento que ha dado a la investigación de las universidades alicantinas.
Con el cambio de signo político en el Consell, su vicepresidente ejecutivo, Andrés García Reche, presentó su dimisión en un claro gesto de desacuerdo con los nuevos aires que llegaron a la Generalitat Valenciana. El economista valenciano hizo pública esta renuncia el 13 de julio, pero hasta que se produzca su relevo se mantiene viva la pugna por el reparto de las ayudas.
El 9 de marzo salió la resolución que fijó el presupuesto de subvenciones para el siguiente trienio. Un total de 47 millones en diferentes programas, tres de las cuales son las que representan un mayor presupuesto y donde los centros superiores pueden optar.
Tanto en el Programa de Valorización y Transferencia de Resultados de Investigación a las empresas (Línea 2) como en el Programa de Acciones Complementarias en este año no han entrado ni la Universidad de Alicante ni la Miguel Hernández de Elche. La primera cuenta con más de 3 millones de euros y el segundo, con cerca de 800.000 euros.
Una de las novedades de esta convocatoria era la apuesta por la cooperación y la necesidad de que fueran un mínimo de dos agentes. Así el programa de Proyectos Estratégicos en Cooperación (Línea 1) con 17 millones se presentó como una carrera competitiva de primer orden. En el trasfondo de las decisiones, un comité científico empresarial donde investigadores alicantinos se quejaron de la falta de especialistas de centros que conocieran el trabajo que se venía haciendo en universidades fuera de València. De acuerdo con la web, este grupo está compuesto por 47 personas del ámbito técnico, científico y empresarial. Sólo hay cuatro de la UA y 2 de la UMH.
El resultado de consultas y propuestas ha quedado finalmente resuelto con un sentido agridulce para la provincia de Alicante. Se presentaron 115 proyectos. El presupuesto sólo ha permitido la entrada de 29. En el ámbito universitario, 12 corresponden a la Politécnica de València, 7 a la de Alicante, 4 a la de València, 3 a la Miguel Hernández y dos a la Jaime I de Castellón. De los 17 millones con los que se apoyan los proyectos, la correspondencia económica va desde los 2,3 millones hasta los 330.494,28 y la temática va desde la Inteligencia Artificial a soluciones sostenible a partir de botellas de biopolímeros.

Tabla del reparto de ayudas de las líneas 1 y 2 de la AVI
Reparto de las ayudas
Respecto al año pasado, donde las universidades alicantinas salieron perjudicadas; en 2023, los equipos investigadores han logrado estar en los proyectos mejor puntuados. Así la máxima puntuación la ha logrado un equipo en el que está integrado la UA e investigará sobre la aplicación de la IA en el desarrollo de nuevos productos para productos saludables en el sector agroalimentario.
En definitiva, durante los próximos tres años los grupos de la universidad alicantina recibirán una inyección de 1,3 millones (7,3% del total), lo que corresponde al potencial, según indicaron desde la UA. Lejos se queda la UMH, que sólo recibirá medio millón de euros.
No obstante, el mapa de inversiones dibuja una radiografía en 2023 que se ajusta a la cantidad de grupos investigadores. Si se suman las cantidades de estos tres planes de ayudas, encontramos que más de 2,8 millones de euros son para la UPV que, sin duda, es la de mayor capital humano en esta materia; 1,4 millones para la UV; 1,3 para la UA; medio millones para la UMH y 330.000 euros para la UJI.
La entonces consellera, Josefina Bueno, habló el año pasado de medidas correctoras y, al menos, parece ser que estas han llegado a la UA. De hecho, la rectora Amparo Navarro forma parte de ese comité científico. También de una mayor transparencia en los criterios de evaluación.
No obstante, el punto más polémico estaba en las ayudas directas, es decir, fuera de la esfera competitiva. El año pasado, salvo la que se repartió a todas las universidades (una misma cantidad de 130.000 euros para todas), el tren pasó prácticamente de largo por la provincia. Lo que al final, desdibuja la suma total.
En la presente convocatoria, algunos investigadores reconocieron que las bases se habían mejorado; pero todos coinciden en esperar que se siga apostando por diversificar el comité de expertos para que puedan entrar una mayor variedad de temáticas.
¿Fin a la doble sede?
La nueva consellera del área, Nuria Montes, presentó en agosto a su nuevo equipo y al frente situó a dos conocedores del ecosistema alicantino. El secretario autonómico, Jerónimo Mora, es profesor de la Escuela Politécnica de la UA y el director general, Juan José Cortés Vélez, ha desarrollado parte de su carrera en Alicante.
Montes dejó claro que la sede de la Conselleria seguiría en la ciudad y que continuaría con los planes para reubicar al centenar de funcionarios en las inmediaciones de la Casa de las Brujas. Ahora queda por ver, si mantendrá el despacho de la plaza del Ayuntamiento 6 y reubica la vicepresidencia ejecutiva. Aunque los investigadores sitúan este aspecto como uno secundario y prefieren centrarse en hablar de unas bases que contemplen la diversidad investigadora existentes en las tres provincias de la Comunidad Valenciana.

La nueva plataforma del Cenid: del asistente virtual para sacar un certificado a predecir un altercado
La nueva plataforma del Cenid: del asistente virtual para sacar un certificado a predecir un altercado
Uno de los proyectos que ha obtenido ayudas para los próximos tres años es el que coordina un equipo de la Universidad de Alicante a través del Centro de Inteligencia Digital (Cenid). La plataforma de geointeligencia artificial para resolver problemas a los ciudadanos y facilitar la toma de decisiones estratégicas en las administraciones públicas, abreviada como «Geo.IA» es una iniciativa que dirige el catedrático de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la UA.
En el proceso de desarrollo que arrancó en 2021, Cenid ha sumado como colaboradores a relevantes agentes innovadores como las empresas 1 Milion Bot o GPT; así como el Estudio Creativo Gente y el Instituto Tecnológico Informático (ITI). El objetivo final es desarrollar esa plataforma en la que ya se ha trabajado en la introducción de datos homogéneos y heterogéneos de diferentes fuentes.
«Arrancamos con la administración pública y ahora estamos con la integración de información», explica Andrés Montoyo. La inteligencia artificial permitirá crear un modelo de aprendizaje diferente al que hoy se conoce en aplicaciones como Chat GPT. Digamos, en síntesis, que es más complejo y la semántica es capaz de, no sólo generar respuestas más elaboradas, sino soluciones a los problemas.
Geo.IA trabaja en tres puntos de vista. El primero está enfocado a las administraciones locales. «En este sentido, será una especie de cuadro de mandos que aportará información para la toma de decisiones», comenta Montoyo. Como ejemplo, describe varios basados en geolocalización de servicios. «Podemos tener actualizados los vados permanentes y una relación de los que han pagado» y remitir las placas. «Lo mismo podemos hacer con el alumbrado».
El segundo enfoque parte del uso de los asistentes virtuales y el hecho de que los ciudadanos puedan hacer gestiones en los ayuntamientos de una manera sencilla y con un bot que te va a ayudar paso a paso. Cita cómo caso cómo obtener un certificado u otro documento a partir de una gestión que quieres hacer. Se trata de un aspecto incluso y que va dirigido directamente a reducir la brecha digital.
Montoyo insiste en que la mejora del lenguaje, de la semántica aporta un carácter diferenciador. El uso de la inteligencia artificial a los procesos que se están generando podrá facilitar servicios de una ciudad a adaptarlos para que personas que no tienen conocimientos digitales los puedan usar. «Se produce una democratización de la información», concluye, pues va más allá ,o es más avanzado, que los asistentes que hemos ido conociendo en la pandemia o en las páginas de algunas administraciones actuales.
Durante este año y medio, ya se han realizado tesis investigadoras. «No partimos de cero ni mucho menos a partir de recibir las ayudas», señala el investigador.
El tercero se dejará para la última fase y es precisamente el de la labor prescriptiva. «Por ejemplo, una zona de la ciudad donde por redes sociales se detecta algo y con lo que dicen, se puede mandar un mensaje a una patrulla con información en tiempo real de lo que sucede para tomar una decisión», relata el director del proyecto. «Ahora estamos desarrollando bajo arquitectura GPT un prototipo. Es un proceso complejo, donde esperamos estar operativos en 2025», concluye el catedrático de la UA.
Esta plataforma tendrá un uso gratuito y Montoyo considera que lo previsible es que los ayuntamientos o diputaciones sean las primeras en utilizarlo para facilitar información a los ciudadanos y evitar trámites. Cita otro ejemplo: «quieres comprarte una casa y quieres saber si está en zona inundable.
La herramienta contará con un presupuesto cercano al millón de euros y Andrés Montoyo avanza que la plataforma podrá crecer tanto como información le proporcionemos. Al final «buscamos dar soluciones al día a día, porque aportamos capacidad predictiva y prescriptiva para saber cómo actuar».
En este aspecto, la plataforma podrá dar a la ciudadanía una información de mayor valor. Montoyo lo explica por la vía docente. «Cuando quieres elegir un colegio para tus hijos, podrás tener la información de saber en tu zona cuales están especializados en una materia u otra, qué actividades extraescolares se cursan, si hay transporte y hacia qué barrios está conectado», es decir, se pasaría de la actual ficha de datos que ahora podemos localizar sobre un centro escolar a una de tipo más valorativo o interpretativa (de acuerdo a nuestra pregunta).
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