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Las calles fugaces en Alicante

A finales de 2016 el tripartito renombró varias calles por la Ley de Memoria Histórica, pero en enero de 2017 una jueza obligó a colocar de nuevo las placas franquistas. En 2018 el PP retomó el cambio pero se olvidó de algunos homenajeados

Dos mujeres, en diciembre de 2016, pasean por la calle Tío Cuc, que antes había sido Teniente Álvarez Soto.

Dos mujeres, en diciembre de 2016, pasean por la calle Tío Cuc, que antes había sido Teniente Álvarez Soto. / Héctor Fuentes

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Ramón Pérez

Ramón Pérez

Josep Coloma Pellicer y su obra cumbre, la publicación más leída en la Alicante de preguerra, El Tío Cuc, tuvieron una calle dedicada en la zona más céntrica de la ciudad. Fueron apenas dos meses y como éste, varios casos más, fugaces reconocimientos que se esfumaron en un juzgado y en un repentino cambio de gobierno. Ya nunca más fueron homenajeados en la ciudad y ningún rótulo los recuerda.

A finales de 2016 el tripartito de izquierdas que gobernaba en la ciudad cambió de nombre varias calles de Alicante por la Ley de Memoria Histórica, pero en enero de 2017 una jueza obligó a colocar de nuevo las placas franquistas. por considerar que la sustitución se ejecutó «de manera precipitada e inmotivada». En 2018, ya con el gobierno del PP, Alicante retomó el cambio de denominaciones del callejero, aunque muchos homenajeados por el tripartito ya no volvieron a ser recordados.

En octubre de 2016 el alcalde socialista Gabriel Echávarri y la edil de Memoria Histórica, María José Espuch, anunciaban la eliminación de 46 nombres de calles y espacios públicos con connotaciones franquistas. Atrás iban a quedar el barrio José Antonio, las plazas de la División Azul y de los Hermanos Pascual y calles como la del Comandante Franco o las de los tenientes Álvarez Soto, Coronel Chápuli y Robles.

Las propuestas para sustituirlas eran mujeres en un 70% y también hombres con protagonismo en la cultura, el deporte y otros ámbitos de la ciudad. Así, la calle de Adolfo Muñoz Alonso, en San Blas, pasaría a ser la de Las 27 Constituyentes, las mujeres diputadas del primer parlamento español democrático. Del mismo modo, otras vías de la ciudad vieron cómo se cambiaban sus rótulos en aquellos últimos meses de 2016. Junto a La Rambla, la calle Teniente Álvarez Soto, militar franquista muerto durante la Guerra, pasó a ser la del Tío Cuc. En el centro, la de García Morato, un militar franquista, pasó a ser la de Miquel Grau, militante de izquierdas asesinado de un impacto en Luceros mientras pegaba unos carteles durante la Transición.

Entre el listado de nuevas nomenclaturas figuraba la retirada en La Florida de la calle Fernando Madroñal, un maestro combatiente en las filas sublevadas, que pasaría a ser dedicada a la Institución Libre de Enseñanza. Unas de las vías perpendiculares al paseo de Gadea, la del Teniente Robles, sería para la poeta Francisca Aguirre. Y así, una gran lista. Algunas se llegaron a poner, otras apenas quedaron en una propuesta.

Tanto unas como otras fueron borradas de un plumazo cuando sólo llevaban colocadas uno o dos meses. El 12 de enero de 2017 un juzgado paralizaba de manera cautelar la aplicación de la Ley de Memoria Histórica en el callejero de Alicante. La jueza aseguró que el Ayuntamiento, pese a un recurso presentado por elPP, prosiguió con la sustitución de los nombres precipitadamente. La resolución de entonces consideró que el gobierno local hurtó competencias a los tribunales al ejecutar el acuerdo pese a haber un procedimiento abierto.

En marzo de 2017 el tripartito, entre varias acusaciones internas y de la oposición (Barcala calificó de esperpéntica la pelea del tripartito por ver quién era el que se subía a la escalera para cambiar los rótulos), hubo de reponer las placas franquistas y el cambio del callejero quedó congelado. Volvían así la División Azul y otros rótulos al día a día de la ciudad.

Un año después, y tras la llegada al poder de Luis Barcala, el PP retomó el renombramiento de varias de las calles, eso sí, con patentes modificaciones. La vía del Teniente Álvarez Soto, que tuvo brevemente el nombre del Tío Cuc, finalmente sería para Cándida Jiménez Gargallo, profesora que formó parte del Ayuntamiento de Alicante durante la dictadura de Primo de Rivera. Hoy sigue llamándose así la calle. La de Adolfo Muñoz Alonso, que fue fugazmente la de Las 27 Constituyentes, es en la actualidad la calle de Antonio Martín Trenco, un vecino de San Blas que cedió los terrenos. La de García Morato ya no volvió a ser la de Miquel Grau y desde hace un tiempo es para el pintor José Gutiérrez Petén. Hoy no hay reconocimiento alguno al Tío Cuc, ni a Las 27 Constituyentes ni a Miquel Grau.

Tampoco lo hay para Clara Zetkin, la política impulsora del 8 de marzo que durante un breve lapso de tiempo dio nombre a la calle Jaime Niñoles, en Ciudad de Asís. En la actualidad, y a diferencia de las calles anteriormente nombradas, la de Niñoles sigue llamándose hoy de esta manera. Como este caso, alguno más sonoro. Entre la Rambla y la plaza de San Cristóbal, generó polémica la calle de Primo de Rivera, que presidió por encargo de Alfonso XIII un gobierno militar antidemocrático. El tripartito propuso renombrarla como la de José Luis Lassaletta, el primer alcalde democrático de Alicante, pero hoy continúa sin modificación. El caso de Lassaletta es particular porque cuando el tripartito propuso el cambio ya existía una calle en su honor en Babel, que pasaría a ser la del Negre Lloma. Aquello levantó polémica entre los vecinos y finalmente el alcalde Lassaletta sigue estando homenajeado en Babel y el Negre Lloma, el célebre personaje de la Alicante prebélica que fue tripulante de un petrolero, continúa sin homenaje.

Tampoco hubo hueco para la escritora de la Generación del 27 María Teresa León, ni para Amado Granell, el jefe español de La Nueve, la compañía que liberó París de los nazis. El nuevo gobierno de Alicante sustituyó al Comandante Franco y a Enrique Madrid, para donde habían sido propuestos, por una calle dedicada al Racing de San Gabriel y para el fiscal Miguel Gutiérrez.

Una calle para Fernando Gil

Recientemente el Ayuntamiento ha inaugurado varias calles, como la del exjugador de balonmano Santos Labaca, en Vistahermosa. También ha aprobado esta semana otra dedicada para la Policía Nacional, sin embargo, la destinada para el periodista Fernando Gil lleva esperando desde 2023, cuando la Junta de Gobierno aprobó la nueva denominación para un vial situado en el entorno de Garbinet tras más de una década de insistencia de la asociación cultural Alicante Vivo. La calle destinada al extrabajador de INFORMACIÓN tiene ubicación, junto al IES Gran Vía, pero la Guía Urbana no la incluye, en su lugar, un expectante «desconocida».

Las paredes del Barrio se llenan de recuerdos a sus «imprescindibles»

Cuando el Ayuntamiento no llega a todo, interviene el ciudadano. El Casco Antiguo, reducto durante años de las genialidades más inesperadas, recuerda hoy de manera informal a algunos de sus «imprescindibles», aunque lo hace de manera deshilachada, a fogonazos. Los carteles pegados en sus paredes por familiares y amigos responden a la improvisación, no a una acción conjunta. Así durante años en la plaza San Cristóbal luce un cartel que recuerda a El Chipi. Conforme se sube a la plaza del Carmen, en la calle Cienfuegos, frente a lo que fue el pub La Luna, también es ya un clásico el rótulo que homenajea a Manolo Ruano, hostelero y activista que fue uno de los fundadores de la primera barraca popular en 1978.

La cuenta de X (antiguo Twitter) de Toponímia Alacantina recuerda en un hilo varios de estos pintorescos homenajes que proliferan en el Casco Antiguo y lanza el guante a un Ayuntamiento que tiene en su bandeja de entrada varias solicitudes para renombrar espacios en el Barrio con parte de sus protagonistas más icónicos. Varios de los «culpables» de estos homenajes populares recuerdan que una ciudad no sólo bebe de políticos, deportistas y santos, sino que también crece gracias a la participación de «gente de a pie».

Estos no son los únicos protagonistas de las paredes de un Casco Antiguo que es una ebullición de arte callejero: un cuadro de Raffaella Carrà donde se puede leer «mamá, dame 100 pesetas», una copia de una obra del pintor belga Magritte, un mural en tonos grises en la subida del parking de San Cristóbal, cientos de pintadas reivindicativas o la enigmática «Feta Pols», que inunda desde hace años la ciudad.

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