Inmigrantes que también sostienen Alicante: historias frente a los prejuicios
Mientras el Consell de Mazón cede ante Vox para medir "lo que los inmigrantes aportan o gastan", los datos oficiales y las historias de quienes trabajan en Alicante muestran otra realidad: jornadas largas, cotizaciones y personas que contribuyen a la economía local. Médicos, cuidadores o profesores que están muy lejos de las ayudas

La Zona Norte de Alicante es una de las que más inmigración concentra / Alex Domínguez
El Consell ha decidido medir lo que los inmigrantes "aportan y gastan", incluso la sangre que donan. El acuerdo entre el PP y Vox para incorporar estadísticas diferenciadas por nacionalidad al Plan Valenciano de Estadística convierte un viejo prejuicio en política pública. Bajo el argumento de "conocer la realidad", la Generalitat se dispone a poner cifras al discurso del miedo, señalando a una parte de la ciudadanía como sospechosa por el simple hecho de haber nacido fuera. Un planteamiento que los sindicatos y la oposición consideran inaceptable, por entender que abre la puerta a la estigmatización.
"Se busca expandir miedo para ganar votos. Los inmigrantes aportamos esfuerzo y trabajo"
Los datos oficiales desmienten la idea de que los inmigrantes viven de las ayudas. Según el Ministerio y el INE, las personas migrantes aportan diez veces más de lo que gastan a la Seguridad Social y son solo el 10 % de los perceptores de paro, pese a representar el 18 % de la población. Gastan cinco veces menos en medicamentos y acuden menos a las consultas médicas y a las urgencias. La OCDE cifra su aportación neta en 1.600 euros anuales más por persona que los nacidos en España y estima que el gasto público medio en cada migrante es un 32 % menor.
"Los inmigrantes venimos a hacer lo que al español no le gusta y eso fortalece la economía"
Detrás de las cifras hay vidas que desmienten los prejuicios con su trabajo diario. En Alicante, miles de extranjeros sostienen sectores esenciales y cotizan como cualquier otro ciudadano. César Villanueva es uno de ellos. Médico mexicano, llegó hace quince años para hacer la especialidad de Medicina Preventiva y trabaja ahora en el Hospital de La Vila. Desde que inició el MIR empezó a cotizar en la Seguridad Social y a pagar impuestos "como cualquier ciudadano corriente". Hoy sigue vinculado al sistema público y es delegado sindical.
Dos décadas en Alicante
Pastor Gato, cubano, lleva más de dos décadas en Alicante. Llegó en 2004 por reagrupación familiar, después de que sus hijos se instalaran en la ciudad, y desde entonces no ha dejado de trabajar y cotizar. Ha pasado por distintos empleos —comercial, celador en el Hospital General y profesor asociado en la Universidad de Alicante— y asegura que cada paso ha supuesto un esfuerzo de integración. "Tuve que estudiar valenciano para presentarme a la plaza y la obtuve compitiendo con otros candidatos", recuerda con orgullo.
"Hay extranjeros que viven de ayudas porque no tienen otra salida, igual que hay españoles"
Rosa Aquino llegó a Alicante en 1994 con un contrato de trabajo y apenas cinco días después ya estaba limpiando y cuidando a mayores. Desde entonces, no ha dejado de trabajar ni un solo año. Treinta y uno después sigue cotizando a la Seguridad Social, igual que sus hermanas y la mayoría de sus compatriotas. "Todos los dominicanos que conozco están trabajando, que no me digan que los extranjeros no trabajamos", sostiene con firmeza. Ha pasado su vida entre cocinas y hogares, sin recibir nunca una ayuda pública.
"Si se cuantifica realmente nuestra aportación, se llevarán una sorpresa muy grande"
En 2006, un programa de acogida para defensores de derechos humanos le trajo desde Colombia hasta Asturias. A Antonio Gerdts lo habían intentado asesinar cinco veces por su labor sindical en el sector de la salud. Pidió asilo y eligió Alicante, una ciudad que ya conocía por sus charlas sobre derechos humanos en la UA. Desde entonces ha estudiado Derecho, cursado un máster en cooperación y trabajado como administrativo, autónomo y gestor de proyectos. "La gente latinoamericana por su cultura y costumbre quiere trabajar", afirma.
Oportunidades
Hace veintiún años que Wilson Rodríguez llegó a Alicante. Venía desde Colombia, tras participar en un foro cultural en Barcelona, y decidió quedarse por las oportunidades que ofrecía la ciudad. Formado en administración pública, pronto conectó con el movimiento asociativo y fundó la entidad Mon Jove, desde la que asesora a jóvenes migrantes y desarrolla proyectos culturales y sociales. "La aportación de la comunidad extranjera en Alicante es muy alta, mucho más de lo que la gente cree", manifiesta.
"Desde que hice el MIR cotizo en la Seguridad Social y pago impuestos como cualquiera"
Jeanneth Tobar aterrizó desde Ecuador hace dieciocho años para reunirse con sus hijos. A los quince días de pisar España ya estaba trabajando, cuidando a mayores y limpiando casas. Desde entonces ha estado siempre dada de alta y cotizando. Dice que tuvo suerte con las familias para las que trabajó y que nunca ha sentido rechazo. "No todos venimos a vivir del cuento. La mayoría somos trabajadores", subraya. Reconoce que hay casos distintos, pero insiste en que son los menos: "Por unos pocos no pueden juzgarnos a todos. Esos discursos se deben al racismo".
"A los quince días de llegar ya estaba trabajando, cuidando a mayores y limpiando casas"
De los testimonios se desprende que la inmensa mayoría de los migrantes ha venido a trabajar. Que no existen las "pagas para inmigrantes", sino jornadas largas, cotizaciones y vidas reconstruidas desde cero. Todos coinciden en que los discursos del odio nacen de la ignorancia, de quienes nunca han salido de su pueblo ni han tenido que empezar de nuevo. "Faltan clases de historia para saber de dónde venimos", resumen.
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