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Limitar el acceso a Tabarca, la medida de los expertos frente al turismo masivo

El modelo de visitas centrado en un modelo de "sol y playa" concentran la economía de una isla que debido a las limitaciones a la pesca ha enfocado su modelo de negocio en las excursiones de un solo día

La playa central de la isla de Tabarca, en una imagen de archivo,  es uno de los espacios en los que se concentra un mayor número de visitantes que van a «pasar el día» a la isla.

La playa central de la isla de Tabarca, en una imagen de archivo, es uno de los espacios en los que se concentra un mayor número de visitantes que van a «pasar el día» a la isla. / PILAR CORTÉS

Lydia Ferrándiz

Lydia Ferrándiz

En profundo azul del Mediterráneo, junto a la costa de Alicante, se encuentra la isla de Tabarca, una de las joyas marinas más valiosas de la provincia. Pese a su relevancia, que la convirtió en reserva marina en 1986, la isla de Tabarca hace mucho tiempo que dejó de ser un secreto y pasó a ser uno de los espacios más visitados durante el verano por alicantinos y turistas. Con una extensión de apenas 0.3 kilómetros cuadrados y una población residente de aproximadamente 60 personas, el contraste entre la pequeña capacidad de la isla y el volumen de visitantes se hace cada año más evidente. 

Solo en 2023, la isla recibió aproximadamente 230.000 visitantes, con días pico en los que el número de turistas superó las 10.000 personas durante los días de verano, creando una presión sin precedentes sobre este delicado ecosistema, según un informe del Instituto de Ecología Litoral. A medida que el turismo masivo ha transformado a Tabarca de un refugio tranquilo en un hervidero de actividad la isla, antaño dependiente de la pesca, ha visto cómo su economía se reorienta hacia las excursiones de un solo día, atrayendo multitudes a un entorno que luchaba por mantener su equilibrio. Esta transformación ha puesto en evidencia para los expertos la urgencia de implementar medidas que garanticen la conservación de sus tesoros naturales y culturales, mientras se busca una forma sostenible de manejar la creciente afluencia de turistas.

Un modelo de turismo basado en el sol y la playa ha demostrado ser insostenible para Tabarca. El investigador en el Instituto de Ecología Litoral y profesor de turismo en la Universidad de Alicante, Alejandro Triviño, explicó que «la dependencia casi exclusiva de las excursiones de un solo día ha llevado a una sobrecarga de visitantes en periodos específicos del año, mientras que la infraestructura y los servicios no están preparados para manejar este volumen». Triviño destacó que «la isla necesita un enfoque más equilibrado que considere no solo el turismo de playa, sino también el ecoturismo y el turismo cultural, que pueden ayudar a distribuir la carga de visitantes de manera más uniforme durante el año».

Para mejorar la situación, Triviño sugiere la implementación de un sistema de control de acceso. «Se podrían establecer límites en el número de visitantes a través del control de embarcaciones permitidas en la isla, especialmente durante la temporada alta. Esto puede incluir la venta de entradas anticipadas y la regulación estricta del fondeo de embarcaciones para minimizar el impacto ambiental, pero es una situación complicada para la administración». Además, el investigador enfatiza la necesidad de diversificar las actividades turísticas, ya que «desarrollar ofertas turísticas que incluyan visitas guiadas sobre la historia de la isla y la biodiversidad marina puede atraer a un tipo de turista más interesado en la sostenibilidad y la educación ambiental».

Uno de los mayores problemas asociados con el turismo masivo en Tabarca es el impacto negativo en su ecosistema marino, especialmente en las praderas de posidonia. José Luis Sánchez Lizaso, catedrático en Ciencias del Mar y Biología Aplicada de la Universidad de Alicante, explicó que «las praderas de posidonia no solo son cruciales para la biodiversidad marina, sino que también desempeñan un papel esencial en la protección de la costa. El aumento en el número de barcos y el impacto físico de los turistas podría provocar en el futuro un deterioro significativo en estos ecosistemas delicados, aunque acualmente su estado es bueno», afirmó Sánchez. 

A pesar de que la parte marina de Tabarca cuenta con un estado de conservación envidiable, Lizaso considera que la protección debería extenderse a la parte terrestre de la isla. «No existe una limitación específica en el acceso a la isla, lo que impacta directamente en la experiencia de los turistas». El catedrático de la UA propone que se adopten modelos similares a los de otros destinos turísticos, como el que se aplica en las islas Cíes, que controlan el número de visitantes diarios. «Implementar medidas como un cupo diario de visitantes o limitar el número de embarcaciones podría ser efectivo. Estas estrategias no solo contribuirían a la preservación del entorno, sino que también mejorarían la experiencia del visitante, que en ocasiones encuentra la isla saturada», concluye Lizaso.

La situación es aún más crítica en temporada alta, cuando la isla enfrenta una saturación que supera con creces su capacidad de infraestructura. Joaquín Alvado, profesor de Arquitectura en la Universidad de Alicante, comenta como la infraestructura actual de Tabarca «está claramente sobrecargada durante los picos turísticos. En los meses de verano, los visitantes se ven obligados a enfrentarse a largas colas y una falta de servicios básicos, lo que deteriora la experiencia turística y exacerba la presión sobre los recursos limitados de la isla». «Sin una estrategia clara para gestionar el flujo de turistas y los recursos, Tabarca corre el riesgo de perder su atractivo y su integridad ecológica», afirmó Alvado. 

Futuro sostenible

El futuro de Tabarca dependerá en gran medida de la capacidad para implementar cambios significativos en la gestión del turismo y en la preservación del entorno. Joaquín Alvado sostiene que «la clave para un futuro sostenible de la isla radica en la diversificación del modelo turístico. Al integrar actividades que valoren la biodiversidad y el patrimonio cultural de la isla, podemos crear una experiencia turística más equilibrada que beneficie tanto a los visitantes como a los residentes».

El profesor destaca la importancia de preservar los valores históricos y ambientales de Tabarca. «Tabarca no solo tiene un patrimonio natural impresionante, como la pradera de posidonia, sino también una historia arquitectónica única, ya que es una de las pocas islas del Mediterráneo en la que se diseñó una ciudad sobre ella», destacó Joaquín Alvado.

Reserva de la Biosfera

El año pasado, la propuesta de declarar Tabarca como Reserva de la Biosfera quedó en suspenso. La iniciativa fue liderada por la anterior consellera de Transición Ecológica, Isaura Navarro (Compromís), quien buscó la colaboración del Ayuntamiento de Alicante, describiéndola como "un proyecto importante y de ciudad". Sin embargo, el inicio formal del proceso requería la aprobación del Plan de Uso y Gestión y del Plan Especial de Tabarca por parte del Ayuntamiento, que actualmente se encontraría "en elaboración en el departamento de Urbanismo", según indican fuentes municipales a este medio.

En relación a la propuesta de Reserva de la Biosfera, la actual Conselleria de Medio Ambiente, liderada desde apenas una semana por Vicente Martín Mus (PP) ha indicado, en declaraciones a este diario, que "la declaración de este tipo de espacios corresponde a la UNESCO, a propuesta del órgano gestor que se cree ad hoc, generalmente liderado por la Administración Local. Es un punto que se está valorando. Por otro lado, se ha comenzado la redacción de las normas de gestión del espacio para su inclusión en la Red Natura 2000, con el objetivo de poner en valor la pradera de posidonia del entorno. Estamos trabajando para conjugar tanto la protección del entorno como el disfrute de la población”.

En paralelo, en 2021 se avanzó en un acuerdo entre el Ayuntamiento de Alicante y el Ministerio del Interior para la cesión de la Torre de San José en Tabarca al consistorio. Esta estructura defensiva, construida en 1790 y utilizada como cuartel de la Guardia Civil, estaba destinada a transformarse en un espacio museístico y medioambiental. La cesión sigue pendiente de formalización, sin que se hayan registrado avances significativos al respecto. Desde el Ayuntamiento de Alicante, se ha informado que “respecto a la Torre de San José, seguimos pendientes de la respuesta del Ministerio del Interior" mientras que por parte del ministerio ponen la pelota en el tejado de la Guardia Civil, quien no ha realizado declaraciones al respecto a este diario.

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