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Los suicidios en las Fuerzas de Seguridad triplican la media

La UA estudia cómo la exposición a situaciones traumáticas como la dana de València eleva las tasas de trastornos psicológicos entre equipos de emergencia

Agentes de la policía local recorren las calles de un municipio valenciano afectado por la dana. / Europa Press

El plan de prevención del suicidio contará con una financiación de 18 millones / Europa Press

J. A. Martínez

J. A. Martínez

¿Quién cuida a los que nos cuidan? Los índices de suicidio entre miembros de las Fuerzas de Seguridad han puesto de relieve los problemas de salud mental de profesionales que se enfrentan a situaciones de estrés extremo. En los últimos meses, dos agentes de la Guardia Civil destinados en la provincia han acabado con su vida, uno de ellos había estado de baja por depresión. Una cifra que basta para que se enciendan todas las alarmas ya que se estima que entre 25 y 30 agentes de las Fuerzas de Seguridad a lo largo del año se suicidan en España. El índice de suicidios nacional es de once personas al día. Los índices del primer grupo triplican a los del segundo, según esos datos.

 «Mientras que las tasas de suicidio en la sociedad española se sitúan en el 4,5 por ciento, en el tema de las Fuerzas de Seguridad la tasa es mucho mayor. Un 15 por ciento en el caso de la Guardia Civil, entre el 13 y el 14 por ciento el Cuerpo Nacional de Policía, un once por ciento los Mossos y un 10 por ciento en policías locales», explicó Federico Gómez Sáez intendente de la Policía Local jubilado y profesor de la Escuela de Policía, coordinador de un estudio sobre salud mental en las Fuerzas de Seguridad. Gómez explicó que esas cifras se referían a los suicidios consumados, para las ideaciones suicidas son cifras aún más elevadas. «Hay muchas ocasiones en las que se niega el problema de salud, se aíslan y se produce más sufrimiento», señaló.

Con el fin de promover la salud mental entre las Fuerzas de Seguridad, la Universidad de Alicante acogió ayer la presentación de Manual de Buenas Prácticas en Salud y Bienestar Policial, una obra nacida en el marco del programa universitario para mayores de la UA con el fin de detectar posibles situaciones de riesgo en profesionales de los servicios de emergencia y diseñar actuaciones de prevención. Con la pandemia ya quedó en evidencia la necesidad de adoptar medidas para garantizar el tratamiento de las afectaciones psicológicas que puedan sufrir aquellos que se encuentran en primera línea durante las grandes catástrofes. Una situación que ahora la reciente dana de Valencia ha vuelto a poner de manifiesto, donde ya se están detectando casos de agentes que necesitan tratamiento por la situación vivida.

Según los datos ofrecidos por el coordinador de prevención de Asepeyo, José Enrique Aparisi, las estadísticas reflejan un aumento constante en las incidencias médicas por salud mental. En 2018, había 35.000 bajas por salud mental en España. En 2024, se subió a las 66.000. Es decir, un 84 por ciento más. También aumentó la duración de las bajas, de un promedio de 102 días a 130 días. En los equipos de emergencia, proporcionalmente, la cifra sería más alta, a lo que se suma que se trata de casos que hasta ahora se habían tratado de mantener ocultos.

De izda. a dcha., Rafael Arenillas y Marián Aleson de la Universidad Permanente de Alicante y Federico Gómez, coordinador del estudio

De izda. a dcha., Rafael Arenillas y Marián Aleson de la Universidad Permanente de Alicante y Federico Gómez, coordinador del estudio / Alex Domínguez

Por este motivo, con este estudio se trata de dar a los agentes mecanismos de ayuda para que puedan detectar el problema y que puedan ponerle solución antes de que derive en otra situación más grave. En este sentido, Gómez incidió en «romper el estereotipo de la heroicidad y de que necesariamente tienen que ser inmunes a todo lo que les rodea», una idea que ha generado un estigma a la hora de pedir ayuda. 

El origen del trabajo fue la pandemia del covid, un momento que «fue duro para las Fuerzas de seguridad, complicado para los sanitarios». En el estudio han participado siete policías como autores, que abordan el tema de la enfermedad mental sin tabúes. «Sin un tratamiento a tiempo, evolucionan a enfermedades crónicas como el estrés, ansiedad y llegar a una situación extrema como el suicidio», dijo. Su aparición afecta al desempeño laboral, y permanecen en el tiempo porque se tiende a la negación del problema, lo que genera más soledad, más hundimiento. En la actualidad, Gómez está preparando otro estudio sobre salud mental en el cuerpo de voluntarios de Protección Civil. 

Las secuelas de la dana

La jornada abordó los efectos psicológicos que ha dejado en las plantillas de Policía Local la dana de València de manos del ponente Alfredo Pacheco Torralba, intendente de este cuerpo en València, psicólogo y uno de los coautores del libro, y también damnificado por la riada del barranco del Poyo, ya que se vio arrastrado en su casa por el agua con sus hijas. En València se habilitó un servicio telefónico y presencial de atención, para intentar ayudar a los agentes que precisaran ayuda psicológica. Se han recibido 23 casos de policías, que vinieron a pedir ayuda a nivel individual. «Han venido porque no se encuentran bien», explicó. El 35 por ciento cumplen criterios clínicos del estrés postraumático, exposición a la muerte, síntomas y recuerdos, malestar intenso, ansiedad, alteraciones cognitivas.

Pese a esas primeras consultas, consideró que «hasta dentro de un tiempo no se verá el impacto psicológico real». A su juicio se trata de una situación comparable a la vivida en los atentados del 11-M en Madrid o el 11-S en Nueva York, aunque han tenido otras tragedias locales como el accidente del metro de València o el incendio de Campanar. «El daño psicológico en una catástrofe como esta, es imposibles que no afecte. Se produce una respuesta emocional que sobrepasa lo que el cerebro es capaz de procesar», explicó.

En la dana, ha habido miles de policías de varios cuerpos toda España trabajando, entre ellos policías locales de Alicante. Algunos relataron que al volver sí notaron alguna afectación, por el contraste entre lo que vieron allí mientras aquí se vivía en pleno bullicio por las compras navideñas.

Pero los mayores afectados son aquellos que se han enfrentado a la catástrofe en sus propios pueblos. «Hemos tenido agentes que han estado trabajando para rescatar personas y se han encontrado con que sus municipios fueron borrados, siguen sin recursos y sin poder trabajar en sus oficinas. Se trata de municipios pequeños con plantillas limitadas que se han visto desbordados». 

Según explicó, parte de estos daños psicológicos tienden a ir remitiendo con el tiempo, tras una fase aguda que suele requerir apoyo acompañamiento. «En otros casos, los síntomas se quedarán como crónicos, por lo que se requerirá más atención», señaló incidiendo en la necesidad de la prevención. De lo contrario, las lesiones persisten y se cronifican. 

Los más afectados «es gente que estuvo el día de la dana expuestos a un suceso altamente traumático. Todos ellos relatan experiencias impresionantes. Como tener que refugiarse en una comisaría y que empezara a inundarse, gente que ayudaba a personas esquivando cadáveres arrastrados por la riada, otros que volvían de su trabajo a trabajo y encontró situaciones desgarradoras». Algunos de estos efectivos tuvieron que trabajar 48 horas sin descanso. «Había una sobrecarga de demandas mantenida en el tiempo. No solo quitar barro. Nos llaman para todo. Recibían llamadas en sus móviles particulares porque no había terminales de teléfono», dijo. Estas circunstancias han causado una «doble victimización, son policías y vecinos del municipio que ha sufrido daños, y todo ese dolor se acumula». A eso se suma la escasez de recursos, con plantillas pequeñas que no podían llegar a todo, lo que causó un agotamiento emociona  por experimentar dolor de tantos y veían que no llegaban. «Eso lleva a límites de estrés agudo y ansiedad», dijo, añadiendo «la necesidad de reconocimiento profesional, porque se juegan la vida y esperan que se devuelva y se reconozca. Cuando no hay reconocimiento, se produce el desapego».

El uso del arma de fuego

Hasta un 86 por ciento de los suicidios de las Fuerzas de Seguridad se produce por el uso de arma de fuego, según el estudio presentado ayer en la Universidad de Alicante. El acceso a las armas de fuego se considera un factor de riesgo. El perfil de las víctimas en el caso de policías es hombres con más de 18 años de servicio, afectados por una depresión e ideaciones suicidas y una incapacidad personal para reconocer la necesidad de ayuda psicológica. Entre las principales causas se encuentra el estrés profesional por la exposición a situaciones traumáticas y a la violencia. Las lesiones psicológicas no tratadas debidas a traumas. «En algunas fuerzas del orden puede existir un estigma asociado a buscar ayuda para problemas de salud mental. La cultura organizacional desalienta la expresión de vulnerabilidad o la búsqueda de apoyo, lo que puede suponer un obstáculo para que los agentes busquen la ayuda necesaria», señala el estudio. Hay otros problemas de tipo familiar y personal que contribuyen a las situaciones de estrés, la presión para cumplir las expectativas laborales y la falta de recursos de apoyo. Por este motivo se recomienda destinar medios a la salud mental y romper el código de silencio.

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