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El canciller más joven de España es de Alicante

Joan Pons Conca fue nombrado en 2022 canciller de la Embajada española en Sudán. Se convertía, a sus 27 años, en el más joven en el cargo. Hoy, y tras una huida obligada por la guerra en el país africano, ejerce como tal en la embajada de Damasco, en Siria. «Es toda una aventura», cuenta.

El alicantino Joan Pons Conca, canciller en Siria, saluda a un vecino en las calles de Damasco.

El alicantino Joan Pons Conca, canciller en Siria, saluda a un vecino en las calles de Damasco. / INFORMACIÓN

Ramón Pérez

Ramón Pérez

El 15 de abril de 2023 estalla la guerra en Sudán. Tras una semana de horror y barbarie, pertrechados todos bajos el mismo techo, el contingente de trabajadores de la Embajada española recibe el visto bueno para la evacuación. El último escollo, llegar hasta la base militar desde donde se efectuará el despegue del avión. Un convoy de ocho coches sale de Jartum, van juntos, siete pasan el último control y al último le dan el alto. Ya no se puede pasar, que se ha hecho tarde, dice un militar sudanés. En el interior de ese vehículo detenido va Joan Pons Conca, un alicantino de 27 años que desde hace unos meses estrena el cargo de canciller. «Se me ocurrió decirle, en el poco árabe que chapurreaba, que éramos de la Embajada de España, pero solo me entendió lo de España», cuenta. Entonces, el militar -saben que la realidad siempre supera a la ficción- les contestó: «¡España! ¿Barça o Madrid?».

Pons dijo «Barça» y el militar ablandó su postura y la fuerza con la que sostenía la ametralladora. En ese momento, el policía que conducía el coche echó la mano a los asientos traseros para coger su maleta. «Sacó una camiseta del Barça que se había llevado a Sudán para hacer deporte y se la regaló», recuerda Pons. El oficial detuvo al último vehículo, con toda seguridad, para llevarse un sobresueldo y acabó con una camiseta del club blaugrana. Fue el salvoconducto para Pons y su conductor y la Embajada de España al completo regresó a Madrid huyendo de un conflicto que todavía sigue abierto.

Como ésta, infinidad de anécdotas, muchas de ellas irreproducibles por secreto y por inverosimilitud. Algunas costarían creer. A todas ellas se ha acostumbrado Joan Pons Conca (Alicante, 1995), que en 2022 se convirtió en el canciller más joven de España. «Yo estudié DADE (Derecho y Administración de Empresas) y luego aprobé una oposición del Estado, pero siempre me interesó trabajar en el exterior», explica. Seducido por el Derecho Administrativo que le inculcó su profesor de la UA, Juan José Díaz, comenzó a postularse al mundo de las embajadas y, tras varios exámenes y entrevistas, en el verano de 2022 sonó el teléfono. «Fue un cambio radical, de la noche a la mañana estaban esperándome a mí, un chaval de Beneixama, en el Palacio del Marqués de Salamanca».

Aquella experiencia fue tan novedosa que en el aeropuerto ya supieron que era un recién llegado al país. Su madre le regaló unas maletas, cuando las recogió de la cinta estaban llenas de arena y se puso a sacudirlas ahí mismo. Una mujer se le acercó y le dijo: «¿Tu primera vez aquí?». Él contesto: «Sí, ¿por qué?». «Luego me di cuenta de que con las tormentas de arena iba a convivir casi a diario», confiesa. De Sudán señala el gran shock que supuso vivir fuera del paraguas de Europa. El agua del grifo, ni tocarla; la electricidad, o con un generador o con nada. Aun así, su recuerdo es positivo: «Es un país extremo, tiene una dualidad extraordinaria, es una mezcla de país musulmán y el África negra, es una balanza preciosa». Sin embargo, en abril de 2023 se inició la guerra y Pons se enteró porque un misil entró en su edificio. «Desde entonces vivimos más de setenta personas en una casa en la que imperó el buen humor y donde no hubo ningún problema, quiero destacar la profesionalidad del embajador Isidro González Afonso, hizo un papel vital para todos», apostilla.

Joan Pons Conca, en la Embaja de España en Damasco.

Joan Pons Conca, en la Embaja de España en Damasco. / INFORMACIÓN

Por aquella etapa en Sudán Joan Pons, que hoy todavía no ha llegado a la treintena, ha recibido recientemente a manos del Rey la Cruz de la Orden al Mérito Civil. Su siguiente destino fue la Embajada española en Damasco, donde acaba de cumplir un año en el cargo. «Siria está mucho más desarrollada que Sudán, Damasco fue diseñada por un arquitecto español y tiene influencias francesas que se pueden ver en las avenidas, las aceras y los parques», apunta. Ese carácter algo mediterráneo le hace sentirse un poco más cerca de casa. A diario, en el camino a pie que hace de su casa a la Embajada, recibe invitaciones para sentarse y echar la partida de backgammon. «Es como si estuviera en Beneixama, la gente hace vida en la calle, buscando una sombra, fumando un cigarro, hay mucha hospitalidad», cuenta Pons con cariño.

Sin embargo, la situación se ha recrudecido en las últimas semanas con la guerra de Israel contra Hezbollah en el Líbano, país fronterizo con Siria. «Ésta es una región convulsa, donde intervienen muchos actores diferentes y a veces Siria se ve afectada», lamenta Pons, que hace hincapié en el esfuerzo de la gente local. «La población lucha por recuperar cierta normalidad, el país tiene carencias porque en 2012 empezó un conflicto que se ha alargado mucho tiempo, pero la imagen que se tiene en Europa no es la realidad», aclara. «Hay gente que hasta me llega a preguntar qué como y yo les digo que aquí hay restaurantes chinos, mexicanos...».

La vida en la embajada

Pons, como canciller, es el encargado de la gestión administrativa de la Embajada, donde principalmente se ocupa del control económico de la misma. «Digamos que soy el mando intermedio entre el embajador y el resto de los trabajadores». Acostumbrado ya a una dedicación plena, confiesa estar cumpliendo un sueño: «Si vine aquí es por trabajo, es una prioridad y estoy disponible las 24 horas, laboralmente es una oportunidad muy buena, esto es toda una aventura».

Su poco tiempo libre está invirtiéndolo en aprender italiano y perfeccionar el árabe; su estancia en Damasco acabará en 2028. «No podemos estar más de cinco años en el mismo sitio, pero sí que tengo intención de cumplirlos», señala. Su juventud y jovialidad le han hecho ganarse un hueco entre sus compañeros, que semanalmente le insisten para que haga otro de sus arroces. «Viajo siempre con una paella y les encanta, aunque no soy ningún experto», revela entre risas. También se llevó a un alto cargo de la ONU con el que ha forjado una buena amistad a las fiestas de su pueblo, Beneixama. «Son cosas que nunca hubiese imaginado».

Preguntado por lo que más echa en falta, Pons subraya que el sentimiento de pertenencia a una comunidad. «Aquí hay mucha gente que viene y va, cuando conoces a alguien la primera pregunta siempre es ‘¿hasta cuándo te quedas?’ Los amigos tienen fecha de caducidad», matiza. También reconoce que ha pasado un verano largo «sense orxata ni fartons» y que sigue al Hércules en la distancia. «M’estan fent patir aquestos anys, però ara no em puc queixar».

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