RETRATOS URBANOS

Un taurino de oro y plata

Manuel García Castells posa en un burladero de la plaza de toros de Alicante.

Manuel García Castells posa en un burladero de la plaza de toros de Alicante.

Pepe Soto

Pepe Soto

Se ocupa de todos los tercios de la lidia. Joyero de profesión, preside la plaza de toros de Alicante desde hace 14 años. Antes fue asesor en cosos menores en diversos municipios de la provincia y en recintos portátiles. Se aficionó a la fiesta taurina de chaval al ver pasar por delante de su casa un cortejo de músicos, mulillas que encabezaba un niño con el cartel del festejo pegado a un palo momentos antes de cada de corrida. Un taurino de oro y plata, de ley. Anda liado con los espectáculos de la Feria de Hogueras de San Juan y sus normas: por el toreo de capote, con la muleta por los dos pitones y, por supuesto, que la faena no sea larga y la estocada sea perfecta. Sabe de toros y de toreros.

Manuel García Castells (Alicante, 1943) estudió en Maristas. Compartió pupitres con el futbolista Juan Ramón Arana, el bombero y aparejador Ildefonso Prats, ya fallecidos, y con el abogado Mariano Caballero, entre otros. Creció en la calle San Vicente. No tuvo un infancia fácil: a los ocho años quedó huérfano de madre y a los 18 perdió a su padre. Se instaló en casa de su hermana, Charo, y de Vicente, su cuñado, sus segundos padres, dice.

Pronto aprendió el oficio familiar en el negocio que crearon en 1929 dos expertos artesanos en el sector de la joyería y la relojería: el padre de Manuel, del mismo nombre, y su tío, Francisco García Jacobo, que también fueron fundadores del Alicante C.F. Llegaron a tener hasta una decena de empleados. El oro, entonces, se fundía en crisoles de carburo. Los hermanos García fueron pioneros en esta técnica. Manuel dejó los estudios y aprendió a grabar oro y otros metales con un buril en un taller de Valencia. Él y su primo Paco heredaron el negocio.

El 1970 se casó con Mari Rosa. La pareja tiene dos hijos, Manolo y Carlos, ambos joyeros, y una hija, Laura, sicóloga de profesión, que les han regalado cinco nietas y dos nietos. Y muchas alegrías, comenta el abuelo Manolo.

Se aficionó al mundo taurino de niño. Por su calle veía pasar un cortejo antes de cada corrida formado por una banda de música de Cruz Roja y unas mulillas desde donde unos mozos lanzaban «cañitas voladoras». «Aquello me cautivó», asegura. Por delante, un hombre portaba sobre un palo el cartel anunciador de la corrida. Pocas faenas se perdió. Acabó siendo un experto de la lidia, entre joyas y relojes, dedicado de lleno al creativo oficio de la orfebrería.

Durante 18 años fue asesor de presidencias taurinas en la provincia. Visitó plazas estables de Villena, Ondara, Benidorm, Torrevieja, Orihuela, Elda y otras portátiles para fiestas patronales. En 2010 superó un curso para dirigir festejos taurinos y desde ese año preside la plaza de toros de Alicante, uno de los alberos más viejos, desde 1888, inaugurado por los toreros Lagartijo y Guerrita .

Ahí sigue. En lo más alto del coso, rodeado de un veterinario y un subalterno y de dos agentes de la Policía Autonómica a los que agradece su trabajo. Dispone y cinco pañuelos de diferentes colores para dirigir la lidia: el blanco marca el inicio de la corrida y de la salida de cada toro; el verde, la devolución del toro a los corrales; el rojo ordena poner banderillas negras al animal si no embiste al caballo que monta el picador; el azul para conceder la vuelta al ruedo al astado, y el naranja otorga el máximo reconocimiento al toro: el indulto por su bravura. Manolo nunca ha podido mostrar al respetable la tela naranja ni la verde.

Manuel García Castells es el único presidente de la tauromaquia en cosos de la Comunitat Valenciana que no es funcionario policial. Es una persona considerada y respetada entre los exigentes aficionados taurinos en el duro oficio de dirigir la lidia por su «excelente criterio» y su clara apuesta por la autenticidad de la fiesta. «Estoy seguro de que hay aficionados que saben muchísimo más que yo, pero no han tenido la oportunidad de estar en un palco para presidir. La responsabilidad del palco es del presidente, pero ser asesor tantos años da mucha seguridad para luego tomar decisiones. Ser presidente es muy difícil y poco agradecido, incluso recibes insultos desde el tendido, decidas lo que decidas», asegura. Y pocos aplausos.

En la despedida del matador alicantino Luis Francisco Esplá, tarde en la que tomó la alternativa de su hijo Alejandro, con Morante de testigo y toros de Juan Pedro Domecq, negó una oreja al maestro en su segundo toro, a pesar de la petición mayoritaria del público, porque su corazón de aficionado pesó más que el análisis objetivo de la solicitud con pañuelos blancos al viento. «Me equivoqué y aún lo lamento».

Considera que ahora se torea mejor y que hay grandes toreros, como Manzanares, El Juli, Morante, Talavante, Daniel Luque, Fernando Adrián, Pablo Aguado y Borja Jiménez, pero opina que la llegada de Roca Rey ha cambiado el «aletargamiento» de la fiesta: «Es impresionante su concepto del toreo, por poder y mando. La ha sacudido como un huracán».

El negocio sigue en el centro de Alicante regentado por sus hijos. Manuel acude un rato cada día de labor. Aún recuerda una jornada trágica en la joyería, entonces ubicada en el número 6 de la calle Castaños. Los ladrones, tras amordazar a las empleadas, reventaron la caja fuerte y se llevaron todo lo que allí se guardaba, por valor de 56 millones de las viejas pesetas. Las trabajadoras resultaron ilesas. Por sus manos han pasado joyas de alto valor, como un brillante de 8 quilates, tasado en 12 millones de pesetas o una gargantilla de esmeraldas y brillantes de poco menos precio. Pero considera que su mejor trabajo fue la restauración del reloj que marca el tiempo en la plaza de toros de Alicante.

Está centrado den la Feria de Hogueras de San Juan. Liado. Quedan dos corridas. Esta tarde torean Enrique Ponce, posiblemente Morante de la Puebla y Tomás Rufo con toros de la ganadería de Daniel Ruiz. Mañana, Rafaelillo, Manuel Escribano y Borja Jiménez lidiarán con animales criados en la finca de Victorino Martín. Manolo seguirá en el palco, como presidente y árbitro para que se cumpla el reglamento de una fiesta en la que, además de los animales, participan toreros, banderilleros, picadores, alguaciles, mozos de espada, areneros, monosabios y mulilleros. Y mucho público en los tendidos de sol y sombra. Se torea como se es, entre la técnica y la estética con ayuda del toro, un animal capaz de delatar a falsos toreros.