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La prostitución en pisos crece un 70% y deja a las mujeres más expuestas

Cruz Roja lanza un plan integral que atiende a 300 prostitutas al año en Alicante, Elche, Benidorm, Elda, Torrevieja y Guardamar

Una profesional de Cruz Roja atendiendo a una prostituta

Una profesional de Cruz Roja atendiendo a una prostituta / Rafa Arjones

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Beatriz Rico

Beatriz Rico

La prostitución en la provincia de Alicante abarca una realidad diversa. Muchas de las mujeres que se dedican a esta actividad lo hacen por falta de alternativas, movidas por situaciones de pobreza, exclusión social o, en algunos casos, bajo el control de redes de trata. Tras años analizando la situación, Cruz Roja está desarrollando un plan integral de intervención mediante el que atiende a 300 mujeres al año, al considerar que la provincia de Alicante es un lugar de captación, traslado y explotación sexual, con redes de trata más difuminadas y, por ello, más difícilmente reconocidas y con víctimas que se encuentran confundidas. 

Según los datos que maneja Cruz Roja, la prostitución en pisos ha aumentado un 70% en la provincia. Esto se debe a que tanto las trabajadoras sexuales como los clientes tratan de evitar la exposición pública y mantener su vida privada más protegida, aunque ello conlleve más desprotección. La prostitución en pisos se da en mujeres de entre 27 y 58 años, tanto españolas como latinoamericanas, cuyo objetivo es cubrir necesidades básicas. El programa que está lanzando Cruz Roja se desarrolla en Alicante, Elche, Benidorm, Elda, Torrevieja y Guardamar con el objetivo de proporcionar a estas mujeres una red de apoyo que les permita acceder a servicios de salud, ayuda psicológica, orientación laboral y, en los casos necesarios, protección frente a situaciones de explotación. En muchas ocasiones también se les facilita material preventivo, como preservativos.  

Rocio Forriol, psicóloga y responsable de proyectos de lucha contra la trata de mujeres en la provincia, asegura que la prostitución se ha desplazado a los pisos en una tendencia que considera «peligrosa», por la violencia que puede conllevar. «En la calle las podíamos ver y hablar con ellas. Veíamos si tenían un ojo morado o si estaban en riesgo, ahora es mucho más complicado buscarlas en las casas», admite.

Muchas de las mujeres que ejercen la prostitución en Alicante son inmigrantes en situación irregular, lo que dificulta su acceso a ciertos servicios y las coloca en una situación de extrema vulnerabilidad frente a la explotación. El estigma social también es un obstáculo importante, ya que muchas de ellas sienten vergüenza o miedo de buscar ayuda, lo que limita la efectividad de las intervenciones. 

Cruz Roja encuentra muchos estereotipos y estigmas asociados al ejercicio de la prostitución como gran barrera social y cultural. El objetivo de sus intervenciones es llegar a todas las mujeres en situación de prostitución en pisos de las localidades alicantinas. María José Amorós, responsable del proyecto, lleva 15 años trabajando en Cruz Roja y asegura que «antes el 90% de la prostitución era callejera y había mucha movilidad pero ahora todo se mueve a través de pisos y algún club, por lo que nos hemos reinventado para enterarnos de dónde están y acceder a pisos para ayudarlas y que vean que no están solas».

Gracias a estas intervenciones, muchas de ellas han podido acceder a servicios de salud, iniciarse en cursos de formación laboral o recibir el apoyo psicológico que necesitaban para enfrentarse a situaciones de trauma y violencia. Además, en algunos casos, el plan ha logrado identificar a mujeres víctimas de trata o explotación sexual, canalizándolas hacia recursos de protección y seguridad

La primera atención se desarrolla en los lugares donde se ejerce la prostitución: calles y pisos. Los diferentes equipos de profesionales y voluntarios les ofrecen atención inmediata para reducir su vulnerabilidad, para, posteriormente, favorecer su empoderamiento y diseñar un plan personalizado de intervención. El trabajo a pie de calle busca respetar su toma de decisiones y encontrar elementos de unión con la sociedad en la que son excluidas. La psicóloga Rocio Forriol asegura que «hemos trabajado con mujeres que se han reinsertado en la sociedad aprendiendo español y con sus papeles en regla para poder acceder a un puesto de trabajo. Una vez regularizadas tienen más opciones para conseguir empleo». 

Los colectivos que se abordan son drogodependientes, transexuales, inmigrantes y personas que trabajan en pisos. En muchos casos han sido víctimas de violencia de género o abusos en la infancia, con dificultad de acceso al mercado laboral y con fuertes desarraigos familiares. 

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