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Los antiguos cines de Alicante, vestigios de un ocio perdido

El centenario del Ideal traslada a un pasado no tan lejano en el que llegaron a convivir en la ciudad unas veinte salas cinematográficas. De aquello quedan fachadas abandonadas, nuevos negocios que reflejan el paso del tiempo, menos espacios de socialización, salas en centros comerciales y alguna excepción más que puntual

Cines desaparecidos, un ocio perdido en Alicante

Cines desaparecidos, un ocio perdido en Alicante / Pilar Cortés

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Manuel Lillo

Manuel Lillo

Las pantallas táctiles que tanto abundan hoy no se concebían cuando las grandes pantallas inundaban las ciudades. Alicante no fue ajena a este fenómeno y se convirtió en una de las grandes protagonistas. La ciudad, en las últimas décadas del siglo XX, llegó a acumular una veintena de salas repartidas entre el centro y los barrios, que no escaparon de la tendencia. El cine no sólo fue una arma de entretenimiento: lo fue también de cultura y de socialización.

Actualmente, el centenario del Ideal, celebrado este sábado en la avenida de la Constitución, evoca un pasado recordado por personas que conectaron por primera vez con el mundo a través de las películas. Una de las personas que más partido sacó de la inspiración cinematográfica fue Mariano Sánchez Soler. El escritor, criado en la Virgen del Remedio, encontró en el antiguo Maracaibo un puente hacia la literatura. En aquella sala hay ahora un supermercado en una de las zonas más vulnerables de Alicante. Esta transformación en cadena comercial lo experimentaron otras salas como las dos de Chapí, una en Federico Soto y otra en Álvarez Sereix, ambas céntricas; o el antiguo Cine Goya, en el barrio de El Pla.

Alicante fue, posiblemente, una de las ciudades con más cines: generaba una pasión absoluta

Mariano Sánchez Soler

— Escritor

«Alicante fue, posiblemente, una de las ciudades con más cines. El cine generaba una pasión absoluta. Era nuestra vida», apunta Sánchez Soler, que recuerda sus visitas a salas de Carolinas, donde estaba el cine que lucía el nombre del barrio, conocido popularmente como «El Carolo» y donde ahora hay un bloque de viviendas, una tienda de productos latinos y, en frente, una papelería con aroma clásico. Similar destino experimentó el Rialto de la calle Sevilla, el más destacado de los barrios alicantinos según afirmó Andrés Martínez Medina en la revista Canelobre, hoy con un edificio de viviendas a su nombre y con un establecimiento de tatuajes en frente.

Hubo más barrios con cines para sus vecinos. En Benalúa estaba el Roxy de la calle Foglietti, desaparecido en los setenta; y el Salón Granados, en la plaza Navarro Rodrigo, aún más antiguo. Como todos los cines de barrio, «acercaban el espectáculo a los barrios obreros de la ciudad aunque fuera con películas de reestreno, evitando los desplazamientos de los vecinos al centro», dejó escrito Paco Huesca en el libro Los cines de Alicante.

Antiguo cine Navas en 1989.

Antiguo cine Navas en 1989. / Vicente Sánchez

Este mismo papel lo desarrollaron, entre otros, el cine Florida, en la calle República Argentina, donde aún se observa el viejo edificio sin ventanas; o los emblemáticos cines de San Blas, el Novedades de la calle Santa Leonor, hoy reconvertido en viviendas junto a la comercial calle del Pintor Gisbert; o el Lux de la arterial avenida de los Condes de Soto Ameno, que se transformó en una sala X. Frente a Los Ángeles, los antiguos Aba6, anteriormente llamados Ábaco, pasarán a ser un centro cultural a iniciativa del Ayuntamiento, o eso está en proyecto.

El cierre de una sala se llevaba por delante bares, quioscos y comercios de los alrededores

Alfredo Campello

— Alicante Vivo

La importancia de estos cines de extrarradio fue tal que Alfredo Campello, miembro de Alicante Vivo, aporta que «el cierre de una sala era como una explosión cuya onda expansiva se llevaba por delante bares, quioscos y comercios que vivían del público que acudía».

El escaparate del centro

Los cines del centro de Alicante no sólo competían en cartelera en un tiempo en el que, a diferencia del actual, la oferta era diferente según la sala. También rivalizaban en estética que ahora se pretende conservar, como es el caso del Ideal. Esta preservación no tuvo éxito en cines como el Monumental, con una fachada elegante en Alfonso el Sabio y con acceso en la colindante calle de Capitán Segarra hasta hace pocas décadas. Hoy una clínica médica y un bazar respetan al menos el nombre de la antigua sala.

Cine Monumental en 1991.

Cine Monumental en 1991. / Vicente Sánchez

El arquitecto Rubén Bodewig señala los «grandes aforos» de los cines céntricos, que incluían «salones de encuentro» y se erigían como «lugares de socialización». «Estos cines aguantaron hasta la turistificación, cuando las parcelas podían ser transformadas en pisos y en hoteles para sacarles más rendimiento y los cines empezaron a concentrarse en los centros comerciales». Hasta este boom, los edificios que albergaban las salas «se inspiraron en los teatros y cuidaron las fachadas».

Los antiguos cines, con grandes aforos, inspiraron su estética en teatros y cuidaron las fachadas

Rubén Bodewig

— Arquitecto

Los nombrados cines Chapí, el Navas, ahora reconvertido en restaurante y ubicado junto a un bingo y un parking; el Carlos III, en la calle San Vicente y cuyo inmueble se sitúa frente a una peluquería, un kebab y un bazar de alimentación; el Casablanca, en la calle Ángel Lozano, abandonado junto otro antiguo bar, el Ría de Vigo, también en desuso y contemplado por un salón de juego; el Arcadia, de la calle Pablo Iglesias; y muchos otros fueron los que desaparecieron del paisaje alicantino.

También sufrieron este desenlace los Minicines Astoria, en la calle Cisneros del Casco Antiguo, hoy en desuso y frente a apartamentos turísticos señalizados, rodeado por calles de trazado desordenado y testigo del ocio nocturno. Su cierre, en 2006, supuso un verdadero trauma para el tejido cultural.

La calle Cisneros del Casco Antiguo, vista desde la entrada del Astoria en 1994.

La calle Cisneros del Casco Antiguo, vista desde la entrada del Astoria en 1994. / Rafa Arjones

La extinción fue inevitable ante los cambios de uso derivados de unas tendencias sociales que caminaban hacia el individualismo. José María Perea, periodista de larga trayectoria, explica que en el pasado «el único entretenimiento era el cine, y en todo caso el fútbol los domingos». A su vez, señala que esta actividad era «relativamente barata, con entradas más económicas en según qué zonas y, además, el cine vivió una etapa dorada que invitaba a llenar las salas».

Ir al cine era relativamente barato y el género vivió una etapa dorada que invitaba a llenar salas

José María Perea

— Periodista

Pero el cine no solo se emitía en las salas convencionales. Carmen Sánchez Brufal, presidenta de Unir Alacant, una de las entidades que defiende la protección del Ideal, recuerda los cineclubs en diversos lugares «que permitieron a la juventud tener una visión del mundo muy diferente y abrir las mentes». Las sesiones de películas, seguidas de tertulias y debate, ocupaban las tardes de una juventud politizada, especialmente en los años setenta.

El equipamiento del antiguo cine Astoria en la actualidad.

El equipamiento del antiguo cine Astoria en la actualidad. / Pilar Cortés

Los hay quienes, actualmente, intentan rescatar este espíritu de socialización y conciencia. El conocido como Hort Comunitari de Carolines, ubicado en la calle Julio Antonio de este barrio, abrió hace 15 años un «cine de verano» para los vecinos cuya supervivencia evidencia el éxito. Sento Oncina, uno de los organizadores, destaca que «hay vecinos que sólo se dejan ver los viernes de agosto, el resto del año no aparecen», en referencia a los días de proyección, cuando se emiten películas «que reflejan las problemáticas del barrio, aunque extrapoladas a otros contextos».

El cine permitió a la juventud tener una visión del mundo muy diferente y abrir las mentes

Carmen Sánchez Brufal

— Unir Alacant

El único cine que queda en activo, los cines Aana

El único cine que queda en activo, los cines Aana / Jose Navarro

Los cines, por tanto, fueron mucho más que proyecciones de películas. Arquitectura, socialización, cultura y debate convergieron durante décadas en una época que quedó atrás y de la que sólo quedan vestigios. El más visible, en Alicante, es el cine Aana de la calle Médico Pascual Pérez, la única que sobrevive fuera de las multisalas de los centros comerciales.

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