Análisis
Alicante, toma nota: consejos que deja la tragedia de la DANA de Valencia
Las obras antirriadas, un resorte tras la desgraciada gota fría de 1997, fueron un ejemplo de resistencia que ahora deberían servir de espejo con nuevas actuaciones porque la catástrofe ha rozado de nuevo a la ciudad

Un hombre observa un aparcamiento anegado por las lluvias de 2017 en Alicante / Jose Navarro
Que cuando Jorge Olcina toma la palabra los demás debemos escuchar con atención es una máxima. Y que lo que propone el catedrático de Análisis Geográfico Regional y director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante se debería tener siempre en cuenta, también. Esta semana, en esta tremenda resaca tras la trágica DANA del 29 de octubre, Olcina ha puesto el foco en los desarrollos urbanísticos que están impulsando los ayuntamientos.
Y lo ha hecho en un intento de alertar a las autoridades responsables para evitar, en todo lo que se pueda, que futuras lluvias torrenciales, que volverán y cada vez con más frecuencia y mayor intensidad por ese cambio climático que niegan algunos (entre ellos un partido con mando en plaza en ayuntamientos y, hasta que quiso su dirección nacional, en la propia Generalitat), puedan -las riadas, decía- generar un daño tan difícilmente reparable como las que recientemente han asolado Valencia.
Olcina, en alusión a los ya 240.000 alicantinos que viven en zonas de riesgo de la provincia, ha advertido de que «es necesario que se paralicen todos los proyectos de urbanización en zonas inundables que se encuentran en fase de tramitación hasta que no se lleve a cabo una nueva evaluación del riesgo de inundación adaptada a las condiciones climáticas actuales, con umbrales de precipitación horaria cada vez más elevados». Así, el experto en clima ha puesto sobre la mesa una «medida precautoria» para todo el litoral mediterráneo. Y ahí se incluye Alicante.
Réplica
Dos días después, también a preguntas de este diario, Olcina ha planteado un proyecto para intentar minorar las consecuencias sobre el terreno de futuras DANA, que desde ese mismo instante tendría que estar en los planes pendientes de estudio del Ayuntamiento, gobernado por Barcala.
Y se ha esbozado con la vista puesta en Playa de San Juan, en el premiado parque de La Marjal, en una de esas obras que se han desarrollado en la ciudad en los últimos años para intentar reducir los efectos de lluvias torrenciales que han provocado desde cuantiosos daños materiales a, incluso, la pérdida de vidas humanas.
En pleno diseño del futuro Parque Central, uno de los desarrollos urbanísticos que más años lleva esperando la capital alicantina, Olcina plantea la opción de que se incluya una zona inundable que complemente la canalización existente ya en el barranco de San Blas, un entorno señalado en el Plan de Acción Territorial para la Prevención del Riesgo de Inundaciones de la Comunidad Valenciana (Patricova).
«Aunque esa canalización fue diseñada con capacidad suficiente para riadas similares a las del 97, no estaría de más incorporar un parque inundable. Es una solución que ya se ha demostrado efectiva en el parque de La Marjal, donde el espacio funciona como un sistema de retención natural en caso de lluvias intensas», señalaba esta semana Olcina. Así que toca escuchar... y tomar nota. Por el bien de todos.
Es el momento
Al respecto, la arquitecta y geógrafa Esmeralda Martínez, encargada de la consulta pública relativa al Parque Central, sostiene que el actual es un momento clave. Idóneo, incluso. «Estamos en la fase de ordenación pormenorizada, lo que significa que todavía hay margen para diseñar el parque con un enfoque basado en la naturaleza. Incorporar zonas permeables y sistemas de drenaje sostenibles sería una forma eficiente de gestionar el riesgo hídrico y, al mismo tiempo, potenciar el valor ambiental del espacio», defiende la experta alicantina.
En este contexto, con el corazón aún encogido por la trágica riada de Valencia y sabiendo que esas lluvias incontrolables son cada día más virulentas en el arco mediterráneo, el Ayuntamiento de Alicante debería tomar como propias las lecciones que deja la DANA del 29 de octubre de Valencia.
Tras años de espera, demasiados, con el proyecto en un cajón de algún despacho municipal, el diseño definitivo del Parque Central, así como de otros desarrollos urbanísticos en ciernes como el del plan parcial de la Albufereta o el segundo sector del PAU 5, que entre los tres suman en total unas 3.500 viviendas, deben dar respuestas a las necesidades de la ciudad, naciendo preparados para lo que vendrá.
Y como ejemplo están las obras antirriadas que se impulsaron tras la desgraciada gota fría de 1997. Solo unos meses después, la ciudad empezó a abrirse en canal para que la fatalidad no volviera a repetirse. Hubo unidad. Y se notó. Y sobre todo decisión política: no podía pasar otra vez. Ahora se debería pensar igual, que Valencia está ahí al lado.
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