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Peret: las mil vidas del quiosco estrella

La horchatería de la Explanada, que abrió en 1916 como una humilde tienda de flores y que en seguida se convirtió en un quiosco exitoso, espera la notificación municipal del cierre, pese a que la Junta de Gobierno ya ha aprobado la resolución del contrato con la mercantil ante unos impagos de más de 130.000 euros

La horchatería Peret, este miércoles, todavía abierta. / Jose Navarro

Últimos días del Peret en la Explanada de Alicante / Pilar Cortés

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Ramón Pérez

Ramón Pérez

Nadie sabe quién será el último cliente de Peret. La histórica horchatería de la Explanada, abierta en 1916, espera que una notificación de la Concejalía de Ocupación de Vía Pública le cierre la persiana definitivamente tras una serie de impagos que superan los 130.000 euros.

La Junta de Gobierno aprobó la resolución del contrato con la mercantil que desde hace unos años está al frente del negocio y ahora de la velocidad de los trámites y las notificaciones municipales dependerá el final del establecimiento. Así, en cuestión de días, Peret se acerca a su final envuelto en deudas y en un día a día de notificaciones, recursos y una burocracia que le ha generado desde septiembre de 2023 más titulares que en su siglo largo de buena horchata en un enclave de envidia.

La última mala gestión, no obstante, no ha empañado la dulce historia del quiosco estrella de la Explanada, el paseo que le vio nacer en 1916, cuando entonces todavía se llamaba Paseo de los Mártires. Pese a que la horchatería Peret se asoció siempre a la familia Fuster, lo cierto es que el comercio lo abrió alguien ajeno a la familia, Vicente Richard Ballester Flores, a quien el Ministerio de Fomento le concedió una licencia para una tienda de flores en el mes de mayo.

Poco tiempo después, en ese mismo año, entró en escena el primer Pedro Fuster, de segundo apellido Iborra, conocido popularmente como ‘Pere el cacahuero’. Aquel vendedor ambulante de frutos secos, de ahí el apodo, se interesó por el quiosco y se lo compró para montar una horchatería.

Peret, en los setenta.

Peret, en los setenta. / Perfecto Arjones

Así comenzó a gestarse uno de los comercios más históricos de Alicante. A aquel establecimiento frente a la playa del Postiguet lo llamó Peret, tal y como le decían a su hijo, el mismo que en 1923, tras la muerte de ‘Pere el cacahuero’, se puso al frente del negocio.

Con aquel nuevo propietario, Pedro Fuster Baldó, el quiosco se asentó y sería testigo de la evolución de una ciudad próspera y también azotada durante la Guerra Civil. Precisamente el conflicto bélico cambió el paso a un negocio que fue, como tantos otros, colectivizado por el Ayuntamiento. Durante aquella etapa de estrecheces emergió la figura de Rosa Cano, mujer de Fuster Baldó, clave para la conservación de la horchatería toda vez que su marido, y su hijo, fueron llamados a filas por el ejército republicano. Durante el verano de 1938, el año en el que el fascismo recrudeció su violencia en Alicante -el bombardeo del Mercado fue a finales de mayo-, el quiosco permaneció totalmente cerrado.

Una vez acabado el conflicto, Peret reabrió y progresivamente fue cogiendo ritmo e incorporando a su carta licores, granizados, café y helado de mantecado. En aquella década de los cuarenta la pareja de propietarios, Pedro y Rosa, ya tuvo la ayuda permanente de sus hijos (Pedro, Agustina y Jaime). Los años cincuenta supusieron el gran «boom» de Peret, que recibió del Ayuntamiento una concesión a 50 años para explotar el negocio. Además, en 1955 Alicante acometió la gran obra del paseo en el que se ubicaba la horchatería, al que renombró como Explanada de España y que vistió con un pavimento ondulado de mármol, compuesto por millones de teselas en tonos rojo, crema y negro. Aquel paseo marítimo se convertiría en el epicentro del turismo de la ciudad y, con él, Peret rompería todos los moldes.

En aquellos años la familia Fuster ya había depositado todo su esfuerzo en que aquel quiosco no dejara de atraer a turistas y también a multitud de generaciones de alicantinos que asociaron Peret y su terraza a la despreocupación, las vacaciones y a una buena conversación con una horchata entre manos. En esa época, y ante la expansión evidente del negocio, los Fuster montaron parte de su campo base en la calle Díaz Moreu, en un local que sirvió de almacén y, como refleja el Archivo Municipal, «de molturación de chufas con maquinaria».

La otra horchatería Peret, que estuvo durante años en la avenida de la Constitución.

La otra horchatería Peret, que estuvo durante años en la avenida de la Constitución. / CARRATALÁ

En 1965 murió Pedro Fuster Baldó y el negocio lo asumió su hijo, el tercer Pedro Fuster en cuestión, de segundo apellido Cano. Entonces el quiosco de laExplanada ya había sufrido su primera gran reforma y en julio de 1966, ante la buena marcha del negocio, la familia decidió abrir una tienda fija que diera servicio durante todo el año en la avenida Primo de Rivera, hoy Constitución, junto al Teatro Principal. Aquella cafetería heladería, conocida como ‘el otro Peret’, estuvo en funcionamiento casi treinta años, hasta 1994. Después fue vendido el negocio a otros hosteleros, que lo renombraron como Café Chapí, que acabó cerrando antes de la entrada del nuevo siglo.

El Peret, antes de su última remodelación integral, en 1999.

El Peret, antes de su última remodelación integral, en 1999. / CARRATALÁ

Aquel negocio de la avenida de la Constitución no fue el único que gestionó la sociedad Hermanos Fuster, que había asumido el negocio del quiosco de la Explanada en 1971. El negocio familiar pasó a manos de Pedro Fuster García, miembro de la cuarta generación, en 1988, año en el que Peret abrió una heladería en la playa de San Juan; tiempo después haría lo propio en El Campello. En aquella época, el propietario, Fuster García, buscó un gerente para hacerse cargo del negocio porque su profesión, ingeniero de caminos y profesor de universidad, le impedía compaginarlo.

El destino ideal

Peret fue, durante años, el destino de cabecera de multitud de famosos cuando visitaban Alicante por trabajo. Gemma Cuervo, Paco Valladares y María Asquerino, entre otros, fueron habituales cuando sus agendas se cruzaban con la ciudad. También recordaba el gerente de Peret, José Antonio López Escobar, que Sánchez Dragó, Cela o Plácido Domingo eran otros de los fijos de la heladería. «Nuestros helados eran la perdición de Al Bano y Romina», recordaba hace unos años en las páginas de este diario.

Varios artistas (entre ellos Gemma Cuervo, María Asquerino  y Paco Valladares) en la terraza de Peret.

Varios artistas (entre ellos Gemma Cuervo, María Asquerino y Paco Valladares) en la terraza de Peret. / INFORMACIÓN

En 2001 se fundó una nueva mercantil, y Hermanos Fuster pasó a llamarse Kioskoperet, que ganó el concurso de 2015, una vez acabó la concesión. Fue en esos inicios de siglo cuando Peret cambió su fisonomía, dejó atrás sus toldos y lonas blancas y pasó al verde actual. Desde hace unos años el negocio dejó de ser gestionado por la familia Fuster. Hoy el quiosco por excelencia de Alicante, que popularizó más allá de nuestras fronteras la horchata, los helados de mantecado y chocolate, cuenta las horas para servir su último cucurucho a causa de unos impagos. En el aire queda si la nueva gestión podrá continuar usando el nombre de Peret.

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