El 13% de los adolescentes asegura haber consumido laxantes y suplementos para perder peso
Uno de cada tres ha hecho dieta en el último año con un repunte de la obsesión por la comida sana y por ganar masa muscular a toda costa. Apuestan por el ayuno prolongado y hay casos precoces de trastorno de conducta alimentaria en niños y niñas de 6 años

El culto al cuerpo está detrás de dietas de adelgazamiento en personas cada vez más jóvenes / Áxel Álvarez
El 35,7% de los adolescentes está o ha estado a dieta en el último año y la mayoría de ellos no quiere especificar el motivo por el que la comenzó. Uno de cada cinco confiesa haber mentido respecto a lo que ha comido o fingió malestar para no comer y un 13% de niños y jóvenes de 12 a 18 años asegura haber consumido laxantes suplementos para perder peso. Los suplementos alimentarios suelen contener vitaminas, minerales, fibra, cafeína y plantas medicinales.
Así se desprende del informe “Percepción del riesgo de trastorno de conducta alimentaria en población adolescente” elaborado por Proyecto Comer Libremente, en colaboración con el Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de la Comunidad Valenciana, con datos aplicables a las tres provincias. Estas conclusiones son el resultado del análisis de una serie de encuestas realizadas a varios cientos de adolescentes de 12 a 18 años durante 2023 en la Comunidad Valenciana y resultado del Move On, la iniciativa mediante la cual la entidad colegial financia y ayuda a desarrollar proyectos e ideas de sus colegiados y colegiadas.
De este modo, el colectivo de nutricionistas quiere llamar la atención sobre los comportamientos de los más jóvenes en relación con la comida.
Imagen corporal
“El hecho de seguir dietas sin una supervisión profesional en edades tempranas es un factor de riesgo de desarrollar un trastorno alimentario. La atención excesiva en la imagen corporal y el control de los alimentos ingeridos aumentan el riesgo de mantener posteriormente este tipo de conductas extremas, generando una obsesión que empeora la calidad de vida”, señala Belén Serrano, dietista-nutricionista y coautora del estudio.
También la Real Academia Nacional de Medicina de España ha querido poner el acento en que cada vez hay más menores entre 6 y 11 años con trastorno de conducta alimentaria cuando antes aparecían a partir de los 12 años.
Los hospitales de la provincia constatan ese aumento de los trastornos de la conducta alimentaria, con casos de ingreso cada vez más graves y un índice de desnutrición mayor. La media de índice de masa corporal (IMC) con que los pacientes llegan al hospital ronda la cifra de 12, lo que implica una gravedad extrema, ya que el índice saludable es de 18,5.
Además, los menores con trastornos de la conducta alimentaria que necesitan hospitalización son cada vez más jóvenes: incluso a los 10 años, como confirmó a este diario el doctor Vicente Elvira, jefe del servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Sant Joan d’Alacant, centro de la sanidad pública de la provincia que cuenta con planta de hospitalización psiquiátrica y seis camas para trastornos alimentarios.
"En este tipo de enfermedad, cuanto antes aparecen, mejor pronóstico tienen, pero si no se tratan a tiempo, en el caso de las niñas ni siquiera van a poder tener su primera regla”, revela el profesor Celso Arango, académico de número de Psicología, y director del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental.
Solo hueso y piel
"Estos trastornos pueden cronificarse y ser incluso letales, porque una de cada diez personas con un trastorno como la anorexia de tipo restrictivo va a perder la vida como consecuencia de esta grave enfermedad”. “He visto morir a pacientes en la UCI después de muchos años con un trastorno de conducta alimentaria de tipo restrictivo, con 22 o 23 kilos que son hueso y piel, y que siguen estando absolutamente convencidas de que les sobra peso de los glúteos, las piernas o los brazos. Esto se debe a que no solamente tienen miedo patológico a la ganancia de peso, sino que también sufren una distorsión cognitiva de su imagen y una incapacidad para percibir su cuerpo de forma objetiva”, lamenta el doctor.
Como recuerda esta entidad, "los trastornos de la conducta alimentaria no se limitan a la anorexia y la bulimia, sino que incluyen muchas condiciones que afectan tanto a la relación con la comida como a la percepción del propio cuerpo y cada uno tiene sus características distintas”, explica la profesora Mónica Marazuela, académica de número de Endocrinología, Metabolismo y Nutrición.
Más masa muscular
Según el informe del Colegio de Dietistas, la preocupación por la imagen corporal comienza a ir más allá de la pérdida de peso y ahora la atención también se centra en la ganancia de masa muscular y el incremento de peso total.
“Observamos una tendencia hacia la búsqueda de cuerpos más voluminosos y musculados. Este desplazamiento en las prioridades podría implicar un aumento en el futuro de otros tipos de trastorno alimentario menos tradicionales como la ortorexia, obsesión por la comida sana; o vigorexia, que se centra en la búsqueda obsesiva por alcanzar mayor masa muscular a cualquier precio y mediante cualquier medio”, explica Bárbara Tena, cofundadora de Comer Libremente y coautora del documento.
La vigorexia, como explican desde la Real Academia de Medicina, "no es un trastorno alimentario per se, es una variante, pero sí que es una distorsión de la imagen corporal y que provoca una obsesión por tener un cuerpo culturista. Ellos no quieren estar delgados, sino muy fuertes, y todo gira en torno a esto, se convierte en una adicción al gimnasio”.
Apariencia física
Esta tendencia aparece ya en adolescentes, lo que supone una preocupación creciente por su apariencia física y la aparición de la crítica corporal desde los 12 años. De hecho, el 58,6% de los adolescentes encuestados por el Colegio de Nutricionistas admite haber realizado comentarios sobre cuerpos ajenos tras percibir cambios físicos en sus compañeros y compañeras.
Preguntados por su relación con la comida, uno de cada 5 confiesa haber mentido en el último año respecto a lo que ha comido o fingió malestar físico para no comer.

JOSE NAVARRO
“Recurrir a la mentira para reducir la ingesta demuestra que hay un problema evidente con la comida, normalmente relacionado con el deseo de comer menos. Este comportamiento suele estar vinculado a un ciclo emocional característico de los trastornos de la conducta alimentaria que incluye emociones como la culpa, la pérdida de control y la frustración. Además, esto puede ser el inicio de muchas otras conductas de riesgo propias de estos trastornos, convirtiéndose en un punto de partida hacia dinámicas más complejas y dañinas”, indica la nutricionista Bárbara Tena.
Dietas milagro
La búsqueda de soluciones rápidas para lograr el “cuerpo deseado” también ha llegado a la población adolescente y desde el colegio profesional quieren poner el acento en que uno de cada cuatro encuestados considera que es normal perder más de 4 kilos en un mes.
“Esto refleja una posible normalización de prácticas de pérdida de peso de riesgo, con conductas alimentarias que son en sí un trastorno, como el ayuno prolongado, la restricción calórica extrema o el uso de laxantes. Estas prácticas pueden desencadenar un círculo vicioso: tras una dieta extrema, muchas personas experimentan atracones, lo que aumenta su insatisfacción corporal y refuerza conductas compensatorias poco saludables, creando un ambiente propicio para el trastorno alimentario”, explica Luis Cabañas, presidente colegial.
“La limitada percepción de los riesgos de las dietas subraya la necesidad de fomentar una educación sobre prácticas saludables a la hora de modificar el físico y para ello estamos los profesionales de la nutrición”.
Suplementos nutricionales
Al riesgo de seguir “dietas milagro” se le une el de los suplementos para perder peso que un 13% de jóvenes de 12 a 18 años afirma haber consumido para este fin. “Que una parte de los adolescentes encuestados haya podido acceder a estos suplementos demuestra la extendida comercialización de estos productos sin ninguna medida de control ni regulación, además de la normalización de su uso en ciertos entornos, que anteponen la imagen a la salud”, afirma la especialista Belén Serrano.
Para hacer frente a este tipo de trastornos y atajarlos desde edades tempranas, ambas profesionales, a través de su proyecto “Comer Libremente” imparten charlas y talleres de prevención y detección, tanto para profesionales sanitarios como para población general y en especial jóvenes y adolescentes.
El Colegio de Dietistas y Nutricionistas recuerda la importancia del trabajo multidisciplinar entre nutricionistas y profesionales de la Psicología para abordar y tratar esta problemática. A través de su página web pone a disposición de los ciudadanos un registro de especialistas colegiados en el que encontrar a los profesionales adecuados por ámbito de actuación.
Sobre todo mujeres
Aunque la mayoría de los casos de trastorno alimentario se diagnostican en mujeres, que representan aproximadamente el 85-90% de los casos de atracón, anorexia y bulimia, "se ha observado un aumento significativo de la prevalencia entre hombres”, reconoce la endocrina Mónica Marazuela, de la Real Academia Nacional de Medicina de España. “El trastorno por atracón es el más frecuente porque afecta hasta un 3% de la población y puede contribuir al desarrollo de la obesidad, aunque la que conlleva un mayor riesgo de mortalidad es la anorexia nerviosa, seguida de la bulimia nerviosa”, afirma la doctora Marazuela, catedrática de Endocrinología y Nutrición.
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