Cuando los insectos son los primeros testigos de la muerte
La entomología forense se ha convertido en una herramienta clave en la investigación criminal en la provincia, donde el Grupo de Investigación de Entomología Forense de la Universidad de Alicante colabora estrechamente con el Instituto de Medicina Legal
Si el intervalo post mortem es difícil de determinar, los insectos pueden aportar pruebas cruciales

Lo que cuentan las moscas / Alex Domínguez
Solo los verdaderos fanáticos recordarán aquel episodio de CSI Las Vegas en el que Grissom y Sara examinaban un cadáver encontrado en el desierto. El cuerpo estaba infestado de larvas, y su estudio resultó clave para determinar el tiempo transcurrido desde la muerte. Más allá de la ficción, esta técnica pertenece al campo de la entomología forense, una disciplina que en los últimos años se ha convertido en una herramienta esencial en la investigación criminal. En la provincia, el Grupo de Investigación de Entomología Forense de la Universidad de Alicante (UA) desempeña un papel fundamental, colaborando estrechamente con el Instituto de Medicina Legal y la policía científica.
El estudio de la fauna cadavérica, especialmente los dípteros (moscas), desempeña un papel crucial en la entomología forense. Sin embargo, otros grupos de artrópodos, como coleópteros (escarabajos), ácaros e incluso algunas mariposas, también pueden proporcionar valiosas pruebas. Estos insectos no solo ayudan a estimar el tiempo transcurrido desde la muerte, sino que también pueden revelar si la víctima consumió fármacos, drogas o alcohol en sus últimas horas de vida. Además, permiten determinar si el cadáver fue trasladado tras el fallecimiento e incluso aportar indicios de posibles malos tratos previos. En este campo, las moscas necrófagas, comúnmente conocidas como moscardas de la carne, son clave para esclarecer aspectos fundamentales en las investigaciones judiciales.
El profesor Santos Rojo, director del Grupo de Investigación de Entomología Forense de la UA, explica que los médicos forenses pueden determinar con gran precisión el intervalo post mortem (el tiempo transcurrido entre el fallecimiento y su hallazgo) durante los tres primeros días. Sin embargo, advierte que «a partir de ese punto, la variabilidad es enorme debido a múltiples factores». Es en estos casos donde la entomología forense cobra especial relevancia.
Afortunadamente, señala Rojo, «en la provincia no se registra una alta frecuencia de casos judicializados que requieran este tipo de análisis». Por ello, gran parte del trabajo del grupo de investigación se centra en revisar las evidencias entomológicas recopiladas a lo largo de los años en toda España. «El objetivo», explica, «es extraer conclusiones que puedan aplicarse en futuras investigaciones forenses».
Especies halladas en la provincia
La profesora Anabel Martínez, responsable del Grupo de Investigación de Entomología Forense de la UA, destaca que la provincia de Alicante posee características climáticas, geográficas y orográficas únicas en España. Además, su proximidad a África y su intensa actividad turística y comercial han favorecido la llegada y establecimiento de diversas especies de insectos, algunas con gran relevancia forense. «En nuestra provincia se detectaron por primera vez en Europa dos especies clave en este ámbito: Synthesiomyia nudiseta y Chrysomya megacephala», señala Martínez. La primera, una mosca similar a la doméstica pero con larvas estrictamente necrófagas, ha ido ganando protagonismo en autopsias en Alicante, hasta el punto de ser dominante en algunos casos. «Incluso puede depredar otras larvas en el cadáver», añade. Esta especie fue una prueba fundamental en la investigación del asesinato de Diana Quer en 2016.
Por su parte, Chrysomya megacephala ha ido aumentando su presencia en diversas localidades alicantinas y en otras zonas de España, consolidándose como un importante indicador forense, tal como ocurre en otros países. Martínez subraya que la intensa actividad marítima y aérea en Alicante facilita la entrada de especies con gran afinidad por entornos humanizados. «Por eso, las primeras citas de estas especies en España se han registrado en localidades como Benidorm o El Altet», concluye.
Según Martínez, la presencia de diferentes especies de insectos en un cadáver varía según la época del año y el entorno en el que se encuentre. «No es lo mismo que el cuerpo esté en el interior de una casa o en el exterior, en una zona urbana o rural, expuesto al aire libre o enterrado», señala la experta. En Alicante, las especies Calliphora vicina, Lucilia sericata, Chrysomya albiceps, Chrysomya megacephala y Synthesiomyia nudiseta son las más relevantes en el estudio forense, siendo las dos primeras las que llegan primero al cadáver. «Mientras que Calliphora vicina es más frecuente en otoño e invierno, Lucilia sericata aparece con mayor frecuencia en primavera y verano», detalla la experta.
¿Qué revelan los insectos?
La determinación de la fecha de la muerte es uno de los aspectos más demandados en medicina legal, pero los insectos pueden aportar mucha más información en una investigación forense. Según explica la profesora Anabel Martínez, los patrones de colonización de un cuerpo varían en función de si las heridas fueron infligidas antes o después del fallecimiento, lo que puede ayudar a esclarecer la causa de la muerte. «Los insectos también permiten detectar la presencia de tóxicos o drogas en un cadáver, ya que estas sustancias pueden alterar la velocidad de desarrollo de las larvas», señala la experta. Además, algunas especies son exclusivas de ciertos entornos geográficos, por lo que su presencia en un cuerpo hallado en un lugar inusual podría indicar que este ha sido trasladado tras el crimen.
Otra de las aplicaciones clave de la entomología forense es la detección de malos tratos o negligencia en el cuidado de niños o personas dependientes. «La presencia de piojos, por ejemplo, es común en colegios, pero su persistencia en determinadas condiciones puede tener un valor forense», explica Martínez. En este contexto, la entomotoxicología se ha convertido casi en una disciplina independiente, ya que permite detectar sustancias tóxicas a partir de los insectos que han colonizado el cuerpo. «Según la especie hallada, también podemos determinar si la muerte ocurrió en una vivienda, en el exterior o en un entorno rural o boscoso», añade la especialista. Incluso, los insectos pueden aportar indicios de una muerte sin necesidad de que el cadáver esté presente, ya que es posible detectar ADN humano en larvas maduras que se encuentren en la escena del crimen.
Casos reales
Aunque en la provincia de Alicante las muertes violentas no son frecuentes y las pruebas entomológicas no suelen ser requeridas judicialmente, en algunos casos han resultado clave para esclarecer detalles importantes. La profesora Anabel Martínez recuerda un caso en el que un cuerpo fue encontrado envuelto en una manta en un descampado a las afueras de la ciudad. Aparentemente, se trataba de una muerte natural, ya que testigos aseguraban haber visto con vida a la víctima días antes. Sin embargo, el análisis de las especies de moscas halladas en el cuerpo y en las mantas permitió determinar que la muerte ocurrió antes de la fecha indicada por uno de los testigos, lo que evidenció que este mentía y ayudó a reconstruir lo sucedido.
En muchos de los casos estudiados por el Grupo de Investigación de Entomología Forense de la UA, los cadáveres suelen aparecer en domicilios, alertando a los vecinos por el mal olor. «A menudo se trata de personas mayores que vivían solas y han fallecido por causas naturales o accidentes domésticos, aunque también encontramos casos relacionados con la ingesta de fármacos, alcohol o drogas», explica la entomóloga Anabel Martínez. En los últimos años, este fenómeno se ha vuelto frecuente entre extranjeros jubilados que residen en zonas turísticas de Alicante, como ocurrió con algunos noruegos e ingleses que fueron hallados muertos tras días sin ser vistos o debido a los ladridos incesantes de sus perros.
También se han documentado numerosos casos de personas sin hogar o en situación irregular que han sido encontradas en descampados, a las afueras de los núcleos urbanos, en refugios improvisados donde vivían en condiciones precarias. Aunque los detalles de los casos judicializados no pueden revelarse, Martínez confirma que han ocurrido tanto en entornos urbanos como rurales. «Es muy difícil que los insectos no lleguen a un cadáver, especialmente las moscas, salvo en situaciones específicas como cuando el cuerpo está sumergido en el mar», añade la experta. En estos casos, los artrópodos que colonizan el cuerpo suelen ser crustáceos, ya que en el medio marino apenas hay insectos. Sin embargo, especies como los percebes han sido utilizadas para datar cadáveres aparecidos en las costas al analizar su crecimiento en los restos humanos.
Aunque la entomología forense aún es una disciplina poco conocida en España, casos como los estudiados en Alicante demuestran su enorme potencial en la resolución de crímenes y en la reconstrucción de hechos que, de otro modo, quedarían sin respuesta.
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