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ENTREVISTA | Maje Martínez Psicóloga

"El uso de pantallas en las aulas se ha implementado sin consultar a los profesionales"

La psicóloga sanitaria aborda cómo el uso excesivo de dispositivos electrónicos en los centros educativos puede afectar a la concentración y atención de los estudiantes

La psicóloga alicantina Maje Martínez, en una imagen cedida

La psicóloga alicantina Maje Martínez, en una imagen cedida / INFORMACIÓN

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Juan Fernández

Juan Fernández

El debate sobre la digitalización en las aulas está tomando un nuevo giro tras el reciente anuncio de la Generalitat de Catalunya, que plantea restringir el uso de dispositivos móviles en los institutos y limitar la presencia de pantallas y nuevas tecnologías en las clases de Infantil y Primaria a partir del curso 2025-2026.

En este contexto, la psicóloga sanitaria alicantina Maje Martínez, especializada en psicología infantil en la clínica Psicópolis de Alicante, aborda cómo el uso excesivo de dispositivos electrónicos puede afectar la concentración y atención de los estudiantes, un tema que preocupa tanto a educadores como a profesionales de la salud.

¿Cómo pueden afectar los aparatos electrónicos en la atención de los jóvenes en clase y en su proceso educativo?

Está comprobado que el uso excesivo de móviles inteligentes puede reducir la capacidad de atención y concentración, no solo en niños y adolescentes, sino también en adultos. Cuando un joven pasa muchas horas frente a su teléfono, se acostumbra a recibir estímulos intensos y constantes, en un formato rápido y sin esfuerzo, lo que hace que el proceso sea completamente pasivo. En este contexto, el adolescente consume contenido sin necesidad de interactuar de manera activa. Cuando luego se le pide que mantenga la atención en clase, en un entorno menos dinámico, sin tantos estímulos visuales y con un proceso cognitivo que exige comprender, razonar y procesar información, puede resultar difícil para él, ya que no está habituado a este tipo de actividad intelectual, debido al consumo pasivo de contenido.

¿El cambio tecnológico en las aulas, que ha sustituido el libro por la tablet, puede ser contraproducente para el alumnado?

Sí, de hecho, en algunos países se está volviendo a los libros en papel. Como mencionaba antes, cuando consumimos información en una pantalla, no trabajamos esa información de manera activa. En un libro, podemos subrayar, buscar páginas y señalar lo importante, lo que facilita el proceso de aprendizaje. Además, con la llegada de la inteligencia artificial, se ha perdido la capacidad de hacer resúmenes o esquemas, ya que las herramientas digitales pueden hacer ese trabajo por nosotros. Para aprender de manera efectiva, primero es necesario atender activamente a la información, y si no estamos plenamente concentrados en lo que estamos leyendo, no podemos procesar ni asimilar el contenido adecuadamente.

Si la evidencia científica confirma esto, ¿por qué se ha decidido apostar por las nuevas tecnologías en los centros educativos?

La razón principal es que no se ha consultado adecuadamente a los profesionales. Y no me refiero solo a los psicólogos, sino también a los propios educadores. Las leyes relacionadas con la educación rara vez provienen de un entorno escolar o toman en cuenta las valoraciones de profesores, orientadores o psicólogos infantiles.

Los defensores de estas nuevas dinámicas argumentan que es necesario enseñar a los niños a utilizar las tecnologías.

Pero se comete un error al intentar englobarlo todo en la misma categoría. Claro que es fundamental enseñarles a vivir en un mundo cada vez más tecnológico, y deben aprender a usar correctamente las herramientas digitales que tienen a mano. Pero, al igual que una calculadora no reemplaza el aprendizaje de la suma, el hecho de que exista una inteligencia artificial que responda preguntas o resuma textos no significa que los estudiantes deban dejar de aprender a hacer esas tareas por sí mismos.

Ha mencionado antes a orientadores y psicólogos infantiles, ¿cuál es su situación en los centros escolares actualmente?

Es fundamental contar con muchos más profesionales en este ámbito. Es importante entender que no es lo mismo un psicólogo educativo que un psicólogo sanitario. En los colegios e institutos sería necesario contar con ambas figuras. Actualmente, existe la figura del orientador, quien no necesariamente debe haber estudiado psicología, pero su presencia no es suficiente. Es necesario contar con un profesional de la psicología especializado en educación, que pueda abordar problemas de aprendizaje, realizar adaptaciones curriculares y detectar dificultades en estudiantes con TDAH, entre otras cuestiones. Además, y en parte debido al mal uso de las nuevas tecnologías, estamos observando un aumento de trastornos mentales, especialmente emocionales, que se manifiestan en ansiedad, estrés, depresión y otros problemas. Estos trastornos deberían poder ser detectados a tiempo dentro de los centros educativos con psicólogos sanitarios.

¿Cómo afectan las pantallas a los procesos depresivos en los menores?

En algunas ocasiones, hemos pedido a los adolescentes que revisen cuánto tiempo dedican al móvil cada día, y nos hemos encontrado con chicos y chicas que lo utilizan entre 10 y 12 horas diarias. Este uso excesivo tiene consecuencias negativas, especialmente a nivel físico. La calidad del sueño se ve afectada, lo que provoca dificultades para descansar bien, además de dolores por mala postura y problemas de visión. A todo esto se suma la relación directa con los problemas de atención y concentración. También hay un factor importante relacionado con el aislamiento social, ya que muchos jóvenes se refugian en las redes sociales, dejando atrás las interacciones cara a cara y recurriendo únicamente a las conexiones virtuales.

¿Está esto relacionado con los problemas de autoestima?

Exactamente, tiene una gran relación. Las redes sociales no solo fomentan el ciberacoso, sino que también promueven una constante comparación entre los adolescentes y las vidas idealizadas que se muestran en esas plataformas. Esto genera problemas de autoestima, aumenta los niveles de depresión y contribuye a un aislamiento social que, a su vez, deriva en ansiedad. Cuanto menos interactúan con los demás, más difícil les resulta hacerlo, lo que genera aún más obstáculos para asistir al instituto y relacionarse de manera saludable.

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