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RETRATOS URBANOS

Del tricornio al birrete

Francisco Lorenzo Solá posa en una plazoleta del barrio de Babel

Francisco Lorenzo Solá posa en una plazoleta del barrio de Babel / Pepe Soto

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Pepe Soto

Pepe Soto

Licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas; también en Periodismo. Profesor asociado e investigador de la Universidad de Alicante. Doctor en Comunicación. Un guardia civil en situación de reserva que cambió el tricornio por el birrete. A los 43 años se matriculó en el campus de San Vicente del Raspeig para “hacer mejor las cosas” en la oficina que ocupaba en la Comandancia de la Guardia Civil de Alicante para atender a periodistas, viejos y recién llegados a la ciudad lucentina. Un cuarto siglo ha estado en despensas cargadas de información delicada para espacios destinados en los medios de comunicación a los sucesos o la crónica negra.

Francisco Lorenzo Solá (Daya Nueva, 1960) vivió casi una década en el sur de Francia. Su padre, agricultor de profesión en secos campos de la Vega Baja del Segura, no tuvo más remedio que emigrar con su familia, su azada y mucha destreza a cultivar vides cerca de Nimes. Fue encargado de varias fincas de siembra y recolecta. El progenitor, que falleció demasiado joven, se llamaba como él; su madre es Dolores. Tiene un hermano, Manuel, cinco años menor. En casa hablaba castellano; en la calle, en el idioma francés. Estamos en 1970. La familia se estableció en Alicante, en la calle San Agatángelo, en Benalúa. El padre se colocó de conductor en una empresa metalúrgica.

Estudió en el colegio San Juan Bautista, en su barrio, y más tarde en otro con nombre de dictador. Acabó, como tantos, en la formación profesional en la rama de metal, entre tornos, fresadoras y ajustes precisos para labrar piezas de acero. Se especializó en matricería en una empresa del sector. Pero fue reclutado y durante un algo más de un año estuvo como soldado y cabo primero en un cuartelucho de Tarragona. Parece que lo pasó bien. Al regresar, la empresa había bajado las persianas.

Francisco Lorenzo Solá es licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas y en Periodismo, profesor asociado e investigador de la UA y guardia civil en situación de reserva

Volver a empezar. Francisco Lorenzo, tal vez por la incertidumbre de tiempos críticos, presentó una solicitud para convertirse en guardia civil. Entró en la academia del benemérito cuerpo en Úbeda, en Jaén. Seis meses más tarde cumplimentó la formación y se colocó en la cabeza un tricornio. Su primer destino fue Vila-seca, en Tarragona. Por sus conocimientos industriales operó cierto tiempo como delineante en la Comandancia.

Su estancia en Catalunya duró cuatro ratos. Fue destinado al acuartelamiento de Intxaurrondo, a las afueras de San Sebastián. 1984. Años de plomo y crímenes. Enrique Rodríguez Galindo, que parecía experto en la lucha antiterrorista, era comandante, pero acabó en prisión con galones y estrellas de general. Francisco Lorenzo, como guardia, estaba en uno de los equipo dedicados a proteger edificios públicos. Nuevo destino: Zaragoza, concretamente en una patrulla rural del municipio de Alagón, donde estuvo destinado varios inviernos por esos campos de cultivo de trigo y maíz.

En 1992 volvió a Alicante como guardia en diversos destinos y otras misiones como la delineación. Por su buen talante y seriedad, seis años más tarde, sus jefes lo enviaron a un despacho para atender a los chicos y las chicas de la prensa como portavoz de la Comandancia de la Guardia Civil, en la calle San Vicente. “Me faltaba formación”, asegura. “Mi idea inicial era cursar los estudios de Periodismo para poder hablar “el mismo lenguaje” que los periodistas”. Pero en Alicante todavía no se ofrecían esa carrera, por lo que optó por matricularse en la licenciatura de Publicidad y Relaciones Públicas, que era lo más parecido en el ámbito de la comunicación. Francisco decidió estudiar. Tenía 43 primaveras. Superó el acceso universitario para mayores de 25 años y se matriculó en esa disciplina universitaria. Se licenció. Siguió con amables palabras a los periodistas. Hasta donde pudo.

Insistente y testarudo, se matriculó en Periodismo en la Universidad de Murcia. Estamos en 2008. Con algunas asignaturas convalidadas, este guardia civil anduvo un año entre Alicante y Espinardo cada tarde, salvo en los meses de estío. Dos licenciaturas y un benemérito rinconcito para contar a los informadores lo poco que le dejaban.

El portavoz de la Comandancia alicantina se doctoró en Comunicación en 2013 con una tesis doctoral “Las Relaciones Públicas en la estrategia de comunicación de la Guardia Civil de Alicante: aplicación de modelos conductuales”, dirigida por la ahora catedrática de la Universidad de Alicante (UA), Carmen Carretón, y por la doctora malagueña Ana Almansa. El estudio se planteó para revertir la conducta unidireccional del gabinete de comunicación, que se limitaba a confeccionar notas de prensa y remitirlas a los medios. O sea, escribió sus experiencias.

Es profesor asociado de la UA desde 2011. Lleva media de vida como profesional de la comunicación. Durante 24 años ha ejercido como portavoz en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. También es vicepresidente de Relaciones Públicas del Colegio de Publicitarios y Relaciones Públicas de la Comunitat Valenciana, lo que le permite aprender y contribuir a la formación de los profesionales del sector. Está integrado en órganos de gestión de la UA como miembro de Junta de Facultad. Como funcionario de la Guardia Civil está situación de reserva desde hace algunas fechas. Ha impartido 2.489 horas de docencia reglada en grado y posgrado, en lengua castellana y valenciana. Tutor académico de más 150 alumnos en prácticas externas. Ha sido director de decenas de trabajos de fin de máster en la UA y en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Sigue investigando en el ámbito de las relaciones públicas. Recuerda que su primer día en una aula universitaria, en 2003, sus compañeros creyeron que se trataba de un profesor, por la diferencia de edad; pero era uno más. En sus primeras lecciones en el campus de San Vicente del Raspeig, Francisco Lorenzo se encontró con un antiguo compañero de carrera, todavía alumno, de estos que por trabajo o por lo que sea se matriculaban sólo de un par de asignaturas por curso y, obviamente, tardaban en acabar unos diez años, como mínimo. “Hombre Lorenzo, menos mal que me encuentro alguien de los de antes”, le espetó. Francisco estaba arriba del aulario: “Cuando le dije que era el profesor que iba impartir la clase le cambio la cara de tal manera que creo que jamás podré olvidar esa expresión de sorpresa”.

Es el retrato con letras de Francisco Lorenzo Solá, el guardia civil que estudió dos carreras universitarias y se hizo doctor en Comunicación, con alta nota: sobresaliente “cum laude”. Dice que su trayectoria siempre tuvo como objetivo contar adecuadamente y mejor las cosas. Tiene una hija. Dejó el tricornio en un armario de la Comandancia de la Guardia Civil de Alicante. Sigue con sus clases, el birrete y con traje académico para actos solemnes.

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