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El parque La Marjal de Alicante, un "ejemplo de solución" en un estudio sobre la dana de Valencia

El informe, en el que han participado arquitectos alicantinos, señala la falta de coordinación como causa de la catástrofe de hace un año y propone que se ponga en valor la "participación ciudadana"

Parque La Marjal, en Playa de San Juan, en Alicante.

Parque La Marjal, en Playa de San Juan, en Alicante. / Matías Segarra

Manuel Lillo

Manuel Lillo

A pocos días del primer aniversario de la trágica dana que acabó con la vida de 229 personas en la provincia de Valencia son muchos los balances y los análisis que se están llevando a cabo. Uno de ellos es el extenso “Informe PERC Inundaciones dana Valencia”, que tras un análisis de los factores, sobre todo estructurales, de la violencia de las inundaciones de hace un año, propone ejemplos a tener en cuenta para prevenir tragedias de este tipo.

Uno de los cinco ejemplos citados es el parque urbano inundable La Marjal, ubicado en Playa de San Juan, que este fin de semana cerró las celebraciones por el décimo aniversario de su creación y que en el informe se define como “un espacio verde que combina gestión de inundaciones y ocio urbano”.

Uno de los arquitectos alicantinos que ha participado en el estudio, Daniel Millor, valora este parque por ser “una solución basada en la naturaleza”, y afirma que “una de las claves que hay que tener en cuenta es no pensar en la emergencia solo desde lo urgente: así no se podrá responder de manera efectiva”. El parque La Marjal, que acoge agua en casos de “muchísima precipitación y torrencialidad”, también es “un equipamiento público, una zona verde que da salud y que cuando hay una emergencia canaliza agua para que no inunda otras zonas". "Es un buen ejemplo que debería repetirse mucho más”, concluye Millor, que lamenta que ejemplos como este “no se están copiando”.

Aportación alicantina

El informe ha sido elaborado por la aseguradora Zurich y cuenta con la participación de Asertos, proyecto de Arquitectura Sin Fronteras que está llevando a cabo programas de regeneración urbana comunitaria en los barrios alicantinos del Cementerio, Colonia Requena, Juan XXIII, Virgen del Remedio y Carolinas. Su experiencia en regeneración urbana trabajando desde el ámbito comunitario ha motivado su aportación en el estudio, ya que “un proyecto de recuperación tiene que ser sistémico y no de arriba abajo, enfocado solo desde un sector”, sino también con la implicación vecinal.

En el estudio se ha aplicado la metodología PERC, siglas en inglés de “Capacidad de Revisión Postevento”, que es de análisis y no de intervención, aunque se añaden “recomendaciones sistémicas”. Dado que el sistema PERC analiza “el ciclo de gestión de riesgo, que es la preparación, la respuesta, la recuperación y después la reducción del riesgo”, muchas de las conclusiones del estudio están relacionadas con la falta de preparación y de respuesta tras la dana del año pasado.

Según las conclusiones, durante la dana, pese a que “el riesgo estaba identificado y se contaba con herramientas relevantes como mapas de riesgo, antecedentes técnicos y sistemas de alerta temprana operativos, lo cual permitía una preparación adecuada”, aspectos como la activación de mecanismos, la coordinación territorial y la prevención fallaron. Por ello, piden una “gobernanza anticipatoria” y, en palabras de Daniel Millor, “un cambio de mentalidad”, ya que “no hay consciencia del territorio en el que se vive ni de la exposición a riesgos climáticos”.

Ese cambio de mentalidad, dice, debe estar “liderado desde las instituciones”, pese a que “tampoco asumieron esa responsabilidad” durante la dana, cosa que para Millor hace "la cuestión aún más trágica". “Pero también se tiene que asumir desde el sector social, porque se necesita la implicación de todo el sector comunitario para tomar muy en serio esta realidad: que en todo el litoral mediterráneo el riesgo es inminente”.

Participación ciudadana

De hecho, una de las claves del informe es la importancia que se le da a la “participación ciudadana” para prevenir las catástrofes. En este sentido, se cita a los Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción, constituidos desde la ciudadanía para hacer frente a esta crisis y que en el estudio se citan como “un valor estratégico en la gestión del riesgo”.

También se destaca la brecha digital, que “dificultó el acceso a alertas en sectores vulnerables”, como las personas más mayores y, en definitiva, el mensaje central es que ante estos fenómenos, cada vez más frecuentes, “para estar a la altura no basta con responder: es imprescindible prepararse, corregir conforme a la experiencia, tener una visión prospectiva basada en la evidencia y reducir riesgos de forma equitativa”.

En este sentido, los recursos técnicos o la información no son suficientes por sí mismos, sino que necesitan “condiciones institucionales, normativas y sociales que conviertan esos recursos en acción efectiva y en resultados tangibles”. A día de hoy se han realizado unos 40 PERC en todo el mundo que se retroalimentan y ejercen como “repositorio para estar mejor preparados ante diferentes situaciones climáticas”. Según afirma el arquitecto alicantino, “los desastres nunca son naturales, siempre son humanos, y se convierten en tal si no somos capaces de responder", por lo que "el objetivo es conseguir entre todos que los eventos naturales no se conviertan en desastres humanos”.

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